“Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabra de vida eterna. Y nosotros hemos creído y conocemos que tu eres el Mesías, el Hijo del Elohim viviente” (Juan 6:68-69)
El hombre va hasta el fin del mundo, buscando conocer la verdad, para encontrar la razón de ser, para entender el por qué nació, por qué está aquí. Busca en cientos de dioses diferentes, comida para su alma, luz para su espíritu, investiga, experimenta, y por lo regular vuelve a quedar tan hambriento y sediento como cuando empezó y en los momentos duros de su vida, no tiene a quien ir. Yahushua dijo: “venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar” (Mateo 11:28). Cuando pasamos por situaciones difíciles, enfermedades, tragedias, pérdidas insoportables que nos rompen el corazón y donde ni siquiera aquellos más cercanos pueden ayudarnos a soportar el dolor, conocer a Yahushua y su gran amor, saber que El nos sostiene, nos da descanso y calma nuestro dolor por medio del Ruaj (Espíritu Santo), es la esperanza más bella de todo creyente. Por lo regular son esos momentos, esas espinas en el corazón, las que dan paso a los momentos más bellos en comunión con nuestro Padre Celestial, son los que maduran nuestro carácter y dulcifican nuestro espíritu, son los que nos permiten ver la gloria de Elohim en todo su esplendor, restaurándonos y poniéndonos en pie de nuevo. ¿A quién iremos? ¿A dónde se va cuando ya no hay a donde ir? A Yahushua, el conoce tu dolor y sólo el, sabe como sanarlo.
“Bendijo entonces Esdras a YHVH, Elohim grande. Y todo el pueblo respondió: ¡Amen! ¡Amen! alzando sus manos; y se humillaron y adoraron a YHVH inclinados a tierra” (Nehemías 8:6)
La palabra “Amen” es la expresión suprema que hay en la Tora para expresar acuerdo, consentimiento, pacto. La palabra “Amen” no se tradujo a otros idiomas, se conservó como está en hebreo — H543 = amen = seguro / fe / verdadero / que así sea. Es muy interesante que la palabra está clasificada como un adjetivo que describe un estado y emoción. Amen no es otro “si” o “no”. Cuando una persona dice “Amen”, esta conscientemente aceptando un estado de juicio, fe y compromiso. Porque en la Tora, tener fe, no es un asunto de despertar espiritual o aceptación de un dogma, sino de estar firmemente comprometido a vivir y actuar de acuerdo a una identidad, en este caso, nuestra identidad en YHVH, como hijos. Así, que, de ahora en adelante cuando digas “Amen”, recuerda que no estás simplemente diciendo “así sea”, sino que estás adquiriendo el compromiso de vivir y actuar de acuerdo a tu “Amen”. “Además sacudí mi vestido, y dije: Así sacuda Elohim de su casa y de su trabajo a todo hombre que no cumpliere esto… y respondió todo la congregación: ¡Amen! y alabaron a YHVH. Y todo el pueblo hizo conforme a esto” — Nehemías 5:13.
“He aquí, que como el barro en la mano del alfarero, así sois vosotros en mi mano, oh casa de Israel” (Jeremías 18:6)
Antes de iniciar cualquier tarea, recordemos que las dificultades, los retrasos y las frustraciones no se pueden predecir, lo único que podemos ver claro, es el objetivo. Si reconocemos esto, será más fácil hacer lo que necesitamos hacer, abriéndonos camino en medio de problemas y dificultades permitiéndole a YHVH moldear nuestro carácter por medio de ellos, creciendo en conocimiento, aprendiendo métodos que nos ayudarán a lidiar con la vida más adelante, viendo como guiados por YHVH, los problemas se van solucionando a lo largo del camino y madurando para luego poder ayudar a quienes YHVH quiera poner a nuestro lado en este camino por la vida. Así como la fricción pule joyas y hace que estas brillen, la tribulación moldea nuestro carácter y nos permite brillar, más no con luz propia, sino con Su luz.
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