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Gota de Amor - Julio 29/2016

“De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el Reino de Elohim… ¿Cómo puede hacerse esto?... ¿Eres tu maestro de Israel y no sabes esto? (Juan 3:5, 9-10)

 

Esta conversación fue entre Yahushua y Nicodemo – “Había un hombre de los fariseos que se llamaba Nicodemo, un principal entre los judíos” – Juan 3:1.  Nicodemo no era un hombre común y corriente.  Ser fariseo significaba que a la edad de 20 años sabía la Torah de memoria, además era un principal entre los judíos.  Los fariseos en la época de Yahushua habían usurpado la “silla de Moisés”, es decir: el derecho que tenía el sacerdote de ensañar la Torah, y habían añadido cientos de “halaka”, leyes rabínicas y tradición oral a las que daban más importancia que a la Torah.  Yahushua le contesta a Nicodemo citándole un principio rabínico que dice que; “un prosélito es como un niño recién nacido”.  Por eso cuando Nicodemo le pregunta ¿cómo puede ser eso? La respuesta de Yahushua es clara -- ¿Eres maestro de Israel y no lo sabes?  Como maestro de Israel, debía conocer el principio.  Luego Yahushua prosigue diciéndole que debe nacer de agua y del Espíritu, haciendo referencia al pasaje de Ezequiel 36:24-26 – “Y yo os tomaré de las naciones, y os recogeré de todas las tierras, y os traeré a vuestro país.  Esparciré sobre vosotros agua limpia, y seréis limpiados de todas vuestras inmundicias; y de todos vuestros ídolos os limpiaré.  Os daré un corazón nuevo, y pondré espíritu nuevo dentro de vosotros; y quitaré de vuestra carne el corazón de piedra, y os daré un corazón de carne.  Y pondré dentro de vosotros mi Espíritu, y haré que andéis en mis estatutos, y guardéis mis preceptos, y los pongáis por obra”.  Como maestro de Israel, Nicodemo también debía conocer esta Escritura.  Para entrar al Reino hay que estar limpio del sistema y sus ídolos, y hay que vivir la renovación del corazón donde la Torah de Elohim es escrita en nuestro corazón para mostrarnos el camino.  “He aquí que vienen días, dice Elohim, en los cuales haré nuevo pacto con la casa de Israel y la casa de Judá… Pero este es el pacto que haré con la casa de Israel después de aquellos días, dice Elohim: Daré mi Torah en su mente, y la escribirá en su corazón, y yo seré a ellos por Elohim, y ellos me serán por pueblo” – Jeremías 31:31 y 33.  Este es el nuevo nacimiento, este es el nuevo pacto.  La Torah es la misma, lo que cambia es el corazón del hombre.

 

 

Gota de Amor - Julio 28/2016

“Acercándose uno de los escribas… le preguntó: ¿Cuál es el primer mandamiento de todos? Yahushua le respondió: El primer mandamiento de todos es: Oye Israel; Adonai nuestro Elohim, Adonai uno es. Y amarás a Adonai tu Elohim con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente y con todas tus fuerzas. Este es el principal mandamiento” (Marcos 12:28-30)

 

Al Shema se le llama “el lema de nuestra fe”.  Es la confesión de fe que hacemos todos los que creemos en el Elohim de Israel.  Es la oración de mañana y tarde de todo seguidor de Yahushua.  Se trata de la Torah.  Se trata del Mesías y Su reino.  Al orarla, nos recordamos a nosotros mismos y los unos a los otros, de oír y participar con nuestros ancestros del evento que se llevó a cabo al pie del monte Sinaí, donde hicimos un pacto con nuestro Elohim y prometimos obedecerle y seguir Sus instrucciones.  Al repetir el Shema, estamos repitiendo el acuerdo hecho en el monte.  Pero usted no puede guardar ningún mandamiento, especialmente el mandamiento más grande, hasta que se someta a la soberanía de Elohim y rinda su vida a Él.  Solamente así puede su corazón, alma y mente ser dirigidos hacía el Adonai.  También se dice que el Shema es la preparación diaria de entrar al Reino del Mesías.  Zacarías explica en el capítulo 14:9, que en el final de los tiempos, entenderemos que Elohim es uno y uno Su nombre – “Y Adonai será Rey sobre toda la tierra.  En aquel día Elohim será uno, y uno su nombre”.  Este es el entendimiento del Shema.  Algunos sabios enseñan que la única teología que llevaremos al Reino, serán las palabras del Shema.  El Shema nos demanda 5 cosas: 1. Amar a Adonai nuestro Elohim con todo lo que tenemos. 2. Poner la Torah en nuestro corazón, es decir; obedecerla.  3. Enseñar a nuestros hijos la Torah y hablar de ella durante todas las actividades del día, es decir; compartirla.  4. Atar la Torah como señal en nuestra mano y entre nuestros ojos, es decir que todo lo que hagamos y pensemos sea basado en la Torah.  5. Escribir la Torah en los postes y puertas de nuestra casa, es decir, que solo en la Torah podemos fundamentar nuestro hogar.  “Oye Israel, Adonai nuestro Elohim, YHVH uno es”.   

 

Gota de Amor - Julio 27/2016

“Pero sed hacedores de la palabra, y no tan solamente oidores, engañándoos a vosotros mismos” (Santiago 1:22)

 

Santiago, en esta Escritura marca la diferencia entre un creyente y un impostor.  Muchos hoy en día que proclaman ser creyentes y que ocupan las bancas de las iglesias los domingos son impostores, oidores olvidadizos que tan pronto salen del servicio vuelven a su vida sistematizada y que en nada se diferencian de ciudadanos no creyentes, razón por a cual el mundo cada día cree menos en el mensaje.  Por el contrario, el verdadero creyente no solo escucha sino que hace, hace la voluntad del Padre y tiene una relación personal con El.  El impostor intelectual no puede comprender la realidad de la relación personal del creyente con Elohim, simplemente porque es una relación que no se puede explicar intelectualmente, sino que hay que vivirla.  El Ruaj (Espíritu) que habita en el creyente, es el sello de esa relación y solo puede ser dada por Elohim, no se puede obtener por una simple confesión de fe, u oración.  Desafortunadamente, en la era donde la “fe fácil” es la enseñanza que prevalece, muchos no han sido retados a un arrepentimiento verdadero, en humildad y con corazón contrito, para que puedan disfrutar de esa indescriptible relación con Elohim.  “Muchos me dirán en aquel día: Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos milagros? Y entonces les declararé: Nunca os conocí, apartaos de mí, violadores de la Torah” – Mateo 7:22-23.

 

 

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