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Gota de Amor - Enero 29/2015

“Tu vara y tu cayado me infundirán aliento” (Salmo 23:4)

 

Quienes hayan vivido en tierra de rebaños o conozcan por alguna razón la vida pastoril, saben que cuando se está acercando el invierno el pastor empieza a guiar su rebaño hacía la planicie, al redil donde pasara todo el invierno.  Pero antes de entrar al redil, examina a cada oveja pasándola bajo la vara para ver si tiene bichos o parásitos.  Es decir, pasar bajo la vara significa, ser examinado.  “Os haré pasar bajo la vara, y os haré entrar en los vínculos del pacto” (Ezequiel 20:37).  Por lo regular a nadie le gusta ser examinado, pero Dios tiene que hacerlo, debe pasarnos bajo la vara, puede ser doloroso, desagradable, incomodo y sobre todo, creo yo, vergonzoso, pero necesario.  YHVH tiene que exponer nuestra enfermedad, mostrarnos que nuestro corazón no está sano, que hay hábitos, pensamientos, deseos que afectan nuestra relación con El.  Pero no solo nos pasa bajo la vara, luego nos conforta con Su cayado, nos llena de aliento y nos asegura que el proceso de recuperación después de limpiarnos de parásitos y bichos, será saturado de Su amor.  Recordemos, hay cosas aparentemente inofensivas, necesariamente no malas, pero si no glorifican a Elohim, nos apartan de Él.  

 

Gota de Amor -Enero 28/2015

“Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabra de vida eterna.  Y nosotros hemos creído y conocemos que tu eres el Mesías, el Hijo del Elohim viviente” (Juan 6:68-69)

 

El hombre va hasta el fin del mundo, buscando conocer la verdad, para encontrar la razón de ser, para entender el por qué nació, por qué está aquí.  Busca en cientos de dioses diferentes, comida para su alma, luz para su espíritu, investiga, experimenta, y por lo regular vuelve a quedar tan hambriento y sediento como cuando empezó y en los momentos duros de su vida, no tiene a quien ir.  Yahushua dijo: “venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar” (Mateo 11:28).  Cuando pasamos por situaciones difíciles, enfermedades, tragedias, pérdidas insoportables que nos rompen el corazón y donde ni siquiera aquellos más cercanos pueden ayudarnos a soportar el dolor, conocer a Yahushua y su gran amor, saber que El nos sostiene, nos da descanso y calma nuestro dolor por medio del Ruaj (Espíritu Santo), es la esperanza más bella de todo creyente.  Por lo regular son esos momentos, esas espinas en el corazón, las que dan paso a los momentos más bellos en comunión con nuestro Padre Celestial, son los que maduran nuestro carácter y dulcifican nuestro espíritu, son los que nos permiten ver la gloria de Elohim en todo su esplendor, restaurándonos y poniéndonos en pie de nuevo.  ¿A quién iremos?  ¿A dónde se va cuando ya no hay a donde ir?  A Yahushua, el conoce tu dolor y sólo el, sabe como sanarlo. 

 

Gota de Amor - Enero 27/2015

“No tendrás dioses ajenos delante de mí” (Deuteronomio 5:7) 

 

Antes que Elohim creara al hombre, primero preparó para él un mundo lleno de cosas útiles y agradables para su deleite y gozo.  Fueron hechas para el hombre pero debían permanecer como cosas externas a él, muy profundo en su corazón había un santuario donde solo Elohim podía entrar.  Dentro de él estaba YHVH y era quien gobernaba su vida.  Pero el pecado complicó las cosas e hizo que aquellos regalos y bendiciones, se convirtieran en su ruina.  Nuestro dolor empezó cuando Elohim fue echado fuera de Su santuario (corazón) y se le permitió a todas esas cosas que habían sido creadas para uso del hombre, entrar en el corazón y tomar el lugar de Elohim.  El hombre por naturaleza ya no tiene paz en su corazón porque YHVH ya no es el centro de él.  Ahora son las cosas y la ambición por acumularlas lo que gobierna al hombre.  Esta no es una simple alegoría, es un minucioso análisis de nuestra realidad espiritual.  Muy dentro del corazón hay raíces de una vida caída cuya naturaleza es poseer y poseer.  Desea cosas con pasión y los pronombres “mi” y “mío” suenan inofensivos, pero su uso constante y universal es muy significativo.  Expresan la verdadera naturaleza adámica del hombre.  Son el síntoma más visible de nuestra enfermedad.  Las cosas se han vuelto tan necesarias, que lo que una vez fueron regalos de Elohim, se han convertido en nuestro elohim.  Han tomado Su lugar.  Mientras más posee el hombre, mas teme perder y recordemos que aquello que tememos perder, ese es nuestro dios.

 

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