“Disputa, Oh YHVH, con los que contra mí contienden, pelea contra los que me combaten” (Salmo 35:1)
David siendo un niño, voluntariamente peleo contra Goliat porque sabía que YHVH pelearía por él — “Tu vienes a mí co espada y lanza y jabalina; mas yo vengo a ti en nombre de YHVH de los ejércitos, el Elohim de los escuadrones de Israel, a quien tu has provocado” — 1 Samuel 17:45. Luego mas tarde en la vida de David siendo ya un hombre maduro, vuelve a enfrentarse a sus enemigos y de nuevo, va a YHVH y le pide que pelee por él. David estaba seguro que YHVH lo rescataría, el sabía que YHVH responde a todo aquel que clama a El. David continua diciéndole a YHVH — “Echa mano al escudo y al pavés, y levántate en mi ayuda. Saca la lanza, cierra contra mis perseguidores; di a mi alma: Yo soy tu salvación” — Salmo 35:2-3. Y continua diciendo — “¿Quién como tu, que libras al afligido del mas fuerte que él, y al pobre y menesteroso del que le despoja? Nosotros debemos tener la misma confianza que tuvo David, YHVH es el mismo ayer, hoy y por toda la eternidad, y su misericordia es eterna. Digamos como David — “Muévete y despierta para hacerme justicia, Elohim mío y Adonai mío, para defender mi causa.
“Bien invalidáis el mandamiento de Elohim para guardar vuestra tradición” (Marcos 7:9)
Cuando la tradición usurpa la Escritura, ¿quién tiene la última palabra en tu corazón? Es una pregunta vital que todos debemos responder, porque ella revela donde está nuestra lealtad. ¿Nos mantenemos fieles a la verdad, así se levante el infierno, o modificamos nuestra fe para acomodarla a la mente y pensamiento secular occidental? ¿Viviremos de TODA palabra que salga de la boca de YHVH sin importar el costo, o nos uniremos a la multitud que sigue un líder que adapta la Escritura para que encaje en la tradición y pensamiento religioso moderno? ¿Nos mantenemos fieles a la Torah, o edificamos nuestra fe en arena filosófica o en opinión teológica? ¿Aceptamos la revelación de Ruaj Hakoddesh o aceptamos las interpretaciones de hombres falibles como Orígenes, Platón o Clemente considerados padres de la iglesia por el cristianismo? Cuando se hacen leyes que demandan obediencia a un poder religioso que hace que la obediencia a YHVH y Su Torah, sea vista como rebelión, ¿permitiremos que el temor a ser malinterpretados, o llevados a juicio o castigados, nuble nuestra razón? Muchos no tendrán que enfrentar dicha presión porque han sometido su destino al liderazgo de la iglesia, antes que se presente la prueba. Cuando se levante la guerra y mi fe en Yahushua y en la Torah sea motivo de persecución, recordemos que: “El perfecto amor echa fuera el temor”. Nuestra fe no es negociable. Muchos profesan conocer a Elohim, pero con los hechos lo niegan.
“Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabra de vida eterna. Y nosotros hemos creído y conocemos que tu eres el Mesías, el Hijo del Elohim viviente” (Juan 6:68-69)
El hombre va hasta el fin del mundo, buscando conocer la verdad, para encontrar la razón de ser, para entender el por qué nació, por qué está aquí. Busca en cientos de dioses diferentes, comida para su alma, luz para su espíritu, investiga, experimenta, y por lo regular vuelve a quedar tan hambriento y sediento como cuando empezó y en los momentos duros de su vida, no tiene a quien ir. Yahushua dijo: “venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar” (Mateo 11:28). Cuando pasamos por situaciones difíciles, enfermedades, tragedias, pérdidas insoportables que nos rompen el corazón y donde ni siquiera aquellos más cercanos pueden ayudarnos a soportar el dolor, conocer a Yahushua y su gran amor, saber que El nos sostiene, nos da descanso y calma nuestro dolor por medio del Ruaj (Espíritu Santo), es la esperanza más bella de todo creyente. Por lo regular son esos momentos, esas espinas en el corazón, las que dan paso a los momentos más bellos en comunión con nuestro Padre Celestial, son los que maduran nuestro carácter y dulcifican nuestro espíritu, son los que nos permiten ver la gloria de Elohim en todo su esplendor, restaurándonos y poniéndonos en pie de nuevo. ¿A quién iremos? ¿A dónde se va cuando ya no hay a donde ir? A Yahushua, el conoce tu dolor y sólo el, sabe como sanarlo.
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