¡FELIZ SHAVUOT!
“Hasta el día siguiente del séptimo día de reposo contaréis cincuenta días; entonces ofreceréis el nuevo grano a YHVH” (Levítico 23:16)
La Fiesta de Shavuot tiene un doble significado. Primero conmemora el deber antiguo de traer los “primeros frutos” al templo en Jerusalén como ofrenda a YHVH, y segundo, conmemora el evento de monumental significancia para todo creyente, la entrega de la Torah en el Monte Sinaí. El éxodo de Egipto, el cual se celebra en Pesaj, marca el inicio de nuestra libertad física. Pero Shavuot nos recuerda que la liberación física es incompleta sin la redención espiritual que recibimos por medio de la Torah. No se sale de la esclavitud del pecado para ser autónomos, sino para ser siervos de YHVH, porque la verdadera libertad no es la ausencia de esclavitud física, sino la Torah escrita en el corazón por medio del Ruaj Hakoddesh, porque “donde está el Ruaj de YHVH, allí hay libertad”. Shavuot también es llamada “Atzeret” que significa completo, porque junto con Pesaj completa la libertad del pueblo de YHVH, el cual fue hecho libre para poder recibir la Torah. Hace mas de 3.000 años, después de salir de Egipto en la noche de Pesaj, Israel anduvo por el desierto y 50 días después llegó al Sinaí, y allí recibió la Torah, la revelación de YHVH para su vida, la guía para llegar a la tierra prometida, el código de conducta bajo el cual debían y debemos vivir. Moisés nos recuerda esa experiencia: “El día que estuviste delante de YHVH tu Elohim en Horeb, cuando YHVH me dijo: Reúneme el pueblo, para que yo les haga oír mis palabras, las cuales aprenderán, para temerme todos los días de vivieren sobre la tierra, y las enseñarán a sus hijos” – Deuteronomio 4:10.
“Habían salido de Refidim, y llegaron al desierto del Sinaí, y acamparon en el desierto; y acampó allí Israel delante del monte” (Éxodo 19:2)
Hasta este momento, durante su trajinar por el desierto, YHVH había estado trabajando en Su pueblo, provocando circunstancias y eventos en la vida de Israel, las cuales los prepararían para la cita que tendrían con YHVH en el campamento once. En cada depravación física, en cada encuentro que tuvieron con el enemigo, la presencia y el poder de YHVH estuvo allí, guiándolos, liberándolos. Todos aquellos campamentos donde encontraron experiencias negativas que irritaron al pueblo, fueron campamentos de reclutamiento militar. Si Israel hubiera enfrentado cada anterior circunstancia con gracia y sumisión, hubiera estado mejor preparado para el encuentro con el Santo y Eterno Elohim. Nosotros hoy en día, debemos aprender de nuestros antepasados y no desperdiciar los momentos de crisis, esos son los que nos pulen y preparan para lo que viene. Ningún ejército envía a la guerra soldados no preparados. Los momentos de adversidad no son más que oportunidades para ver la gloria de Elohim, son carrozas de YHVH portadoras de bendiciones. La primera orden o mensaje que YHVH le da a Moisés para entregar al pueblo, fue el recordarles Su continua protección y provisión. Esa promesa de protegerlos, preparándoles mesa delante de sus enemigos, es llevada a cabo hasta entrarlos a Canaan, les recuerda como los llevó hacia El sobre alas de águilas. Lo que fue verdad para Israel en la antigüedad, lo será para nosotros en el futuro. La protección de YHVH y el llevarlos sobre alas de águilas será una realidad también en el futuro – Apocalipsis 12:14. Preparémonos para nuestro encuentro con YHVH.
“El discípulo no es más que su maestro, ni el siervo más que su señor. Bástale al discípulo ser como su maestro, y al siervo como su señor” (Mateo 10:24-25)
Discípulo en hebreo es “Talmid” que significa = Estudiante. El plural es “Talmidim” = Estudiantes = Discípulos. El trabajo del Talmid, es aprender todo lo que el maestro le enseña y ponerlo en práctica. El Talmid come la comida espiritual que el Maestro le da, sigue al Maestro por el camino que el Maestro va, guarda el Shabbat y las Fiestas como el Maestro las guarda, aprende a guardar los mandamientos de YHVH como el Maestro le enseña a guardarlos, en pocas palabras; el aprende el Camino del Maestro. “El discípulo no es superior a su maestro; mas todo el que fuere perfeccionado, será como su maestro” – Lucas 6:40. Nosotros tenemos un Maestro que es Yahushua, y tenemos el Ruaj en nuestro corazón que nos interpreta las Escrituras y nos revela esas joyas de sabiduría y conocimiento espiritual que necesitamos para nuestra vida. Ser discípulo es imitar al Maestro en todo, así que, si decimos ser discípulos de Yahushua debemos: andar como Él anduvo, guardar la Torah como Él la guardó, obedecer al Padre como Él obedeció – “Si vosotros permaneciereis en mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos” – Juan 8:31.
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