“Acercándose uno de los escribas… le preguntó: ¿Cuál es el primer mandamiento de todos? Yahushua le respondió: El primer mandamiento de todos es: Oye Israel; Adonai nuestro Elohim, Adonai uno es. Y amarás a Adonai tu Elohim con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente y con todas tus fuerzas. Este es el principal mandamiento” (Marcos 12:28-30)
Al Shema se le llama “el lema de nuestra fe”. Es la confesión de fe que hacemos todos los que creemos en el Elohim de Israel. Es la oración de mañana y tarde de todo seguidor de Yahushua. Se trata de la Torah. Se trata del Mesías y Su reino. Al orarla, nos recordamos a nosotros mismos y los unos a los otros, de oír y participar con nuestros ancestros del evento que se llevó a cabo al pie del monte Sinaí, donde hicimos un pacto con nuestro Elohim y prometimos obedecerle y seguir Sus instrucciones. Al repetir el Shema, estamos repitiendo el acuerdo hecho en el monte. Pero usted no puede guardar ningún mandamiento, especialmente el mandamiento más grande, hasta que se someta a la soberanía de Elohim y rinda su vida a Él. Solamente así puede su corazón, alma y mente ser dirigidos hacía el Adonai. También se dice que el Shema es la preparación diaria de entrar al Reino del Mesías. Zacarías explica en el capítulo 14:9, que en el final de los tiempos, entenderemos que Elohim es uno y uno Su nombre – “Y Adonai será Rey sobre toda la tierra. En aquel día Elohim será uno, y uno su nombre”. Este es el entendimiento del Shema. Algunos sabios enseñan que la única teología que llevaremos al Reino, serán las palabras del Shema. El Shema nos demanda 5 cosas: 1. Amar a Adonai nuestro Elohim con todo lo que tenemos. 2. Poner la Torah en nuestro corazón, es decir; obedecerla. 3. Enseñar a nuestros hijos la Torah y hablar de ella durante todas las actividades del día, es decir; compartirla. 4. Atar la Torah como señal en nuestra mano y entre nuestros ojos, es decir que todo lo que hagamos y pensemos sea basado en la Torah. 5. Escribir la Torah en los postes y puertas de nuestra casa, es decir, que solo en la Torah podemos fundamentar nuestro hogar. “Oye Israel, Adonai nuestro Elohim, YHVH uno es”.
“Pero sed hacedores de la palabra, y no tan solamente oidores, engañándoos a vosotros mismos” (Santiago 1:22)
Santiago, en esta Escritura marca la diferencia entre un creyente y un impostor. Muchos hoy en día que proclaman ser creyentes y que ocupan las bancas de las iglesias los domingos son impostores, oidores olvidadizos que tan pronto salen del servicio vuelven a su vida sistematizada y que en nada se diferencian de ciudadanos no creyentes, razón por a cual el mundo cada día cree menos en el mensaje. Por el contrario, el verdadero creyente no solo escucha sino que hace, hace la voluntad del Padre y tiene una relación personal con El. El impostor intelectual no puede comprender la realidad de la relación personal del creyente con Elohim, simplemente porque es una relación que no se puede explicar intelectualmente, sino que hay que vivirla. El Ruaj (Espíritu) que habita en el creyente, es el sello de esa relación y solo puede ser dada por Elohim, no se puede obtener por una simple confesión de fe, u oración. Desafortunadamente, en la era donde la “fe fácil” es la enseñanza que prevalece, muchos no han sido retados a un arrepentimiento verdadero, en humildad y con corazón contrito, para que puedan disfrutar de esa indescriptible relación con Elohim. “Muchos me dirán en aquel día: Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos milagros? Y entonces les declararé: Nunca os conocí, apartaos de mí, violadores de la Torah” – Mateo 7:22-23.
“YHVH peleará por vosotros, y vosotros estaréis tranquilos. Entonces YHVH dijo a Moisés: ¿Por qué clamas a mí? Di a los hijos de Israel que marchen” (Exodo 14:14-15)
Israel se hallaba entre el Faraón y el mar y le dicen a Moisés: “mejor nos fuera servir a los Egipcios, que morir nosotros en este desierto” — acababan de ser milagrosamente liberados de la esclavitud, y ya se encontraban cara a cara con la más terrible amenaza para su existencia. Pero la prueba no era el Faraón, ni su ejército, la verdadera prueba aquí, era una prueba de confianza. ¿Sería capaz Israel de confiar en YHVH quien los había sacado con milagros de Egipto, y reposar totalmente sabiendo que volvería a obrar y los liberaría de nuevo? YHVH le dice a Moisés: ¿Por qué clamas a mí? Dile a Israel que marche — Pablo en 1 Corintios 10 dice que todo lo que vivió Israel en el desierto, es ejemplo para nosotros, así, que: marchemos, sigamos adelante, las pruebas, obstáculos, amenazas no son mas que señales de nuestra liberación, de que nos escapamos de las garras del enemigo, y YHVH ha prometido que quien se levante contra nosotros, delante de nosotros caerá. No temamos renunciar a lo que tenemos que hacerlo, nuestro Padre está ahí, justo donde lo necesitamos. Shalom
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