Para una mente occidental, moldeada por el pensamiento greco-romano, estás palabras pueden sonar ofensivas. Desafortunadamente, estamos tan impregnados de la filosofía griega, que nuestra vida, pensamiento y aún manera de entender a Elohim, está determinado por la forma como el sistema que gobierna el mundo occidental ha moldeado al pueblo. En cuanto a la salvación, la diferencia entre el punto de vista de un griego y el de un hebreo es bien significativa. En vez de esperar ser transportado a un lugar celestial por toda la eternidad, el hebreo espera volver a vivir en el “Jardín de Edén”. Con este pensamiento en mente, la verdadera visión de la eternidad, no está fundamentada en escapar de esta vida, sino en vivir para santificar y glorificar el nombre de YHVH, en esta existencia terrenal, obedeciéndole diariamente. La mentalidad griega – mentalidad de catedral - espera escapar de este mundo e ir a un lugar celestial por la eternidad. Profesa que el Reino de Elohim, existe en el cielo, no en la tierra. Esperan al Mesías para que los arrebate de este mundo. Es decir: consiga el tiquete ahora, o pierde el tren. La mentalidad hebrea – mentalidad de tabernáculo - cree que la salvación está en vivir en un lugar donde Elohim reina entre Su pueblo. El Reino de Elohim está aquí en la tierra donde YHVH reinará. Esperan al Mesías para que reine sobre ellos. Es decir: el Reino de los Cielos está a la puerta, preparémonos para recibir al REY.
No es fácil vencer dificultades. A través de los cuarenta años que Israel pasó en el desierto, tuvo que enfrentar muchos problemas y la mayoría de las veces, quiso resolverlos regresando a su lugar de esclavitud. A veces nos preguntamos, ¿cómo un pueblo libre quiso tantas veces volver a ser esclavo? No es nada diferente a nosotros hoy. A veces la lucha por seguir adelante, parece más difícil que el regresar al área no deseada. Esa es la codependencia, muchos permanecen en relaciones incomodas e indeseadas, porque son dependientes de la persona que les maltrata y deshonra. El miedo al futuro, les hace permanecer ahí. Cuando no se desarrolla una fe genuina, basada en la Torah y en la obra redentora del Mesías, el temor es el sentimiento que maneja la vida. Existe codependencia entre esposos, entre empleador y empleado y lo peor, existe codependencia entre líderes espirituales manipuladores y la gente en su congregación. El miedo a ver más allá de las supuestas iluminadas enseñanzas del líder, hace del pueblo de Elohim, un pueblo esclavo. Creen ser libres, pero tienen un yugo denominacional pegado a su cuello. “Por tanto, así ha dicho YHVH Elohim de Israel a los pastores que apacientan mi pueblo: vosotros dispersasteis mis ovejas, y las espantasteis, y no las habéis cuidado. He aquí que yo castigo la maldad de vuestras obras, dice YHVH” – Jeremías 23:2. Pero YHVH ha prometido romper su yugo de tu cuello, busca la verdad, busca la Torah, busca las raíces hebreas de tu fe, busca a Yahushua como el rabino judío que murió y abrió el camino al Padre por ti. No es el mismo que las religiones te presentan vestido de túnica greco-romana. José no pudo ser conocido por sus hermanos cuando llegaron a Egipto, porque estaba vestido de egipcio, no debe extrañarnos porque el pueblo judío hoy en día no acepta al Mesías que le presenta el cristianismo, vestido como occidental hasta con nombre cambiado. Quienes aceptamos al Mesías como nuestro salvador, somos el pueblo de Elohim, somos Israel, judíos y gentiles injertados, pero todos siguiendo un mismo Salvador, Yahushua el Mesías y un mismo Padre, YHVH de los ejército.
Desde el comienzo en el libro de Génesis, vemos la guerra como un patrón humano que continua a lo largo hasta el libro de Apocalipsis donde la batalla final entre el bien y el mal, está profetizada. Israel aprendió lecciones fuertes en las guerras. Vio que cuando salía a la guerra guiado por Elohim, tenían la victoria segura, mas cuando salían a pelear en sus propias fuerzas eran derrotados. Las guerras peleadas bajo la guía de YHVH, eran guerras santas cuyo único propósito eran de establecer a Israel en la Tierra Prometida, protegerlos contra las invasiones extranjeras y promover la justicia y rectitud. Uno de los requisitos, era que el pueblo debía purificarse – “Cuando salieres a campaña contra tus enemigos, te guardarás de toda cosa mala… Porque YHVH tu Elohim anda en medio de tu campamento, para librarte y para entregar a tus enemigos delante de ti… “ – Deuteronomio 23:9-14). Tanto el pueblo como su causa, debía ser santa. Elohim solo pelearía en una batalla santa y justa. Los parámetros de YHVH no han cambiado. En los últimos tiempos, peleará de nuevo por su pueblo y el propósito será el mismo: establecerlo en la Tierra prometida, defenderlo de invasión extranjera y establecer un reino de rectitud y justicia. Pero mientras está guerra final llega, tenemos batallas que pelear y si queremos que Elohim pelee por nosotros, debemos separarnos, ser kaddosh para Él, y que tanto nuestra vida como la causa sea santa.
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