“Pero estoy como olivo verde en la casa de Elohim. En la misericordia de Elohim confío eternamente y para siempre” (Salmo 52:8)
El olivo en su estado natural es inservible y amargo, pero cuando esa amargura es destruida, o cuando el olivo es exprimido, machacado para extraer el aceite, se convierte en una fuente de vida y de luz. Elohim necesita machacarnos para poder sacar de nosotros toda la amargura, todo el residuo del viejo hombre, para que el nuevo hombre, regenerado a la imagen del Mesías, quien es la Torah viva, brille para la gloria de Elohim. He aquí algunas similitudes entre el olivo y su aceite y un hijo de YHVH: 1. En su estado no refinado, ambos son amargos y necesitan ser lavados con lejía, para ser aceptable al consumidor o a Elohim. “Te lave con agua, y lavé tus sangres de encima de ti, y te ungí con aceite” – Ezequiel 16:9. 2. Ambos, el olivo y el hombre, son difíciles de crecer y muy temperamentales cuando de producir fruto se trata. Ambos requieren mucha atención. Hay muchos factores involucrados y se necesita de muchos cuidados para garantizar una buena producción. 3. El fruto del olivo y el hombre necesitan ser machacados para poder sacar el precioso aceite. Un mortero de piedra o un molino se usaba en tiempos antiguos para machacar las olivas y producir el aceite. El Mesías fue molido por nosotros -- “Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados… cuando haya puesto su vida en expiación por el pecado… verá el fruto de la aflicción de su alma” – Isaías 53:5-12. Nuestro peregrinaje por la tierra no es más que el terreno de prueba, donde Elohim está probando, machacando, refinando y purificando sus vasos escogidos, preparándolos para hacer de ellos reyes y sacerdotes para Su Reino. Este proceso involucra el sacrificar nuestra vieja naturaleza, el morir a nuestros propios deseos, el renunciar a todo aquello que ofende a nuestro Padre, el ser Kaddosh, separados cada día más para El.
“¡Oh cuanto amo yo tu Torah! Todo el día es ella mi meditación. Me has hecho más sabio que mis enemigos con tus mandamientos” (Salmo 119:97)
La palabra Torah gramaticalmente significa = Instrucción. Y cuando hablamos de ellas nos estamos refiriendo a las instrucciones dadas por YHVH al pueblo de Israel a través de Moisés. También puede referirse a los Cinco Libros de Moisés, y muchas veces también se usa para referirse a toda la Escritura. Para los sabios hebreos, la Torah contiene el diseño del universo, ya que es la Palabra de YHVH y El todo lo creó con Su palabra. Torah es diferente a la sabiduría humana, o al sentido común. Por ejemplo; la sabiduría dice que lo que le haga a otros, va a rebotar más tarde en usted. Así que usted decide si quiere sufrir o no las consecuencia de su acción por el beneficio inmediato. La Torah, por el contrario, no solo le da este tipo de información, sino que le instruye. Por ejemplo; es bueno saber que “no robar” es beneficioso para usted y la sociedad donde vive, pero esa no es la razón para no robar, usted no debe hacerlo porque esa es la voluntad del Creador. La Torah es el deseo del Creador para Su creación. Revela el corazón del Creador, Su carácter, Su santidad, Su Camino. La semilla de la Torah fue plantada en el Sinaí, plasmada en Cinco Libros, pero su voz continua siendo escuchada de generación en generación a medida que todos aquellos que la estudian descubren el ADN de esta maravillosa semilla, descubren su significado y la riqueza de su aplicación en la vida del pueblo de Elohim. Cuando estudie la Torah, que su objetivo no sea solo obtener información, sino conocer al Creador y a Su creación. Crecer en su relación con El, fortalecer los lazos con los hermanos y juntos prepararnos para su eminente regreso
“Sáname, oh YHVH, y seré sano; sálvame, y seré salvo; porque tú eres mi alabanza” (Jeremías 17:14)
Es bueno alabar y confiar en nuestro Adonai a pesar de las aflicciones. En realidad, el sufrimiento nos permite ejercitar nuestro corazón de formas que serían imposibles si el camino de nuestra vida fuera un camino de rosas sin problemas. Tal vez la copa que YHVH nos da a tomar, sea amarga, pero una vez ingerida se vuelve dulce por la enseñanza que trae y la forma como nos acerca más a nuestro amado Padre. Cuando aceptamos la prueba como ordenada por YHVH, por el Rey de Gloria quien en un abrir y cerrar de ojos puede librarnos de la opresión, nuestro corazón es refinado, fortalecido, y solo alabanzas pueden salir de nuestros labios. Solo nuestro Padre sabe cuales aguas deben ser endulzadas, solo el Autor y Consumador de nuestra fe sabe cómo sacar un diamante de las cenizas. “Así ha dicho YHVH, Redentor tuyo, el Santo de Israel: Yo soy YHVH Elohim tuyo, que te enseña provechosamente, que te encamina por el camino que debes seguir” – Isaías 48:17. ¡Shabbat Shalom!
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