“Compañías de impíos me han rodeado, mas no me he olvidado de tu Torah. A media- noche me levanto para alabarte por tus justo juicios” (Salmo 119:61-62)
Cuando la persecución y la aflicción se levanten, la Palabra debe estar en nuestros labios. Hechos 16:25 dice que cuando Pablo y Silas fueron encarcelados, a medianoche oraban y cantaban himnos a YHVH. Ellos conocían el secreto de la libertad, la Palabra estaba en sus labios, no olvidaron la Torah, sino que dieron gracias y cantaron en su hora más oscura, en su media noche. ¿Qué podían estos judíos mesiánicos estar cantando? Las oraciones y salmos de la Torah, que más podían cantar. No existían himnarios como hoy en día, ellos proclamaban la Palabra en oraciones y cánticos. El pondrá canción en nuestros labios en la hora más oscura, Él es nuestra fortaleza y nos llena de valor a través de Su Palabra. La Torah es luz en nuestra oscuridad – “Lámpara es a mis pies tu Torah, y lumbrera en mi camino” – Salmo 119:105. Es ahí cuando viene el sacrificio de alabanza, cuando estamos angustiados y sin deseo de alabar, es ahí cuando debemos alabarlo y adorarlo con todo nuestro corazón. La maldad que hay en el mundo hoy en día es suficiente para deprimirnos, a veces parece que el malvado ganara terreno, pero en esos momentos es cuando debemos recordar Su Palabra, porque es en Ella donde encontramos esperanza y fortaleza para romper ataduras y seguir adelante en medio de la oscuridad que atraviesa el mundo. El ha prometido nunca abandonarnos ni desampararnos.
“Yo me alegre con los que me decían: a la casa de YHVH iremos” (Salmo 122:1)
Para los hebreos, la vida en el mundo venidero se percibe como un eterno Shabbat, un lugar donde la belleza y tranquilidad del Shabbat es experimentada constantemente. Así, que, guardar el Shabbat nos permite saborear un poco el mundo venidero, nos da una vislumbre de la paz que vivieron Adán y Eva en el paraíso. Durante toda la semana, todo apunta al Shabbat, esa expectativa que vivimos toda la semana en espera de este anhelado reposo donde nuestro espíritu se rejuvenece, nos llenamos de fuerza y nos revitalizamos para poder enfrentar una nueva semana. Pero el Shabbat tiene un significado más profundo como el epítome de una vida separada, donde el resto de la semana es el prólogo para la llegada del Shabbat. Vivimos cada día en preparación para el Shabbat. Debemos vivir toda la semana anhelando esa cita con nuestro Padre, preparándonos para ella, así que seamos sabios, prudentes, cuidadosos de cómo nos preparamos para el Shabbat, y que el Shabbat no se convierta en un paño de lágrimas donde pasamos el día pidiendo perdón por todos los errores de la semana, sino en la culminación de esa semana llena de luchas y victorias ganadas en El. Shabbat Shalom
“Bienaventurados los pobres en espíritu, porque de ellos es el Reino de los cielos” (Mateo 5:3)
Antes que Elohim creara al hombre, primero preparó para él un mundo lleno de cosas útiles y agradables para su deleite y gozo. Fueron hechas para el hombre, pero debían permanecer como cosas externas a él, muy profundo en su corazón había un santuario donde solo Elohim podía entrar. Dentro de él estaba YHVH y era quien gobernaba su vida. Pero el pecado complicó las cosas e hizo que aquellos regalos y bendiciones, se convirtieran en su ruina. Nuestro dolor empezó cuando Elohim fue echado fuera de Su santuario (corazón) y se le permitió a todas esas cosas que habían sido creadas para uso del hombre, entrar en el corazón y tomar el lugar de Elohim. El hombre por naturaleza ya no tiene paz en su corazón porque YHVH ya no es el centro de él. Ahora son las cosas y la ambición por acumularlas lo que gobierna al hombre. Esta no es una simple metamorfosis, es un minucioso análisis de nuestra realidad espiritual. Muy dentro del corazón hay raíces de una vida caída cuya naturaleza es poseer y poseer. Desea cosas con pasión y los pronombres “mi” y “mío” suenan inofensivos, pero su uso constante y universal es muy significativo. Expresan la verdadera naturaleza adámica del hombre. Son el síntoma más visible de nuestra enfermedad. Las cosas se han vuelto tan necesarias, que lo que una vez fueron regalos de Elohim, se han convertido en nuestro elohim. Han tomado Su lugar. Mientras más posee el hombre, más teme perder y recordemos que aquello que tememos perder, ese es nuestro dios.
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