“Gracias te damos Oh Dios, gracias te damos” (Salmo 75:1)
Nuestra vida está llena de maravillosas bendiciones, verdaderos tesoros que la mayoría no aprecian porque sus expectativas están enfocadas en lo que ellos consideran riqueza, lejos de lo que YHVH tienen para ellos. Para muchos, la familia es una carga, mientras que miles quisieran tener una. Otros no aprecian sus trabajos, mientras muchos quisieran tener la oportunidad de un trabajo decente para suplir las necesidades de los suyos. Hay cientos que pasan el tiempo deseando una casa mas lujosa, mientras que otros desearían tener un lugar donde vivir. Cada persona tiene la oportunidad de reconocer su propia abundancia o escasez, solo hay que abrir los ojos y reconocer las cosas por lo que son. La abundancia depende de la disposición y voluntad para recibir lo que YHVH tiene para cada uno, a través de la fuente que el disponga y recibir con un corazón agradecido seguros de que es lo mejor.
“No son del mundo, como tampoco yo soy del mundo. Sepáralos a través de tu verdad, tu Torah es verdad” (Juan 17:16-17)
La sociología y la sicología sostienen que para que un individuo se desarrolle física, mental y emocionalmente sano, necesita tener sentido de pertenencia. Es decir, necesita saber y sentir que pertenece a un país, comunidad y familia. Hoy en día, en el mundo hay alrededor de 10 millones de apátridas, personas que no tienen ninguna nacionalidad. Luchan por derechos que nadie les quiere reconocer y sufren la segregación y desprecio del sistema social como tal. Yahushua dijo claramente que quienes seguimos el camino de la Torah, no somos de este sistema. Somos apátridas del sistema, nuestra identidad no encaja en el sistema, así que no debe extrañarnos si el sistema nos trata como tal, apátridas. Nuestro padre Abraham lo entendió, y no tuvo problema en vivir como extranjero aun en la tierra prometida. “Por la fe habitó como extranjero en la tierra prometida… dando gracias que eran peregrinos sobre la tierra… claramente dan a entender que buscan una patria” — Hebreos 11. La religión hoy en día enseña que todo lo merecemos, no dice igual las Escrituras — “Así, pues, cualquiera de vosotros que no renuncia a todo lo que posee, no puede ser mi discípulo” — Lucas 14:33. Renunciar = hacer a un lado. No depender de ello. No es fácil, pues el sistema materialista en el que vivimos, promueve todo lo contrario. Solo entendiendo y siendo conscientes de que somos apátridas del sistema y que el Espíritu de la Torah que es Quien nos da identidad, nos capacita para vivir como extranjeros en cualquier sitio donde YHVH nos haya puesto.
“Este es ni nombre para siempre; con él se me recordará por todos los siglos” (Éxodo 3:15)
El nombre de nuestro amado Creador ha sido removido de las iglesias por medio de la tradición. El hombre ha decidido que él sabe mejor lo que es bueno para él y para todos a su alrededor, solo hablamos lo que no ofenda, lo que suene aceptable, al fin y al cabo, ¿que es un nombre? Y Dios conoce nuestro corazón. El enemigo lleva siglos trabajando en la mente del hombre, desviándolo de su Creador y llevándolo sutilmente a la auto-adoración en diferentes formas muy difíciles de descubrir. El enemigo se ha infiltrado en las iglesias, los hogares, los matrimonios, las escuelas, el gobiernos y para rematar, se ha infiltrado en las Escrituras haciéndole creer a los líderes que su propia interpretación es la correcta, es su revelación ignorando que ninguna Escritura es de interpretación privada. “¿Hará acaso el hombre dioses para sí?” (Jeremías 16:20). El enemigo está en los seminarios, en la literatura, en nuestros pensamientos. La batalla por la mente continúa a lo largo de la vida del hombre y apela a la debilidad de la carne que siempre busca la comodidad y no quiere salirse de la zona de confort en cuanto a la fe. La mayoría de los llamados creyentes hoy en día, pertenecen al “club bendíceme”. Solo hay una manera de terminar este drama y solo hay un lugar a donde ir. A YHVH, el Eterno Elohim y su verdad. ¡Shabbat Shalom!
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