“Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Elohim” (Efesios 2:8)
El tema de la gracia es el grito de combate para aquellos que aceptan al Mesías Yahushua como su Adonai (Señor), no obstante niegan Sus palabras. “no estamos bajo la ley, sino bajo la gracia”. Este es el estandarte bajo el cual millones de cristianos han caminado por cientos de años. Desde los días de Adán, la humanidad, se ha alejado de la palabra de YHVH. Es la parte central de nuestra caída naturaleza. Hay tres tipos de personas en el mundo: Aquellos que desobedecen los mandamientos de Elohim, porque no reconocen Su existencia. Aquellos que desobedecen a Elohim y lo hacen en Su nombre. Y aquellos que claman Su nombre y Lo obedecen. ¿De cuál eres tú? Cuando lees las Escrituras ves que la desobediencia y la decadencia moral es un denominador común en la humanidad. No es un problema solo de hoy, pero parece que está alcanzando su cúspide. En los tiempos de los Jueces y en los tiempos de David, al menos la gente se daba cuenta de su condición moral y volvían a YHVH y al Camino, se arrepentían de vez en cuando. Hoy sin embargo, la iglesia moderna sigue enseñando que Yahushua acabó con la ley, y es así como vemos a nuestra sociedad derrumbándose con la conciencia tranquila porque no es suya la culpa, sino del satanismo, de la nueva era, del liberalismo, etc. La palabra ley en Hebreo = 8451 Torah = Instrucción. En Griego = 3551 Nomos = Instrucción / Principio. En ambos idiomas la palabra tiene un significado positivo, ¿en qué momento la palabra cambio a un significado negativo y se convirtió en nuestro enemigo? ¿Desde cuándo las instrucciones para una vida plena, sana y en obediencia a Elohim, son nocivas? Estar bajo la gracia es estar bajo los parámetros establecidos por YHVH para nuestra vida.
“Oye, Israel: YHVH nuestro Elohim, YHVH uno es. Y amarás a YHVH tu Elohim de todo tu corazón, y de toda tu alma, y con todas tus fuerzas. Y estas palabras que yo te mando hoy, estarán sobre tu corazón, y las repetirás a tus hijos, y hablarás de ellas estando en tu casa, y andando por el camino, y al acostarte y cuando te levantes…” (Deuteronomio 6:4-9)
Esta Escritura es llamada el “Shema”. En hebreo Shema significa: escucha. שמע. Regularmente las dos primeras letras que son Ayin y Dalet son resaltadas, unidas significa: Aid = testigo. Es decir que al proclamar el Shema estamos siendo testigos de que Elohim es el único Elohim (Dios). El Shema es la primera oración de la mañana y la última de la noche porque tanto al levantarnos como al acostarnos debemos recordar que nuestro Elohim es el centro de nuestra vida. Amarlo con todo nuestro corazón. Según los sagas hebreos la palabra corazón = deseos, es decir que nuestro deseo sea solo hacer la voluntad de YHVH. Con toda nuestra mente, es decir que en el momento de tomar una decisión, Su Torah sea nuestra guía y no actuar fuera de sus Instrucciones. Con todas nuestras fuerzas, la palabra fuerzas aquí está mal traducida la verdadera palabra es: recursos, es decir reconocer que todo lo que tenemos proviene de Él y debe ser usado como El nos guíe. Luego el Shema nos recuerda que Su Torah debe estar en nuestro corazón. ¿No fue esto lo que YHVH dijo que haría cuando renovara el Pacto con Israel? – Jeremías 31:31-33 – prometió escribir Su Torah en nuestro corazón para que jamás nos olvidáramos que YHVH es nuestro Elohim y nosotros somos Su pueblo. Luego nos ordena enseñarla a nuestros hijos, y proclamarla en todo lugar donde nos encontremos. Nos manda a atarla como señal en nuestras manos y frontales en nuestros ojos, es decir que todo lo que hagamos sea bajo las instrucciones de YHVH y que nuestros ojos deben estar siempre fijos en El, en la columna de fuego y la nube. Y termina diciéndonos que las escribamos en los postes y puertas de nuestras casas, es decir que toda nuestra casa (familia) debe servir a YHVH. Sh'ma Yis'ra'eil Adonai Eloheinu Adonai echad. Oye, Israel, YHVH tu Elohim, YHVH uno es.
“Porque de la manera que en un cuerpo tenemos muchos miembros, pero no todos los miembros tienen la misma función, así nosotros, siendo muchos, somos un cuerpo en el Mesías, y todos miembros los unos de los otros”. Romanos 12:4-5
La tendencia humana del hombre es creer que él es el protagonista en la historia de su vida. Esta vista tan corta es consecuencia de la soberbia que llevada a extremos puede tomar la forma de narcisismo o aún de comportamiento psicopático, encogiendo el universo, limitándolo solo a lo que la persona ve con sus propios ojos y escucha con sus oídos, haciéndolo extremadamente pequeño, como un cañón encerrado por sus propias paredes. Sin embargo, las Escrituras, nos dan una vista aérea de dicho cañón y de toda la tierra a su alrededor. Nos muestra que no somos los protagonistas, sino actores de reparto en un elenco de billones de una obra cósmica en la cual Elohim es el protagonista, y al mismo tiempo director. En una obra escrita por el hombre, Abraham y Sara, David o Pablo, ellos serían el centro, y la obra terminaría cuando resolvieran el conflicto o murieran, mas en la Torah no es así. En ella vemos como la antorcha pasa de generación en generación tomando el hilo de la próxima historia de vida, tejiendo un hermoso tapete lleno de vidas y testimonios que nunca se podría apreciar si nos enfocamos en una vida en particular, excepto una – la vida de Yahushua. Su biografía toma menos del 10% de las Escrituras, sin embargo, podemos encontrarlo en cada página desde Génesis hasta Apocalipsis. El está profetizado abierta y alegóricamente en las mismas vidas de Su ancestros como un patrón tomado de Él. En todo el Tanaj podemos leer sobre la continua guerra del enemigo tratando de eliminar el linaje del Mesías. Solo humillándonos a nosotros mismos y dejando nuestra miope vista, podemos apreciar la mano de Elohim en la historia de la humanidad y darle la gloria que Se merece.
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