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Gota de Amor - Marzo 16/2016

Alef - Bienaventurados los perfectos de camino, los que andan en la Torah de YHVH. Bienaventurados los que guardan sus testimonios, y con todo el corazón le buscan; pues  no hacen iniquidad” (Salmo 119:1-3)

 

 

El salmo 119 empieza con la letra Alef, la primera letra del alfabeto hebreo.  En el alfabeto hebreo, las letras tienen figura, significado y valor numérico. La figura de la letra Alef, es la de un buey, y significa: fuerte – poder – líder.  Para arar la tierra, siempre se usan dos bueyes unidos por el yugo, uno de ellos debe ser mayor, con más experiencia y debe ser el líder que guía al más joven, y aran en un mismo sentido repetidas veces hasta formar un surco, o camino que les impida salirse de él.  Es la guía.  En las Escrituras en hebreo dice así: “¡Que feliz es el integro que camina por el camino hollado de la Torah!” – Camino – Derek en hebreo = curso de vida / manera de actuar / costumbre.  “!Que felices aquellos que guardan tus testimonios!” – Guardar – Natsar en hebreo = proteger / mantener intacto / no alterar.  Es decir: ¡Que felices somos cuando caminamos por el camino trazado de la Torah, cuando guardamos Su testimonio sin alterarlo! – Elohim nos ha dejado un Camino ya trazado por El, para que andemos sin temor, seguros de que ese es el Camino que nos llevará de vuelta a Él.  No tenemos que añadirle ni quitarle, solo seguir la guía de nuestro hermano mayor, Yahushua.  El anduvo en ese mismo Camino, y no lo hizo como dicen muchos para que yo no tuviera que hacerlo, sino para mostrarnos que si se podía.  Yahushua es nuestro ejemplo para seguir la Torah, no la excusa para evadirla. 

 

Gota de Amor - Marzo 15/2016

“Bienaventurados los pobres en espíritu, porque de ellos es el Reino de los cielos” (Mateo 5:3)

 

 

Antes que Elohim creara al hombre, primero preparó para él un mundo lleno de cosas útiles y agradables para su deleite y gozo.  Fueron hechas para el hombre pero debían permanecer como cosas externas a él, muy profundo en su corazón había un santuario donde solo Elohim podía entrar.  Dentro de él estaba YHVH y era quien gobernaba su vida.  Pero el pecado complicó las cosas e hizo que aquellos regalos y bendiciones, se convirtieran en su ruina.  Nuestro dolor empezó cuando Elohim fue echado fuera de Su santuario (corazón) y se le permitió a todas esas cosas que habían sido creadas para uso del hombre, entrar en el corazón y tomar el lugar de Elohim.  El hombre por naturaleza ya no tiene paz en su corazón porque YHVH ya no es el centro de él.  Ahora son las cosas y la ambición por acumularlas lo que gobierna al hombre.  Esta no es una simple metamorfosis, es un minucioso análisis de nuestra realidad espiritual.  Muy dentro del corazón hay raíces de una vida caída cuya naturaleza es poseer y poseer.  Desea cosas con pasión y los pronombres “mi” y “mío” suenan inofensivos, pero su uso constante y universal es muy significativo.  Expresan la verdadera naturaleza adámica del hombre.  Son el síntoma más visible de nuestra enfermedad.  Las cosas se han vuelto tan necesarias, que lo que una vez fueron regalos de Elohim, se han convertido en nuestro elohim.  Han tomado Su lugar.  Mientras más posee el hombre, mas teme perder y recordemos que aquello que tememos perder, ese es nuestro dios.

Gota de Amor - Marzo 14/2016

“Porque toda la tierra que ves, la daré a ti y a tu descendencia para siempre… Levántate, ve por la tierra a lo largo de ella y a su ancho; porque a ti la daré” (Génesis 13:15-17)

 

YHVH llamó a Abraham para formar de él un pueblo separado a través del cual revelaría al mundo Su plan de salvación. Esto es fácil de entender. Lo que es no muy obvio, es, ¿por qué Elohim desde el comienzo, separa un pedazo de tierra, muy pequeño, para usarlo como escenario sobre el cual llevaría a cabo su drama? Más sorprendente aún, ¿por qué movió a la descendencia de Abraham dentro y fuera de ese pedazo de tierra, como piezas de ajedrez, durante siglos, si ese lugar iba a ser de ellos como posesión permanente? Ese pedazo de tierra tiene que representar algo más fundamental y de enorme importancia en la vida espiritual de la humanidad. La clave para entender lo que la Tierra Prometida significa, está en la historia del Éxodo. Después de pasar cientos de años esclavos en tierra extraña, Israel es liberado de la esclavitud, de forma milagrosa y guiado hacia su futuro hogar, a Canaan, la misma tierra prometida a su padre Abraham. Pero ir a Canaan no iba a ser un paseo. Canaan estaba poblado de siete naciones inicuas y guerreras, todas preparadas para defenderse ellas mismas. Los israelitas habían sido esclavos, ahora debían ser guerreros. Cambiar a Egipto por Israel – la tierra prometida – ha sido metafórico de algo que todos experimentamos. De la esclavitud del mundo, viviendo esclavos del pecado a la tierra prometida. Pero dicha tierra no representa al cielo. Allí hay gigantes, enemigos por doquier, sin embargo, es la tierra que fluye leche y miel. Para quien no esté preparado confiando en YHVH completamente, es como “la tierra que devora a sus habitantes”. La Tierra Prometida representa la vida que debe enfrentar todo creyente. Es una tierra totalmente diferente al lugar que dejamos. Aquí ya no somos más esclavos. Debemos dejar las cadenas atrás. Nuestro emancipador nos ha hecho maravillosas promesas, algunas podemos visualizarlas en nuestra mente, otras son demasiado maravillosas para comprenderlas con nuestra mente humana. 

 

 

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