“Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí, y yo en él, éste lleva mucho fruto; porque separados de mí nada podéis hacer” (Juan 15:5)
En el mundo moderno, la ética del trabajo es: lograr y producir, mediante el trabajo constante y duro. El enfoque es, obtener resultados por medio del esfuerzo humano — nos hemos convertido en producto orientado. Pero el Camino de YHVH es diferente, Su Camino está enfocado en el proceso y la relación y no en el desempeño y la producción. YHVH está interesado en resultados, lo cual llama “fruto” y no se obtienen empujando a trabajar más duro. El Camino de YHVH solo produce en nosotros los resultados deseados, mediante la “permanencia” — permaneciendo en El, porque separados de El nada podemos hacer. Es totalmente opuesto al sistema en el que vivimos, que nos bombardea todo el tiempo con literatura sobre el autocontrol, autoconfianza, autoestima, etc., el Camino de YHVH - La Torah - produce en nosotros los frutos por medio de la comunión íntima con el Padre, permaneciendo en la Vid, creciendo en nuestra relación con El, conociendo Su voluntad para nuestra vida.
"Pero sabed esto, que si supiese el padre de familia a qué hora el ladrón debía de venir, velaría… Vosotros, pues, también, estad preparados, porque a la hora que no penséis, el Hijo del Hombre vendrá" (Lucas 12:39-40)
Un Rabino les dice a sus discípulos: “Arrepiéntanse un día antes de morir” — Los discípulos le preguntan: ¿Sabe alguien qué día va a morir? — Entonces con mayor razón arrepiéntanse hoy, no sea que mueran mañana — así toda la vida debe ser un acto de arrepentimiento, una constante preparación, un no dejar que el sol se ponga sobre nuestro enojo. Si queremos vivir en la libertad que YHVH nos promete, es necesario el arrepentimiento — Teshuvah en hebreo significa, volver, dar la vuelta, regresar. Volver a casa como el hijo prodigo, regresar a los brazos del amado Padre. No es, remordimiento por algo que hice, pero que tan pronto las circunstancias sean favorables, lo volveré a hacer. Teshuvah es reconocer que el camino por donde voy no es el correcto, que debo volver; primero al punto donde me desvíe, y luego tomar el camino correcto — “Paraos en los caminos, y mirad, cuál sea el buen camino, y andad por él, y hallaréis descanso para vuestra alma” — Jeremías 6:16.
“Yo me alegré con los que me decían: a la casa de YHVH iremos” (Salmo 122:1)
Si nos imagináramos el cielo en la tierra, ¿cómo sería? ¿Un paraíso tropical, o un lugar donde siempre fuera Shabbat? Para la mentalidad hebrea, la vida en el cielo es descrita como un tiempo donde la belleza y tranquilidad del Shabbat es experimentada constantemente. Observar el Shabbat nos permite vislumbrar el mundo venidero, la creación como era cuando Adán y Eva disfrutaban de una perfecta comunión con YHVH. Shabbat es un día para rejuvenecer nuestro espíritu, llenarnos de fortaleza, revitalizarnos para enfrentar otra semana, pero el significado más profundo es como; el epítome de una vida separada. Vivimos cada día en espera del Shabbat. Ansiamos esa cita semanal con nuestro Creador, cuando no solo dejamos de trabajar, sino toda actividad que nos conecta con el sistema es suspendida para reemplazarla con un tiempo de comunión con nuestro Amado Padre. ¡Shabbat Shalom!
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