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Gota de Amor - Junio 24/2016

“Porque la sabiduría de este mundo es insensatez para con Elohim; pues escrito está: El prende a los sabios en la astucia de ellos” (1 Corintios 3:19)

 

Todos tenemos nuestra manera particular de ver la vida, lo llamamos mentalidad o visión del mundo.  Seamos conscientes o no, esta mentalidad la adquirimos de nuestros antepasados, de nuestra sociedad y cultura.  Pasamos la vida viendo todo bajo los lentes de nuestra presunción.  Solo cuando la Verdad de YHVH ilumina nuestro corazón y mente, podemos ver las cosas desde la perspectiva de YHVH — vemos todo como realmente es.  En nuestro mundo occidental, los lentes de mentalidad que usamos, provienen de la filosofía griega.  Y aunque no sepamos mucho de los pensadores griegos, como Plato o Aristóteles, sus presunciones filosóficas han moldeado la forma como interpretamos la realidad y particularmente, como pensamos acerca de Dios y de Su actividad dentro del enfoque de la historia humana.  Cuando leemos las Escrituras con la mentalidad griega, inevitablemente, la malinterpretamos, porque quienes escribieron las Escrituras, eran Hebreos no griegos.  La eterna Torah de nuestro Elohim, esta revestida de la mentalidad semítica, no de la basura filosófica griega.  Shalom

Gota de Amor - Junio 23/2016

“Vamos, edifiquémonos una ciudad y una torre, cuya cúspide llegue al cielo; y hagámonos un nombre, por si fuéremos esparcidos sobe la faz de toda la tierra” (Génesis 11:4)

 

Aquí podemos ver como los ladrillos de Egipto continuaban pintando el cuadro de mezclar los caminos de Elohim con los caminos del hombre.  Los ladrillos hechos por el hombre y formados mezclando barro con paja y agua, se deterioran y colapsan con el tiempo.  Cuando empiezan a deteriorarse, los albañiles o constructores usan los métodos más modernos para ponerle parches y remendarlos.  Una construcción de piedra sin embargo, permanece firme con el tiempo, y mientras la construcción de ladrillo se derrumba, la de roca sigue en pie.  Porque, “si fueren destruidos los fundamentos, ¿qué ha de hacer el justo? – Salmo 11:3.  El Padre Eterno, ha mantenido Su fundamento (Torah) hasta hoy, nada de lo que salió de Su boca para Su pueblo ha cambiado, el hombre podrá seguir poniéndole parches a su doctrina hasta que un día toda esa estructura colapse y solo permanezca lo que ha sido construido sobre la Roca desde el principio.  Para el hombre siempre ha sido de suma importancia el tener un nombre, algo que lo identifique como él quiere, como lo obtenga, carece de importancia, solo quiere el nombre. “Nosotras comeremos nuestro pan, y nos vestiremos de nuestra propia ropas; solamente permítenos llevar tu nombre, quita nuestro oprobio” – Isaías 4:1.  Igual que antes, el hombre sigue comiendo su propia doctrina, vistiéndose se su propia justicia, pero quiere llevar el nombre del Mesías.  Elohim tuvo que destruir la torre de Babel, y vendrá de nuevo y destruirá toda la infraestructura religiosa que el hombre ha creado y limpiará Su nombre.  

 

Gota de Amor - Junio 22/2016

“Estableceré mi pacto entre mí y ti, y tu descendencia después de ti… Y tomando la copa, y habiendo dado gracias, les dio diciendo: Bebed de ella todos; porque esto es mi sangre del nuevo pacto, que por muchos es derramada” (Génesis 17:7 y Mateo 26:27-28)

 

El pacto de sangre era un rito antiguo semítico, y era el pacto más íntimo y sagrado que dos personas podían celebrar.  El rito incluía, el acto en que las dos personas involucradas se cortaban la muñeca y cada uno bebía de la sangre del otro, dando a entender que absorbía la vida del otro y que su vida quedaba totalmente rendida y dedicada a aquel con quien hacía el pacto.  Desafortunadamente, como han occidentalizado tanto al Mesías, han pasado por alto la importancia de estudiar costumbres  semíticas y hebreas las cuales YHVH usa en parábolas, para enseñar y revelar Su eterno plan para Su pueblo y permitirnos vislumbra la magnitud de Su obra redentora.  Cuando Yahushua les dijo a los discípulos que debían beber Su sangre, estaba claramente diciéndoles que tenían que absorber Su vida, si querían tener vida eterna y que al hacerlo, estaban entrando en los vínculos del pacto y por ende rindiendo sus vidas a Él.  El Padre estaba dando Su sangre, en la sangre del Mesías para que todos los hijos de Abraham fueran revividos en “la sangre del pacto eterno”.   En la consumación de los siglos, vino al mundo aquel que desde el principio era Uno con el Padre, a ser uno con el hombre y compartir así de la naturaleza de aquellos que estaban sujetos a la muerte, pero que anhelábamos la vida, y cumplir la profecía.  Yahushua fue la simiente de Abraham, el cumplimiento de la promesa, el Cordero sacrificado desde antes de la fundación del mundo. “Si no coméis la carne del Hijo del Hombre, y bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros” – Juan 6:53.  

 

 

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