Israel encuentra su primer enemigo en el desierto, tan pronto bebe del agua de la Roca. Pero, no era un enemigo desconocido. Amalec era hijo de Elifaz y nieto de Esaú, hermano de Jacob (Israel), quien cientos de años atrás había hecho una promesa – “Y aborreció Esaú a Jacob por la bendición con que su padre le había bendecido, y dijo en su corazón: Llegarán los días del luto de mi padre, y yo mataré a mi hermano Jacob” – Génesis 27:41. Esaú es Edom, padre de los Edomitas – Génesis 36:43. En otras palabras, Israel se encuentra con su viejo enemigo, su propio hermano, su propia carne. Pelear con un enemigo conocido, sabiendo que YHVH está de nuestra parte, es una victoria segura. Ese día Israel venció a Amalec y YHVH prometió: “di a Josué que raeré del todo la memoria de Amalec de debajo del cielo” – Éxodo 17:14. Todos tenemos nuestro Amalec, todos tenemos nuestras luchas y de todas ellas nos librará YHVH si nuestra confianza está en El y no en nuestras propias fuerzas. Israel venció no con sus fuerzas, no porque fueran expertos guerreros, sino porque la presencia de YHVH estaba en medio de ellos. Israel acababa de beber del agua de la Roca, estaban fortalecidos y podían enfrentar a su enemigo. Donde sea que YHVH nos lleve, como nos lleve y cuando nos lleve, debemos estar seguros que Su poder nos sostiene, Su sabiduría nos guía, Su amor nos guarda.
“En vano” según el diccionario Oxford, significa: sin propósito, inútilmente, sin resultado. Así que, según esta Escritura, podemos pasarnos la vida haciendo cosas sin ningún propósito a los ojos de Elohim. Examinemos los motivos que nos impulsan a actuar de determinada forma. Algunas veces es para complacer nuestros propios deseos y ambiciones; otras veces es para complacer a otros y ganarnos su favor o aceptación. También puede ser para alimentar nuestro ego exhibiendo nuestras capacidades o podemos pasarnos la vida sirviendo a otros para pagar favores o ayudas, cuando no sabemos recibir de Elohim o no entendemos que en los momentos de dificultad, toda ayuda proviene de El y que El usa a quien quiera. Otras veces es porque somos presa fácil de manipuladores que nos coaccionan a hacer todo lo que ellos quieran, porque tenemos baja autoestima. Estos son solo unos pocos y ninguno proviene de Elohim. Es hora de que aprendamos a caminar lento pero seguro examinando cada motivación y orándole a Elohim, preguntándole si lo que estoy próximo a hacer proviene de El o no. Obvio que hay cosas que no necesitamos preguntar como: si me levanto y voy a trabajar, si como naranja o manzana, etc. como también hay ocasiones en que oramos y oramos y no percibimos respuesta de Elohim, en esas ocasiones, El nos está dejando elegir seguramente para probar nuestra madurez y debemos movernos hacia la dirección que sabemos va alineada con Su Palabra.
Para los Hebreos, todo lo que hacemos en la vida es directa o indirectamente un acto de adoración. Si hacemos o decimos aquellas cosas que agradan a Elohim, lo estamos adorando y El se regocija. Pero si hacemos o decimos cosas que no agradan a Elohim, definitivamente estamos adorando otros dioses y no debe sorprendernos que YHVH vuelva Su rostro de nosotros. Cuando los niños están jugando y los padres los cuidan, tienen que mantener sus ojos bien abiertos porque muchos juegos con los que ellos se están divirtiendo grandemente, pueden terminar lastimándolos. Igualmente YHVH, mantiene sus ojos sobre nosotros, por consiguiente debemos tener cuidado de que todo lo que hagamos y digamos, lo adoren, que no halle nada inmundo en nuestro campamento, que nuestro hogar, nuestras actividades, nuestros dichos, los lugares a donde vamos, todo en lo que nos involucremos, sea agradable a Sus ojos. Cuidémonos de no estar adorando otros dioses, y perdamos la protección de nuestro Padre Celestial.
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