“Os he puesto delante la vida y la muerte, la bendición y la maldición; escoged, pues, la vida, para que vivas tu y tu descendencia” (Deuteronomio 30:19)
La salvación ilustrada en los cuarenta años por el desierto, está disponible para todo aquel que cree y obedece. Es un llamado al corazón para tomar el camino del desierto y guiado por el amoroso Padre Celestial, ir a ese lugar de aparente soledad y aridez y aprender a oír Su voz y seguir Su Torah sin discutir ni pelear contra Quien quiere llevarnos a la Tierra que fluye leche y miel. En Etam, Israel debe evaluar su llamado a seguir a Elohim, desprovisto de su auto-protección y auto-preservación o dependencia de su opresor (Egipto) y seguir a Elohim. Igualmente nosotros, tenemos la oportunidad en Etam de evaluar y decidir si queremos seguir aferrados al sistema y sus caminos, o seguimos a Elohim sin contemplar más las ataduras de Egipto. Debemos tener presente que durante el peregrinaje vamos a creer que los métodos del sistema son más seguros, pero solo la confianza puesta en nuestro Adonai nos sostendrá y dará la seguridad de que es mejor caminar por el desierto con YHVH, que dormir en cama de esclavitud. En Etam los hijos de Israel empezaron a cambiar de enfoque. Ellos contemplaron lo que dejaron y fijaron sus ojos en el futuro que tenían delante de ellos con YHVH. Etam es el lugar donde decimos si seguimos o no.
“Y manifiestas son las obras de la carne, que son: adulterio, fornicación, inmundicia… celos, iras, contiendas… envidias, homicidios, borracheras, orgía y cosas semejantes” (Gálatas 5:19-21)
¿Quién de toda esa multitud que salió de Egipto estaba libre de estas cosas? Y ¿Qué santo moderno no tiene que luchar con estas cosas? A muchos nos han dicho que la llegada a la Tierra Prometida no tiene que ver con el comportamiento, sino con la promesa. Si ha habido una prueba contundente de lo contrario, esa es el viaje por el desierto. Fue esta lista descrita en Gálatas, activa en ellos lo que hizo que se revelaran contra Elohim diez veces a través de todo el viaje. Esos primeros ocho días viajando por el desierto con pan sin levadura, simbolizan nuestro proceso de limpieza de todo pecado. El pueblo siempre anduvo bajo la columna de nube y la columna de fuego, guiados por Elohim. El camino por el desierto debe hacerse en mutua cooperación con el Ruaj, si queremos llegar al final del camino. Cuando amamos, amamos honrar ese amor. Cuando no podemos o no sabemos amar o como responder a ese amor, distorsionamos el amor en permisividad, llegando a hábitos corruptos, como los enumerados en Gálatas 5. El comportamiento revela actitudes, y las actitudes revelan el carácter de la persona. “Por sus frutos los conocerás” – Mateo 7:20. Hebreos 3:7-11 = Salmo 95:7-11.
“Huid de en medio de Babilonia, y librad cada uno su vida, para que no perezcáis a causa de su maldad…” (Jeremías 51:6)
Ahora, YHVH no está llamando a Su pueblo a salir de Egipto o Babilonia, El nos está llamando a HUIR de allí. Y para huir de un lugar, debemos tener nuestros ojos fijos en el objetivo, Canaan. Solo motivados por nuestro futuro en el Reino del Mesías, al lado de nuestro Padre Celestial, podemos huir y dejar todo aquello que nos esclaviza. ¿Huir de qué? Pablo en Gálatas 5:19-21 enumera las características de aquellos que no logran terminar el viaje por el desierto, de aquellos cuyos cuerpos quedan en el desierto, de aquellos que no heredan. Todas estas cosas de las que debemos huir, eran las que Israel, tenía que analizar, debía contar el costo. Estas mismas cosas siguen vigentes hoy en día, siguen siendo evidencia de quienes continúan en Egipto.
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