“Bienaventurados los pobres en espíritu, porque de ellos es el Reino de los cielos” (Mateo 5:3)
Antes que Elohim creara al hombre, primero preparó para él un mundo lleno de cosas útiles y agradables para su deleite y gozo. Fueron hechas para el hombre pero debían permanecer como cosas externas a él, muy profundo en su corazón había un santuario donde solo Elohim podía entrar. Dentro de él estaba YHVH y era quien gobernaba su vida. Pero el pecado complicó las cosas e hizo que aquellos regalos y bendiciones, se convirtieran en su ruina. Nuestro dolor empezó cuando Elohim fue echado fuera de Su santuario (corazón) y se le permitió a todas esas cosas que habían sido creadas para uso del hombre, entrar en el corazón y tomar el lugar de Elohim. El hombre por naturaleza ya no tiene paz en su corazón porque YHVH ya no es el centro de él. Ahora son las cosas y la ambición por acumularlas lo que gobierna al hombre. Esta no es una simple metamorfosis, es un minucioso análisis de nuestra realidad espiritual. Muy dentro del corazón hay raíces de una vida caída cuya naturaleza es poseer y poseer. Desea cosas con pasión y los pronombres “mi” y “mío” suenan inofensivos, pero su uso constante y universal es muy significativo. Expresan la verdadera naturaleza adámica del hombre. Son el síntoma mas visible de nuestra enfermedad. Las cosas se han vuelto tan necesarias, que lo que una vez fueron regalos de Elohim, se han convertido en nuestro elohim. Han tomado Su lugar. Mientras más posee el hombre, mas teme perder y recordemos que aquello que tememos perder, ese es nuestro dios.
“Despojémonos de todo peso y del pecado que nos asedia y corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante, puestos los ojos en Yahushua, el autor y consumador de la fe” (Hebreos 12:1-2)
La vida del creyente es como una carrera. En una carrera no cuenta como se inicia sino como termina. Nuestra carrera no es una de gran velocidad, sino una de larga distancia que requiere compromiso y perseverancia y para correr como se debe, debemos: 1. despojarnos de todo peso que nos impide caminar bien. Puede ser cosas insignificantes o buenas en si pero que Elohim no nos mando a hacer y en vez de ayudarnos en el camino, obstaculizan nuestro paso. 2. Debemos correr con paciencia, es decir; que nada ni nadie nos haga mirar atrás, que jamás perdamos de vista la meta final, puede haber oposición y aun sufrimiento, pero el Amor de Elohim nos mantendrá en la carrera. 3. Con nuestros ojos fijos en Yahushua. En una carrera los ojos del atleta siempre están fijos en esa línea final, en el premio, en la gloria, en la aclamación, jamás se desvían del objetivo. deben estar fijos en Yahushua durante toda la carrera, de principio a fin si queremos ganar. Hebreos dice que hay una gran nube de testigos que corrieron antes de nosotros y terminaron, no por lo que ellos eran, sino porque perseveraron como viendo al Invisible. No desmayemos.
“De cierto de cierto os digo, que si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda solo; pero si muere lleva mucho fruto” (Juan 12:24)
Cuando escucho a mis amigas hablar sobre los problemas que tienen con sus hijos adolescentes porque las reglas del hogar están interfiriendo con sus deseos de hacer lo que quieren y como los padres lindos que amaban cuando eran niños, de pronto se han convertido en viejos odiosos y que no los aman; no deja de sorprenderme la similitud de esta actitud con la relación amor-odio que tienen muchos creyentes con YHVH. Aman todas las Escrituras que tienen que ver con confort, prosperidad, protección, y tienen un dicho que ya es famoso entre ellos: “esta es la vida que nos merecemos”. Pero cuando YHVH habla de: perdonar, dar, renunciar, dedicar tiempo para YHVH, ya deja de ser atractivo y la vida del Reino se vuelve aburrida. Si les dices que vienen tiempos difíciles y debemos estar preparados, su respuesta es: “Elohim es amor y no va a permitir que sus hijos sufran”. Mi pregunta es: ¿No ama YHVH a todos esos creyentes que en estos momentos están sufriendo persecución, encarcelamiento y tortura por creer en el Mesías, en China, la India y los países árabes? ¿Qué tiene de especial esta iglesia facilista, cómoda y perezosa de occidente para creer que la tribulación de estos tiempos no la va a tocar? “El que ama su vida, la perderá; y el que aborrece su vida en este mundo, para vida eterna la guardará” Mas vale que empecemos a amar aquello que odiamos y a vivir como Elohim quiere que lo hagamos.
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