“Buena es la sal; mas si la sal se hiciere insípida, ¿con que se sazonará? Ni para la tierra ni para el muladar es útil; la arrojan fuer. El que tiene oídos para oír, oiga” (Lucas 14:34-35)
La sal es la única roca/piedra comestible, esencial para la vida, mantiene el equilibrio acido / base del cuerpo, regula el ritmo del músculo cardíaco, controla el agua en el cuerpo, permite la absorción de nutrientes. En la antigüedad se le llamaba el “oro blanco” y se usaba para preservar los alimentos, desinfectar heridas, purificar objetos, y pagar sueldos (salario = sal por el oficio diario). Entre las cualidades está su durabilidad, no se puede destruir. Es de gran valor, el cual es intrínseco = es su sabor. En la Escritura de Lucas 14, Yahushua dice que si la sal pierde si sabor, no sirve para nada, ni para el muladar. Recuerde que el valor de la sal es su sabor, es decir, sin el sabor la sal no es sal, no importa cuánto quiera llamarse sal, no lo es. Ahora para perder algo, hay que poseerlo primero, así que Yahushua le está hablando a gente que conoce la sal y su valor (La Torah y sus instrucciones de vida que hay en ella). Por consiguiente, perder el sabor es apartarse de Elohim y Su Torah (instrucciones), es perder la identidad como pueblo de Elohim y cuando tal cosa pasa, no servimos ni para el muladar, somos pisoteados fácilmente por vientos de doctrinas, dogmas de hombres y cuando menos pensamos, no hay ninguna identidad en nosotros. Es como un vaso de coca-cola con agua, no es coca-cola, ni es agua, no podemos identificar ese líquido con ninguna de las dos. Estamos llamados a ser saleros y llenar con el sabor de la sal (Torah), el mundo. La sal purifica, separa y conserva, pidámosle al Eterno Elohim que nos guarde para que no perdamos el sabor, la esencia de ser sal útil para Su reino.
“Tu reino es reino por todos los siglos, y tu dominio por todas las generaciones” (Salmo 145:13)
Cuando leo sobre las monarquías en la tierra, veo como las personas que son gobernadas por un rey entienden a cabalidad los protocolos y ordenanzas del rey y del reino, se ciñen a ellos y no tienen ninguna objeción en cumplirlos, porque saben que es por su bien y para su protección. Nuestra cultura es ajena a estas costumbres pues no hemos estado sometidos a una monarquía, pero cuando entendemos que nuestro Rey es el Rey de Reyes y Señor de Señores, eso nos debe bastar para postrarnos de rodillas ante su Majestad y cumplir con sus órdenes a cabalidad, punto por punto de la Torah, además no podemos olvidar que obedecer es primordial para estar siempre en su Reino. Aunque a muchos les parezcan absurdo, las leyes del Reino, deben prevalecer por encima de nuestros intereses o gustos, pues no se trata de mí, sino de ÉL y EL REINO DE YHWH DEBE PREVALECER. “Por lo cual, puesto que recibimos un reino que es inconmovible, demostremos gratitud, mediante la cual ofrezcamos a Dios un servicio aceptable con temas y reverencia” — Hebreos 12:28.
“No os conforméis a este siglo (sistema), sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Elohim, agradable y perfecta” (Romanos 12:2)
Para que se lleve a cabo esta renovación necesitamos recuperar la unidad de alma y mente que Adán tenía y que perdió al desobedecer a Elohim. Necesitamos la mente del Mesías para poder conocer con certeza todo lo que es nocivo para nuestra alma. Mucha gente aún sigue sufriendo por emociones moribundas, que no terminan de desaparecer por la falta de auto-estima y de paz interior. Continúan viviendo exiliados de ellos mismos, sin poder disfrutar de la verdadera libertad espiritual que se obtiene cuando el Ruaj HaKoddesh transforma nuestro ser e implanta la Torah en nuestros corazones. Lo triste es que muchos ni siquiera se dan cuenta que algo anda mal en su interior, aun no disfrutan de la vida abundante que el Mesías Yahushua prometió a sus discípulos, vida abundante que se obtiene obedeciendo la Torah y haciendo de ella el código de conducta que guía nuestra vida diaria. Es la disciplina de la Torah lo que restaura nuestra alma y mente, es decir desarrolla en nosotros carácter, y la mente de Yahushua que nos capacita para vivir rectamente comprobando la voluntad agradable y perfecta de Elohim para cada uno de nosotros. Para desarrollar ese carácter y fortalecer nuestra confianza en El, Elohim a veces permite que la tribulación toque nuestra puerta. Pablo nos exhorta a no conformarnos, es decir no acostumbrarnos a este sistema del mundo. El pueblo de Israel sufrió y sigue sufriendo porque siempre han querido ser como las demás naciones. Cuando nuestro corazón ya no anhelen los caminos de los gentiles (mundo), seremos inmunes a su influencia. Si el mundo aún apela a tus sentidos, debes empezar a entrenar tu corazón en la construcción de carácter, respeto, honor, disciplina y responsabilidad que son la base de la Torah.
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