“YHVH es la porción de mi herencia y de mi copa; tu sustentas mi suerte” (Salmo 16:5)
Después de la muerte de Moisés, Josué fue el encargado de entrar al pueblo a la tierra prometida y de repartir la tierra. Cada tribu recibió su porción de heredad, excepto la tribu de Levi – “Y YHVH dijo a Aaron: de la tierra de ellos no tendrás heredad, ni entre ellos tendrás parte. Yo soy tu parte y tu heredad…” – Números 18:20. “Pero los levitas ninguna parte tienen entre vosotros, porque el sacerdocio de YHVH es la heredad de ellos” – Josué 18:7. Las tribus recibían su porción y ese era su sustento, su tierra, su posesión. 1 Pedro 2:9 dice que somos real sacerdocio, así que nuestra heredad es YHVH, nuestra porción, El es suficiente para nosotros, es nuestro sustento, nuestro médico, nuestro consuelo, nuestra guía, nuestra torre fuerte y refugio. Toda nuestra vida depende de El porque: “en El vivimos y nos movemos y somos” – Hechos 17:28. Él es la porción de nuestra herencia, podemos ir a Él, seguros de que tendrá cuidado de nosotros, nunca nos dejará ni nos abandonará. Selah
“Después volverán los hijos de Israel, y buscarán a YHVH su Elohim, y a David su rey; y temerán a YHVH y a su bondad en el fin de los días” (Oseas 3:5)
Una oración que frecuentemente se escucha al final de los servicios de los judíos ortodoxos es: “Ani Ma'amin” que significa “Yo creo”. La oración completa es: “Yo creo con perfecta fe en la venida del Mesías; y aunque se tarde, yo espero cada día su venida”. Yahushua no lleno las expectativas de los fariseos en su primera venida porque estaban celosos de él y estaban enfocados en un rey victorioso, en el “Meshiach ben David”, que reinaría desde el trono de David, traería juicio sobre los inicuos y restauraría el templo y el reino a Israel. Pero, aunque se perdieron la primera venida del verdadero Mesías, ellos siguen alimentando la esperanza de su venida. A pesar del exilio, de la persecución siguen con la esperanza de que un día vendrá y restaurará todas las cosas. Si ellos en medio de todo siguen esperando, ¿cuánto más nosotros que ya conocemos al verdadero Mesías y que sabemos que regresará porque Él lo ha prometido, debemos perseverar en dicha esperanza? Él ha resucitado de entre los muertos – Yahushua, nuestra “esperanza de gloria”. Mientras la tierra continúa rugiendo, mantengámonos enfocados donde debe ser. El vuelve pronto – “¡Ven Adonai Yahushua!”
“Sean gratos los dichos de mi boca y la meditación de mi corazón delante de ti, Oh YHVH, roca mía y redentor mío” (Salmo 19:14)
Nuestras palabras revelan lo que hay dentro del corazón y por consiguiente, como nuestras palabras y pensamientos están íntimamente conectados, debemos tener cuidado sobre como pensamos y sobre todo como pensamos acerca de los demás. Debemos siempre juzgar a los demás de la mejor manera, es decir ver lo bueno en ellos, es mejor juzgar favorablemente y no críticamente, ya que nuestros juicios tienen un peso enorme en el cielo. Lo que digamos, bueno o malo, hacen efecto en la realidad espiritual. Cuando hablamos favorable sobre alguien, espiritualmente estamos desatando bendición sobre ellos, pero cuando hablamos mal o criticamos, nos estamos uniendo a satanás que es el acusador y se producirá el efecto contrario. Además, cuando acusamos a otros de obrar mal, nos estamos exponiendo al mismo juicio – ¿por qué miras la paja que esta en el ojo de tu hermano y no echas de ver la viga que esta en tu propio ojo? - Nuestros pensamientos afectan la manera como actuamos y lo que decimos, así que, debemos estar vigilantes para construir y no destruir con nuestras palabras.
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