No hay nada que podamos hacer para ganarnos el amor de YHVH, pero si queremos experimentas Sus bendiciones, necesitamos llenar los requisitos expresados en Su Palabra. El Salmo 112 detalla una lista completa de bendiciones, y la clave para recibirlas está en el primer versículo: “Bienaventurado es el hombre que teme a YHVH y en sus mandamientos se deleita... y prosigue enumerando las bendiciones: su descendencia será poderosa en la tierra; la generación de los rectos será bendita. Bienes y riquezas hay en su casa... es clemente, misericordioso y justo... gobierna sus asuntos con juicio... no tendrá temor de malas noticias; su corazón estará firme, confiado en YHVH... reparte, da a los pobres; su justicia permanece para siempre”. Vivamos una vida que honre y glorifique a nuestro Padre, y deleitémonos obedeciéndole.
En los antiguos juegos olímpicos griegos, solo se corría una carrera. El ganador no era el primero que llegara a la meta – era aquel corredor que terminara la carrera con su antorcha encendida. A veces, cuando pasamos por situaciones difíciles, tribulaciones, problemas, sentimos que no podemos continuar la carrera, el camino se hace intolerable y claudicar se hace mas atractivo que continuar. Son esos momentos los que el enemigo aprovecha para crear desanimo, y hacernos creer que la victoria en imposible, sin embargo, es en esos momentos cuando mas debemos aferrarnos a YHVH y a Sus promesas – “Decid a los de corazón apocado: esforzaos, no temáis; he aquí que vuestro Elohim viene con retribución, con pago; Elohim mismo vendrá y os salvará” – Isaías 35:4.
Un padre le pide a su hijo llevar una carta al pueblo y le señala un camino por el cual el joven nunca ha ido. Esta bien padre, pero no veo como ese camino me lleve al pueblo, dijo el joven. Te explicaré hijo, dijo el padre – ¿ves ese árbol? Si padre lo veo. Bueno, cuando llegues allá, vas a ver el camino, mas adelante verás otro árbol y luego otro y así hasta que llegues al pueblo. De la misma manera, nuestro Padre Celestial quiere mostrarnos el Camino (Torah), un árbol a la vez – “mandamiento tras mandamiento, mandato sobre mandato, renglón tras renglón, línea sobre línea, un poquito allí, otro poquito allá...” – Isaías 28:10. Todos queremos conocer el final del camino, es difícil moverse en la oscuridad, cuando no sabemos que hay al tomar una curva en el camino, o hacia donde nos lleva. Seguir un árbol a la vez demanda confianza en quien nos está guiando. Hoy es Shabbat, una señal, un árbol en el camino, no temamos, regocijémonos y demos gracias al Padre por cada uno de esos árboles (señales) que pone en nuestro camino hacia nuestro destino final. ¡Shabbat Shalom!
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