“¿No es El tu padre que te creó? El te hizo y te estableció” (Deuteronomio 32:6)
Sabemos que somos el producto de un proceso natural. Pero, ¿es solo eso? Si fuéramos el producto de un proceso natural únicamente, entonces nada importaría, la existencia, conciencia, deseos, amor, todo no sería otra cosa que eventos físicos. La vida no tendría sentido, aun las relaciones no tendrían propósito. Los valores, estándares morales y éticos no tendrían bases, serían solo preferencias y deseos. Para muchos eso es exactamente, por eso no debe sorprendernos que las sociedades hoy en día corran desbocadas hacia una anarquía moral. Pero muchos sabemos que la vida si tiene sentido. Sabemos que las relaciones, especialmente las más íntimas no son producto del azar, y la relación padre - hijo es crucial para entender esto, porque nos da identidad y pertenencia, porque se deriva del Padre Eterno — “Porque en El vivimos y nos movemos…” Hechos 17:28. YHVH es el origen de todo, de nuestra vida, que use elementos secundarios como nuestros padres terrenales para traernos a este sistema, es irrelevante. Existimos porque YHVH así lo ha querido, El maneja las cuerdas de nuestra vida y saberlo nos debe dar tranquilidad y paz, porque aunque nuestros padres terrenales falten, YHVH está ahí, nuestro Padre Celestial siempre está presente ayudándonos a entender que la vida tiene un propósito y que solo lo podemos cumplir en El.
“¿Para qué me sirve dice YHWH, la multitud de vuestros sacrificios?... ¿Quién demanda esto de vuestras manos, cuando venís a presentaros delante de mí para hollar mis atrios?” (Isaías 1:11-12)
El libro de Isaías empieza pronunciando un juicio sobre la gente en términos de la rutina diaria de adoración en el Templo. La conexión entre la adoración y vida diaria en el Templo con las relaciones sociales y la vida del creyente, es inquebrantable. Es decir, la adoración no tiene ningún valor si nuestra vida diaria no está conformada a la Torah, si estamos oprimiendo a otros o viviendo una vida incorrecta. Hoy en día, el creyente fácilmente separa estas cosas, la vida en la iglesia, la adoración y todo el ritual involucrado, incluyendo cultos de alabanza, etc., son una cosa, y su vida diaria, social, laboral, emocional, es otra. Isaías en este capítulo 1, nos recuerda que el Elohim de Abraham no reconoce tal separación. La calidad de nuestra adoración como individuos y como comunidad, depende de la calidad de nuestra vida. El Templo y su ministerio, era el centro de la vida judía y su significado espiritual está explícito en todo el recuento de los Evangelios, muchos de los eventos del ministerio del Mesías giran alrededor del Templo. Yahushua vio la condición del corazón del pueblo, a través del Templo – “Y haciendo un azote de cuerdas, echó fuera del Templo a todos, y las ovejas y los bueyes; y esparció las monedas de los cambistas, y volcó las mesas… Quitad de aquí esto, y no hagáis de la casa de mi Padre, casa de mercado” – Juan 2:15-16. Nada diferente a hoy en día. Luego predice la destrucción del Templo – “¿Ves estos grandes edificios? No quedará piedra sobre piedra, que no sea derribada” – Marcos 13:2. Destruir el Templo era destruir la vida misma del pueblo judío, pero como habían hecho del Templo el centro de una vida corrupta y alejada de Elohim, tanto que como dice en Isaías, lo sacrificios eran abominación para YHWH, era necesario destruirlo. “¿Vendréis y os pondréis delante de mí en esta casa sobre la cual es invocado mi nombre, y diréis: Librados somos, para seguir haciendo todas estas abominaciones? – Jeremías 7:10. No importa cuánto vayamos al templo, ni cuánto nos postremos y adoremos, todo será abominación a YHWH si nuestra vida no es recta y conforme a la Torah.
“Yo soy Elohim, y no hay otro Elohim, y nada hay semejante a mí, que anuncio lo por venir desde el principio, y desde la antigüedad lo que aún no era hecho” (Isaías 46:9-10)
Ambos, el Israel antiguo y el futuro encuentran refugio en el desierto. En ambos casos, el lugar ha sido pre-organizado por YHVH mismo. El propósito de este retiro, es para instruir a Su pueblo sobre cómo vivir kaddosh – separado. La Torah, Su instrucción, es el alimento espiritual y mientras nutría dando instrucción y profecía al antiguo Israel, nos nutría a nosotros que leemos lo por venir desde el principio. En el Sinaí, el pueblo fue invitado a estar con el Eterno Elohim en forma personal. El habitó con ellos a través del Tabernáculo. El les reveló Su carácter a través de la Torah. El los confortó de día y de noche con su presencia visible en medio de ellos. Esta es una hermosa imagen y promesa para su pueblo, aquellos que son fieles, en los últimos tiempos. Si caminamos en santidad, separados a través de Su Torah, de Su poder, seremos el Tabernáculo donde habite Su gracia. Si nos deleitamos en Su Torah y meditamos en ella como el medio para conocer el corazón del Padre Celestial, conoceremos Sus caminos así como Moisés. Y si rechazamos la idolatría y mezcla profana de adoración que el sistema religioso practica, y adoramos a YHVH en Espíritu y verdad, seremos invitados a servir al Padre como reyes y sacerdotes de Su reino.
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