“Ojalá hubiéramos muerto por mano de YHWH en la tierra de Egipto, cuando nos sentábamos a las ollas de carne, cuando comíamos pan hasta saciarnos; pues nos habéis sacado a este desierto para matar de hambre a toda esta multitud” (Éxodo 16:3)
El pueblo en vez de dar gracias por la liberación, empezó a quejarse de las condiciones y empezó a añorar a Egipto, quisieron volver a hacer ladrillos para los monumentos de Faraón. Añoraron todo el confort de Egipto aunque fueran esclavos, la esclavitud enceguece cuando el pueblo se acostumbra. “Si Israel no hubiera probado el pan de los Egipcios, no hubieran permanecido allá en exilio, ni los Egipcios los hubieran podido oprimir” – Rabino Hiya, Zohar 2, pp.6ª, 6b. El orgullo y el ego son los ladrillos que construyen fortalezas en nuestra mente. Nuestra carne solo hace lo que la mente le dice. Somos esclavos cuando elegimos serlo, se dice que nadie extraña lo que no conoce, así que es ese conocimiento del pecado y de hábitos fuera de los parámetros de Elohim lo que nos esclaviza. Esclavitud es decidir ser controlado por la realidad del mundo físico de los sentidos, del árbol del conocimiento del bien y del mal, por consiguiente, no tenemos opción acerca de cómo actuar, sino que simplemente reaccionamos a las emociones, sentimientos y a los pensamientos no renovados por el Espíritu. La esclavitud es tan fuerte que perdemos la habilidad de tomar decisiones de acuerdo a la Torah. Así que si no podemos decidir cómo actuar, es porque somos esclavos de algo, y esa esclavitud nos dictamina como relacionarnos con el mundo y con la gente. No podemos permitir que Egipto permanezca dentro de nosotros, no podemos añorar la carne y el pan de los egipcios. Esas ollas egipcias son la religión, hábitos, creencias, percepciones, prácticas, prejuicios, juicios, forma de vivir y enseñanzas que han condicionado nuestra mente para pensar, caminar y hablar como egipcios (sistema). Esos deseos de volver al sistema, esa pasión y ambición por ser como las demás naciones, son consecuencia de haber comido mucha carne y pan leudado de los egipcios. “¿No sabéis que si os sometéis a alguien como esclavos para obedecerle, sois esclavos de aquel a quien obedecéis, sea del pecado para muerte, o sea de la obediencia para justicia?” – Romanos 6:16. Escojamos ser esclavos de la obediencia para justicia.
“Pero sed hacedores de la palabra, y no tan solo oidores, engañándonos a vosotros mismos… La religión pura y sin mácula delante de Elohim es esta: Visitar a los huérfanos… y guardarse sin mancha del mundo” (Santiago 1:22-27)
Si nuestra vida tiene que ser coherente con lo que creemos, y lo que creemos debe estar de acuerdo con el mensaje de las Escrituras, más vale que entendamos las Escrituras. Santiago dice que se puede ser oidor solamente engañándonos a nosotros mismos. Engañar H3884 = persuadirse a uno mismo de algo que no es cierto. Es la misma palabra usada por Pablo en Colosenses 2:4 “Y esto digo para que nadie os engañe con palabras persuasivas”. Luego, Santiago explica lo que es la religión pura y sin mácula; para muchos visitar los huérfanos, y las viudas no acarrea ningún problema y lo hacen con frecuencia si es necesario, es una conducta externa que muchos toman como termómetro de santidad, pero guardarse sin mancha del mundo, es algo como ser santurrón y no va con ellos. Pero, Santiago no solamente dice que debemos guardarnos del mundo, en el versículo 21 dice claramente que debemos desechar toda inmundicia y abundancia de malicia. ¿Se imagina el impacto de una enseñanza semejante en un púlpito hoy en día? La gente no habla mucho de santidad porque creen que para ser salvo solo hay que creer y no entienden o se les olvido que lo que uno cree determina lo que hace. Santiago está aquí hablándole a gente que ha escuchado la palabra y cree que pueden arreglársela con YHWH con menos requisitos, que muchos de esos mandamientos no son para hoy. Si usted no actúa de acuerdo con lo que dice creer, entonces no cree en lo que dice creer. Simple, si usted dice que creer en Yahushua y amarlo “El que me ama, mi palabra guardará” “El que no me ama, no guarda mis palabras” – Juan 14:23-24. Pero aquel que sabe que es un hijo de Elohim y tiene su esperanza en El “se purifica a sí mismo, así como El es puro” – 1Juan 3:3. Solo permaneciendo o viviendo dentro de los límites establecidos en la Torah, podemos cumplir con los requisitos establecidos por YHWH. Lo que usted cree determina lo que hace, no lo olvide. Puede ser un creyente intelectual creyendo una mentira, el que cree en la Verdad, en el Camino, vive de acuerdo a ella y no solo es oidor sino hacedor.
“Nabab y Abiú, hijos de Aarón, tomaron cada uno su incensario, y pusieron en ellos fuego, sobre el cual pusieron incienso, y ofrecieron delante de YHVH fuego extraño, que él nunca les mandó. Y salió fuego de delante de YHVH y los quemó, y murieron delante de YHVH” (Levítico 10:1-2
Muchos hoy en día quieren adorar, servir, seguir y orar a Elohim a su manera. De acuerdo al antiguo eslogan de Burger King “hazlo como quieras”. Sus intenciones pueden ser buenas, pero sus métodos no están en línea con los de Elohim. Nabab y Abiú, los hijos de Aarón, eran buenos chicos, amaban a Elohim y habían sido consagrados junto con su padre para el servicio a YHVH, y como muchos hoy, sus intenciones probablemente fueron buenas, pero su historia quedó grabada en las Escrituras como ejemplo para nosotros de que las buenas intenciones no son suficientes. Elohim tiene establecido un orden, y es a la manera de Él, o no hay manera. Ninguno de nosotros tiene el derecho de decidir como servir a Elohim. Nadie tiene el derecho de intentar “mejorar Su plan o Su Torah”. Este fue el pecado de Nabab y Abiú y les costó la vida. En toda la historia de la humanidad, solo ha habido UNA revelación de Su voluntad y Su Camino – en el Monte Sinaí, al pueblo de Israel. Tratar de cambiar algo en la Torah, o reemplazar algo en Su palabra por nuevas ideas o teologías, no importa cuán maravilloso parezca el seguirlas, sigue siendo hoy, el pecado de Nabab y Abiú. Tal vez no vean un rechazo y castigo inmediato como en el caso de los hijos de Aarón, pero tarde o temprano, el día de ajustar cuentas llegará para todos aquellos que han tenido la osadía de “alterar” la Torah y el plan de Elohim, o en alguna forma denigrar de la Torah llamándola; incompleta, obsoleta o irrelevante. La Torah, es la Palabra Eterna de Elohim, y como escribió el Salmista; “Para siempre, oh YHVH, permanece tu Torah (Palabra) en los cielos” – Salmo 119:89. En su inquebrantable llamado a una vida de obediencia, la Torah no da cabida para que cualquiera, individualmente “invente” su propia práctica religiosa para servirle a “mi manera”. Con YHVH es a Su manera o no hay manera. El nos dio un Manual de funcionamiento completo para saber qué hacer en caso de, para saber cómo adorarlo, servirle, que guardar y de que abstenernos. Oremos para que no seamos hallados presentando fuego extraño delante de YHVH.
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