Todos conocemos la historia de José como fue vendido por sus hermanos, puesto en la cárcel, luego interpreta los sueños del Faraón y a raíz de eso es exaltado como gobernador de Egipto. José termina vistiendo como un egipcio y lo más increíble y a lo que quizás no prestamos mucha atención, es al hecho que Faraón cambió el nombre hebreo de José por el nombre egipcio de: Zafnat-panea lo cual hizo aún más difícil que sus hermanos lo reconocieran. José era para ellos un egipcio más. José es sombra y tipología del Mesías quien en manos de la cultura greco-romana ha sufrido la misma transformación. Cuando el mensaje del evangelio llegó a los dispersos en Grecia, los judíos helenos ya contaminados con el paganismo de la región, consideraron que era mejor presentarle a los gentiles un Mesías parecido a ellos e inician la transformación que termina con Roma cambiando Su nombre, hasta el punto que hoy en día, decirle a los creyentes que Yahushua es hebreo, que vivió como hebreo, que cumplió los mandamientos como hebreo y la única manera de entender Su mensaje es conociendo las raíces hebreas de la fe, es una total herejía. La transformación que Grecia y Roma le hicieron al Mesías fue tan perfecta, que no debe sorprendernos por qué los judíos no lo reconocen. Pero pronto vendrá de nuevo y dirá como dijo José a sus hermanos: “Mirad mis manos y mis pies, que YO MISMO SOY” – Lucas 24:39.
Aborrecer es sinónimo de odio, ahora muéstrame una persona llena de odio contra alguien, y yo te mostraré una persona incapacitada de por vida. La magnitud de dicha incapacidad depende de que tanto, odio y resentimiento albergue en su corazón. La intensión de Esaú era de matar a su hermano tan pronto su padre muriera, y esto hizo que Jacob huyera por muchos años, pero el odio terminó matando el corazón de Esaú. El asunto fundamental de un corazón lleno de odio, es que siempre habrá falta de perdón. Cuando la falta de perdón crece en intensidad se convierte en odio, luego aborrece y reacciona contra la persona objeto de su odio y puede hasta matar. La ofensa que ha causado el odio, es un hecho y no se puede cambiar, pero lo que si se puede cambiar es la actitud hacia la persona o personas involucradas en la ofensa. Si hay odio o resentimiento en tu corazón contra alguien, recuerda, que si no perdonas, empezarás a cojear en tu carácter y personalidad, lo que eventualmente te robará la capacidad de vivir en paz y disfrutar la vida. Cargar con un corazón lleno de odio o resentimiento, siempre es destructivo y la falta de perdón transforma negativamente la vida.
Necesitamos saber que hacer, cuando no sabemos que hacer. Una enfermera encargada de un pabellón, necesita saber que hacer cuando se presente una emergencia que se sale de sus manos, necesita saber a quien llamar y que acción tomar mientras llega la ayuda. Hay momentos en la vida, cuando nos encontramos frente a situaciones difíciles o necesitamos tomar una decisión y simplemente no sabemos que hacer, pero como creyentes en el Mesías tenemos la ayuda del Ruaj Ha Koddesh (Espíritu Santo), quien habita dentro de nosotros. Si amamos a Yahushua, y seguimos la Torah, y tenemos una relación íntima con El, podemos esperar escuchar Su voz. Y a medida que aprendemos a escuchar esa voz interior, aprendemos a reconocer la voz del Pastor diciéndonos hacía donde ir, o que hacer en determinado momento. En el Medio Oriente, cuando el pastor lleva su rebaño a comer o a tomar agua, tan pronto terminan, uno se preguntaría como hace para diferenciarlas de los otros rebaños que se reúnen en el mismo lugar. Pues las llama, y ellas conocen su voz y lo siguen. Yahushua dijo: “… va delante de ellas; y las ovejas le siguen, porque conocen Su voz”. No nos movamos sin la dirección de YHVH. Aunque el tiempo apremie, no demos un solo paso si contar con El.
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