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“Con toda humildad y mansedumbre, soportándoos con paciencia los unos a los otros en amor” (Efesios 4:2)
Las palabras de moda hoy en día son: tolerancia, inclusion, género, etc. Enfoquemonos en la tolerancia. Según el diccionario Merriam Webster — Tolerancia es: 1. Capacidad para soportar el dolor o las dificultades. 2. Simpatía o indulgencia por creencias o prácticas diferentes a las propias. 3. El acto de permitir algo. ¿Es la tolerancia un principio bíblico? De ser así, ¿cómo debemos aplicarla en nuestras vidas? ¿Qué tan tolerantes debemos ser como creyentes? ¿Qué se puede tolerar y qué no? Estas son todas las preguntas que enfrentamos cuando consideramos este tema. He llegado a creer que la versión moderna de la tolerancia es un engaño, que no solo evita que las personas escuchen la verdad, sino que también los alienta a continuar en la vida de pecado. La esencia de la tolerancia desde la perspectiva bíblica, es paciencia, resistir, perseverar. Sin embargo, tolerar según la definición moderna, es también permitir y consentir prácticas diferentes, incluso en conflicto con nuestras propias creencias. Lo que me llamó la atención sobre la definición secular de tolerancia es que se describe como la falta de respuesta a la continua exposición a actos indebidos (el acto de permitir algo). Es como cuando estamos continuamente expuestos al mal y no hacemos nada al respecto, desarrollamos una tolerancia y empezamos a comprometernos. La Torah nos dice que no debemos tolerar el mal, sino odiarlo. “Los que amáis a YHVH, aborreced el mal…” — Salmo 97:10. |
“Y guiaré a los ciegos por camino que no sabían, les haré andar por sendas que no habían conocido; delante de ellos cambiaré las tinieblas en luz, y lo escabroso en llanura. Estas cosas les haré, y no los desampararé” (Isaías 42:16)
YHVH dice aquí que; “nos hará andar, que cambiará las tinieblas en luz”. Antes creía que YHVH era el que hacía todo, que yo no tenía la capacidad de hacer nada, siempre estaría en la oscuridad y que El me llevaría de la mano. Pero aquí vemos algo diferente. YHVH toma nuestra ceguera y nos cambia para que veamos por donde vamos. El nos hace andar por caminos que no conocíamos ni nos imaginábamos. Abre nuestros ojos a direcciones que no podíamos ver en la oscuridad, hace todo lo necesario para ponernos en el Camino correcto. Pero nosotros somos los que tenemos que caminar, el no camina por nosotros, El esta con nosotros viéndonos como vamos paso a paso, pero no es guía de ciegos, al contrario, nos abre los ojos para que no caminemos a ciegas. Siempre será Su poder, pero somos nosotros los que tomamos la decisión de obedecer o no.
“Yo me acosté y dormí, y desperté, porque YHVH me sustentaba” (Salmo 3:5)
¡Qué le desvela? ¿Su familia, empleo, salud, hijos…? Todos hemos experimentado noches de insomnio sin poder evitar esos pensamientos de preocupación. David no escribió este salmo en su cama en el palacio, lo escribió cuando huía de su hijo Absalón quien había organizado una rebelión contra su padre para derrocarlo del trono. Pero, ¿qué hizo David? Fue a YHVH. David nos recuerda en este salmo, que aunque todo vaya mal y parezca no haber esperanza, YHVH sigue ahí. El clamó a aquel quien era su Escudo alrededor de él y quien levantaba su cabeza — salmo 3:3. David podía dormir tranquilo en medio de la crisis porque sabía que YHVH había escuchado su oración — “Con mi voz clamé a YHVH, y él me respondió desde su monte santo” — Salmo 3:4. Cuando el insomnio nos ataquen con preocupaciones, recordemos que YHVH es Escudo a nuestro alrededor y podemos dormir confiados.
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