“Reconócelo en todos tus caminos, y él enderezará tus veredas” (Proverbios 3:6)
Aunque no todas las decisiones que tomamos diariamente son de vital importancia, la mayoría de ellas, sin embargo, nos conducen hacia la misión y visión de YHVH para nuestra vida, o nos alejan de ella. Necesitamos buscar de YHVH en cada área de nuestra vida: la clase de gente con la que nos relacionamos, la forma como nos influencia el sistema en la percepción de este, el trabajo que hacemos y que nos motiva a hacerlo, cómo manejamos nuestros recursos económicos, y lo más importante, ¿estamos apropiándonos completamente de nuestra identidad como hijos de YHVH, o estamos escuchando las mentiras del enemigo? Se que a veces es difícil tomar decisiones sabias considerando la cantidad de basura cultural y el sistema que nos rodea diariamente. Pero en medio de todo, debemos discernir la verdad y asegurarnos de que nuestras decisiones estén basadas en la verdad establecida en la Torah. Y aunque el sistema sea apabullante, la verdad de YHVH nunca cambia, y como lo que sentimos no importa ni cuenta, es supremamente importante conocer la eterna autoridad de la Palabra de YHVH para comprender Su llamado que como a hijos nos hace. La principal decisión que debemos tomar es, mirar todo a través del lente de la Torah.
“Porque por tus palabras serás justificado, y por tus palabras serás condenado” (Mateo 12:37)
Nuestras palabras tienen una importancia enorme. De hecho, nuestra conversación es una de las áreas más importantes en nuestra vida y dicen hasta cierto punto quienes somos. A YHVH le preocupa intensamente la calidad y cantidad de nuestras palabras. Todos los creyentes hoy en día nos quedamos cortos en reconocer la profundidad, alcance y seriedad de la enseñanza Bíblica sobre nuestras palabras. Por eso, tal fácilmente caemos en la diabólica rutina del chisme, respuestas rudas y desobligantes, indiscreciones, comentarios desagradables, quejas, etc., que en nada edifican el cuerpo del Mesías ni glorifican al Padre. Las relaciones sufren, se deterioran y rompen cuando esta rutina y sus patrones dominan nuestra manera de hablar. Perdemos el vínculo de la paz que debe proteger y guardar la unidad del Ruaj en el cuerpo del Mesías. La razón por la cual al Padre le preocupa lo que hablamos, es porque lo que hablamos tiene un poder enorme. Nuestras palabras pueden edificar o destruir — “La muerte y la vida están en poder de la lengua” — Proverbios 18:21. Si nuestras lenguas están sujetas a la autoridad de YHVH, darán vida tanto a nosotros mismos como a los demás. Pero si nuestras lenguas andan sueltas, solo traerán muerte. “Sea vuestra palabra siempre con gracia, sazonada con sal, para que sepáis como debéis responder a cada uno” — Colosenses 4:6.
“Mejor es lo poco con justicia que la muchedumbre de frutos sin derecho” (Proverbios 16:8)
Antes que Elohim creara al hombre, primero preparó para él un mundo lleno de cosas útiles y agradables para su deleite y gozo. Fueron hechas para el hombre, pero debían permanecer como cosas externas a él, muy profundo en su corazón había un santuario donde solo Elohim podía entrar. Dentro de él estaba YHVH y era quien gobernaba su vida. Pero el pecado complicó las cosas e hizo que aquellos regalos y bendiciones, se convirtieran en su ruina. Nuestro dolor empezó cuando Elohim fue echado fuera de Su santuario (corazón) y se les permitió a todas esas cosas que habían sido creadas para uso del hombre, entrar en el corazón y tomar el lugar de Elohim. El hombre por naturaleza ya no tiene paz en su corazón porque YHVH ya no es el centro de él. Ahora son las cosas y la ambición por acumularlas lo que gobierna al hombre. Esta no es una simple metamorfosis, es un minucioso análisis de nuestra realidad espiritual. Muy dentro del corazón hay raíces de una vida caída cuya naturaleza es poseer y poseer. Desea cosas con pasión y los pronombres “mi” y “mío” suenan inofensivos, pero su uso constante y universal es muy significativo. Expresan la verdadera naturaleza adámica del hombre. Son el síntoma más visible de nuestra enfermedad. Las cosas se han vuelto tan necesarias, que lo que una vez fueron regalos de Elohim, se han convertido en nuestro elohim. Han tomado Su lugar. Mientras más posee el hombre, más teme perder y recordemos que aquello que tememos perder, ese es nuestro dios.
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