“Pero sed hacedores de la palabra, y no tan solamente oidores, engañándoos a vosotros mismos” (Santiago 1:22)
Santiago, en esta Escritura marca la diferencia entre un creyente y un impostor. Muchos hoy en día que proclaman ser creyentes y que ocupan las bancas de las iglesias los domingos son impostores, oidores olvidadizos que tan pronto salen del servicio vuelven a su vida sistematizada y que en nada se diferencian de ciudadanos no creyentes, razón por a cual el mundo cada día cree menos en el mensaje. Por el contrario, el verdadero creyente no solo escucha sino que hace, hace la voluntad del Padre y tiene una relación personal con El. El impostor intelectual no puede comprender la realidad de la relación personal del creyente con Elohim, simplemente porque es una relación que no se puede explicar intelectualmente, sino que hay que vivirla. El Ruaj (Espíritu) que habita en el creyente, es el sello de esa relación y solo puede ser dada por Elohim, no se puede obtener por una simple confesión de fe, u oración. Desafortunadamente, en la era donde la “fe fácil” es la enseñanza que prevalece, muchos no han sido retados a un arrepentimiento verdadero, en humildad y con corazón contrito, para que puedan disfrutar de esa indescriptible relación con Elohim. “Muchos me dirán en aquel día: Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos milagros? Y entonces les declararé: Nunca os conocí, apartaos de mí, violadores de la Torah” – Mateo 7:22-23.
“YHVH peleará por vosotros, y vosotros estaréis tranquilos. Entonces YHVH dijo a Moisés: ¿Por qué clamas a mí? Di a los hijos de Israel que marchen” (Exodo 14:14-15)
Israel se hallaba entre el Faraón y el mar y le dicen a Moisés: “mejor nos fuera servir a los Egipcios, que morir nosotros en este desierto” — acababan de ser milagrosamente liberados de la esclavitud, y ya se encontraban cara a cara con la más terrible amenaza para su existencia. Pero la prueba no era el Faraón, ni su ejército, la verdadera prueba aquí, era una prueba de confianza. ¿Sería capaz Israel de confiar en YHVH quien los había sacado con milagros de Egipto, y reposar totalmente sabiendo que volvería a obrar y los liberaría de nuevo? YHVH le dice a Moisés: ¿Por qué clamas a mí? Dile a Israel que marche — Pablo en 1 Corintios 10 dice que todo lo que vivió Israel en el desierto, es ejemplo para nosotros, así, que: marchemos, sigamos adelante, las pruebas, obstáculos, amenazas no son mas que señales de nuestra liberación, de que nos escapamos de las garras del enemigo, y YHVH ha prometido que quien se levante contra nosotros, delante de nosotros caerá. No temamos renunciar a lo que tenemos que hacerlo, nuestro Padre está ahí, justo donde lo necesitamos. Shalom
“Perdónanos… como también nosotros perdonamos” (Mateo 6:12)
La misericordia se entiende mejor cuando hemos tenido necesidad no solo de darla sino de recibirla. Es un regalo maravilloso, pero difícil de dar cuando hemos sido ofendidos. Nuestra naturaleza humana lucha y no está dispuesta a darla, no es fácil perdonar. Pero cuando nos encontramos en la posición opuesta y hemos sido los ofensores y necesitamos de ese perdón, podemos darnos cuenta del precio tan alto que tiene semejante regalo. No es lo mismo dar que pedir, pero con relación a las ofensas y el perdón, tanto el perdonar como el pedir perdón, es igualmente doloroso y difícil. Necesitamos que el Ruaj nos revele y enseñe el maravilloso secreto que hay en dar o pedir perdón, los beneficios son innumerables. Cuando hay amargura en nuestro corazón causada por ofensas o cuando el orgullo nos impide aceptar que hemos ofendido, todo nuestro ser es afectado, sutilmente, sin darnos cuenta, empezamos a sufrir física, moral y espiritualmente y lo que el perdón hace, es traer sanidad total a nuestro ser.
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