“Estad quietos, y conoced que yo soy YHVH; seré exaltado entre las naciones; enaltecido seré en la tierra” (Salmo 46:10)
La orden de estar quietos viene del verbo “rapha” = rendirse / soltar / renunciar. Pero ¿hasta qué punto debemos rendirnos, soltar o renunciar? Debemos rendirnos para comprender que YHVH está en control de todo como el “Dueño del Universo”. Soltamos para objetivamente conocer el poder de YHVH en nuestras vidas. Y renunciamos a confiar en nuestra propia prudencia para poder experimentar la gloria de YHVH que es suficiente — Éxodo 14:14 — “YHVH peleará por vosotros, y vosotros estaréis tranquilos”. Cuando nos rendimos y aceptamos que todo en nuestra vida está en control de YHVH, encontramos paz, el temor se va y aunque el mundo tiemble y se descontrole, no temeremos porque sabemos que YHVH es nuestro refugio, nuestra ayuda en cualquier situación. El tiempo es muy corto, el mundo y su sistema pronto colapsará y nosotros veremos a nuestro REY, así que estemos quietos y esperemos en El.
“No solo de pan vivirá el hombre, más de todo lo que sale de la boca de YHVH vivirá el hombre” (Deuteronomio 8:3)
Cuando comemos, incorporamos la vida de otro como medio de subsistencia. El pan (alimento) físico sostiene nuestra vida física temporalmente. Después de digerir dicho alimento, pronto nos vamos a ver en necesidad de comer algo de nuevo. YHVH ha diseñado el cuerpo humano de tal manera que su subsistencia requiera sacrificio. Yahushua (la Torah viva) nos enseñó, que lo físico es metafórico de lo espiritual, y que, así como necesitamos alimento físico para sostener nuestra vida física, debemos comer el pan espiritual para sostener nuestra vida espiritual. La Torah — Palabra de YHVH — Yahushua — es el pan de vida, el amor del Padre que nos sostiene seamos conscientes o no. “Yo soy el pan de vida; el que a mí viene nunca tendrá hambre” — Juan 6:35. Al igual que el cuerpo físico requiere sacrificio para su subsistencia, el alma del ser humano también requiere un sacrificio. La fuente y el fin de la vida espiritual, depende de recibir (comer) el pan de vida. ¡Shabbat Shalom!
“He aquí que, como el barro en la mano del alfarero, así sois vosotros en mi mano, oh casa de Israel” (Jeremías 18:6)
Cuando el alfarero va a hacer una vasija lo primero que hace es preparar el barro, luego le da forma en la rueca, la mete al horno para hacerla resistente, luego la pule con limas y papel lija y finalmente la decora o pinta. Este es un proceso que dicha vasija sufre una vez, ya terminada, pasa a dar el servicio para el que fue hecha. La vasija de nuestra vida es un poco más compleja, el proceso dura todo el tiempo de nuestro peregrinaje. El Alfarero está constantemente dándole forma en la rueca de nuestra vida. A medida que la rueca (vida) gira, nosotros tenemos el libre albedrío para rechazar la mano del Alfarero y hacer lo que NOSOTROS queramos hacer de la vasija, o humildemente someternos a las amorosas manos del Alfarero y dejar que nos haga como Él quiere. Ahora, pensemos, si el Alfarero en respuesta a una oración nuestra decidiera soltarnos, ¿qué sería de nuestra vida? Por doloroso que sea el proceso, solo en Sus manos estamos seguros. En Jeremías 18 YHVH le advierte a Su pueblo que, si continúan haciendo un desastre de sus vidas, va a llegar el día cuando su obstinada voluntad va a destruir lo que El hizo en la rueca. Pero Elohim es lento para la ira y grande en misericordia y día a día nos está pidiendo que le permitamos darnos forma de nuevo mientras queda tiempo. Él siempre está dispuesto a aplicar sus amorosas y firmes manos en el barro de nuestra vida y formarla de acuerdo con Sus propósitos.
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