“Entrad por sus puertas con acción de gracias, por sus atrios con alabanza; alabadle, bendecid Su nombre. Porque YHVH es bueno; para siempre es Su misericordia” (Salmo 100:4-5)
Hoy quiero decir: Gracias Padre. Gracias por el día de hoy. Gracias por hacernos libres. Gracias por mostrarnos Tu gloria a través de todos los detalles diarios de nuestra vida. Gracias por Yahushua. Gracias por darnos Tu Torah y separarnos para ti. Gracias por abrir nuestro corazón a la belleza de tus mandamientos y por grabarlos dentro de él. Gracias por el Ruaj Hakoddesh que nos sostiene y guía a través del camino. Gracias por hacer las cosas tan perfectas. Gracias por darnos un Cordero Pascual que diera Su vida por nosotros. Gracias por esa Pascua hace miles de años y por permitir que fuera hecha realidad en nuestro Mesías para mostrarle al mundo quien era El. Gracias por mostrarnos a través de Tus Fiestas que hay mucho más, que todavía falta mucho para ver de Tu gloria y de tus promesas. Gracias por nuestras familias. Gracias por los amigos y aún por aquellos que no nos aman. Gracias por estos últimos días y por todo lo que nos has permitido pasar. Gracias por mostrarnos que todo tiene un propósito, aunque inicialmente no lo entendamos. Gracias por continuar obrando en nuestras vidas, por cambiar nuestro corazón, por darnos esperanza, por fortalecernos en medio de la prueba, por manifestar tu amor y cuidado por nosotros de formas tan maravillosas. Gracias por un día más que nos permites vivir para ver Tu obra – Tu extraña y maravillosa obra. Gracias por la salud y por los milagros que haces para mantenernos en pie. GRACIAS YHVH – GRACIAS TE DAMOS.
“En aquel día, dice YHVH de los ejércitos, yo quebraré su yugo de tu cuello, y romperé tus coyundas, y extranjeros no lo volverán más a poner en servidumbre” (Jeremías 30:8)
No es fácil vencer dificultades. A través de los cuarenta años que Israel pasó en el desierto, tuvo que enfrentar muchos problemas y la mayoría de las veces, quiso resolverlos regresando a su lugar de esclavitud. A veces nos preguntamos, ¿cómo un pueblo libre quiso tantas veces volver a ser esclavo? No es nada diferente a nosotros hoy. A veces la lucha por seguir adelante parece más difícil que el regresar a la zona de confort así sea de esclavo. Esa es la dependencia por la cual muchos permanecen en relaciones incomodas e indeseadas, dependientes de la persona que les maltrata y deshonra. El miedo al futuro les hace permanecer ahí. Cuando no se desarrolla una fe genuina, basada en la Torah y en la obra redentora del Mesías, el temor es el sentimiento que maneja la vida. Existe codependencia entre esposos, entre empleador y empleado y lo peor, existe codependencia entre líderes espirituales manipuladores y la gente en su congregación. El miedo a ver más allá de las supuestas iluminadas enseñanzas del líder, hace del pueblo de Elohim, un pueblo esclavo. Creen ser libres, pero tienen un yugo denominacional pegado a su cuello. “Por tanto, así ha dicho YHVH Elohim de Israel a los pastores que apacientan mi pueblo: vosotros dispersasteis mis ovejas, y las espantasteis, y no las habéis cuidado. He aquí que yo castigo la maldad de vuestras obras, dice YHVH” – Jeremías 23:2. Pero YHVH ha prometido romper su yugo de tu cuello, busca la verdad, busca la Torah, busca las raíces hebreas de tu fe, busca a Yahushua como el rabino judío que murió y abrió el camino al Padre por ti. No es el mismo que las religiones te presentan vestido de túnica greco-romana. José no pudo ser conocido por sus hermanos cuando llegaron a Egipto, porque estaba vestido de egipcio, no debe extrañarnos porque el pueblo judío hoy en día no acepta al Mesías que le presenta el cristianismo, vestido como occidental hasta con nombre cambiado. Quienes aceptamos al Mesías como nuestro salvador, somos el pueblo de Elohim, somos Israel, judíos y gentiles injertados, pero todos siguiendo un mismo Salvador, Yahushua el Mesías y un mismo Padre, YHVH de los ejércitos.
“Entonces vino Amalec y peleó contra Israel en Refidim” (Éxodo 17:8)
Israel encuentra su primer enemigo en el desierto, tan pronto bebe del agua de la Roca. Pero, no era un enemigo desconocido. Amalec era hijo de Elifaz y nieto de Esaú, hermano de Jacob (Israel), quien cientos de años atrás había hecho una promesa – “Y aborreció Esaú a Jacob por la bendición con que su padre le había bendecido, y dijo en su corazón: Llegarán los días del luto de mi padre, y yo mataré a mi hermano Jacob” – Génesis 27:41. Esaú es Edom, padre de los Edomitas – Génesis 36:43. En otras palabras, Israel se encuentra con su viejo enemigo, su propio hermano, su propia carne. Pelear con un enemigo conocido, sabiendo que YHVH está de nuestra parte, es una victoria segura. Ese día Israel venció a Amalec y YHVH prometió: “di a Josué que raeré del todo la memoria de Amalec de debajo del cielo” – Éxodo 17:14. Todos tenemos nuestro Amalec, todos tenemos nuestras luchas y de todas ellas nos librará YHVH si nuestra confianza está en El y no en nuestras propias fuerzas. Israel venció no con sus fuerzas, no porque fueran expertos guerreros, sino porque la presencia de YHVH estaba en medio de ellos. Israel acababa de beber del agua de la Roca, estaban fortalecidos y podían enfrentar a su enemigo. Donde sea que YHVH nos lleve, como nos lleve y cuando nos lleve, debemos estar seguros de que Su poder nos sostiene, Su sabiduría nos guía, Su amor nos guarda.
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