“Pues aunque andamos en la carne, no militamos según la carne” (2 Corintios 10:3-6)
Tan pronto somos trasladados del reino de las tinieblas al Reino de la luz, entramos en guerra, una guerra que debemos pelear diariamente. Guerreamos en nuestra mente, batallamos con nuestros pensamientos y emociones que no paran. El enemigo con frecuencia nos ataca trayendo a la memoria cosas de nuestro pasado, fallas, heridas, traumas que tienen el poder si se lo permitimos, de arrastrarnos en desánimo, duda, oscuridad y angustia. Nuestro reto, es no responder a estos recuerdos o eventos del pasado con nuestro viejo patrono de mente caída, sino aperarnos del Espíritu de poder, amor y dominio propio que nos ha dado YHVH, y no olvidar que el Ruaj está constantemente desarrollando en nosotros, a la través de la Torah, la mente del Mesías. Obviamente que no olvidamos de donde nos ha sacado el Padre, solo que no permitimos que esos pensamientos nos controlen, sino que los llevamos cautivos y proseguimos a la meta para la cual fuimos llamados.
“En lugares de delicados pastos me hará descansar; junto a aguas de reposo me pastoreará” (Salmo 23:2)
El Salmo 23 me recuerda el Shabbat. Ese reposo que nos permite descansar físicamente. Es como un oasis en el desierto de la vida. Como estar en un cascarón, protegidos de los retos y problemas de la vida diaria. Un día para olvidarnos de todo y enfocarnos solo en nuestro Creador. Es como experimentar un pedacito de la eternidad. Cuando guardamos el Shabbat como nos lo ordena YHVH, experimentamos gozo, bendición, amor, paz. En este día YHVH restaura nuestra alma, nos guía por sendas de justicia, nos revela Su voluntad. El Shabbat es un regalo del Padre, es una señal entre YHVH y su pueblo de que estamos separados para Él, es un ensayo para ese milenio en que reinaremos con Él. Y es una Santa Convocación, un día especial y un mandamiento perpetuo. Isaías 58:13-14 nos dice como guardar el Shabbat — “No hacer nuestra propia voluntad — llamarlo delicia, santo, día glorioso de YHVH — honrarlo no andando en nuestro propio camino — no hablar nuestras propias palabras (es decir deleitarnos en la Torah) — Entonces, YHVH nos hará subir sobre las alturas y nos dará a comer la heredad de Jacob. ¡Aleluya! Shabbat Shalom
“Y ahora nuestra alma se seca; pues nada sino este maná ven nuestros ojos” (Números 11:6)
YHVH estaba enviando maná diariamente para alimentarlos. Uno pensaría que el pueblo permanecía maravillado viendo semejante milagro todos los días. YHVH les enviaba diariamente semejante delicia, caía del cielo, y alimentaba miles de miles, nadie pasaba hambre, había para todos. Pero después de unos días, se volvió algo común y hasta aburridor para ellos. Veían el milagro todos los días, pero ya querían algo diferente. Parece que el hombre tiene el hábito de acostumbrarse a las bendiciones y da por hecho que están ahí siempre. Ralph W. Emerson dijo “Si las estrellas salieran una noche cada mil años, todos pasarían la noche contemplándolas maravillados”, pero como salen todas las noches y las vemos con tanta frecuencia no les damos importancia, sin embargo son al igual que el maná, que nuestra vida con sus cuidados, que nuestra salud sostenida por el Padre, que el levantarnos cada día y ver el sol de nuevo, un verdadero milagro. No dejemos pasar ni un solo momento sin contemplar, maravillarnos y agradecer las bendiciones de nuestro Padre.
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