“Te haré entender, y te enseñaré el camino en que debes andar; sobre ti fijaré mis ojos” (Salmo 32:8)
A veces la vida es como un laberinto por el que caminamos sin encontrar salida, damos vueltas y vueltas y cuando creemos que hemos encontrado la salida, nos vemos frente a un nuevo túnel sin luz ni esperanza. A veces sentimos que la situación en la que nos encontramos no va a terminar. Hemos hecho todo lo que sabemos hacer y nada da resultado, todas las puertas se cierran ante nuestras narices, nos sentimos derrotados y si fuerzas. Pero es maravilloso saber que Elohim puede ver nuestra vida desde otra perspectiva. Él puede ver la solución al problema, aunque nosotros no lo veamos. Él va a usar la situación para pulirnos, para ayudarnos a crecer en nuestro caminar con El. Él dice que nos va a enseñar y a mostrar que hacer. Cuando le entregamos todo a Él, empezamos a entender Su corazón, a conocer Su voz y a recibir dirección para actuar. Es maravilloso saber que Él nos observa y ve nuestro progreso y aunque las cosas no salgan como lo esperábamos, ni en el momento que queríamos, sabemos que Él está ahí y que la puerta que está abriendo es por la que debemos entrar.
“¿Se complace YHVH tanto en los holocaustos y víctimas, como en que se obedezca a las palabras de YHVH?” (1 Samuel 15:22)
Al final no importa cuanta Torah leamos, cuantos versículos memoricemos, cuanta teología podamos aprender, porque lo que realmente importa es qué tan fieles somos en obedecer los mandamientos de YHVH. Yahushua dijo: — “El que tiene mis mandamientos y los guarda, ése es el que me ama; y el que me ama, será amado por mi Padre, y yo le amaré, y me manifestaré a él” — Juan 14:21. La obediencia honra a nuestro Padre Celestial, quien nos fortalece a través del Ruaj, para poder vivir la vida que Él ha preparado para nosotros. La obediencia produce paz, gozo en el servicio, consuelo en el sufrimiento, nos libera de la culpa y nos llena de bendiciones. Yo sé que a veces no es fácil, pero si amamos a YHVH, alineamos nuestro corazón con Su palabra y dejamos de sacar excusas, que son aprovechadas por el enemigo para separarnos de nuestro Adonai Yahushua y alejarnos del principal objetivo de nuestra vida, que es hacer la voluntad del Padre.
“Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones” (Mateo 28:19)
La misión que el Mesías le encargó a los apóstoles fue de ir y hacer discípulos, no convertidos. Es decir, no es: llevarlos a repetir una oración que supuestamente los hace automáticamente hijos de Dios; no es darles un curso de las Escrituras, no es, enseñarles a hacer devocionales, no es animarlos a leer las Escrituras diariamente, etc., El discipulado era una institución bien arraigada en la cultura hebrea, todos los sagas tenían discípulos, cuando el Mesías llegó, el concepto era bien claro y quien seguía a un maestro sabía que debía dejarlo todo. Lucas 6:40 — “El discípulo no es superior a su maestro; mas todo el que fuere perfeccionado, será como su maestro” — Esta es la esencia del discipulado. El discipulado es el arte de la imitación. No es memorizar Torah ni aprender doctrina, es vivir la vida del maestro. El discípulo debe ser una copia del maestro. El discípulo debía dejar su casa, su familia, se mudaba a vivir con el maestro y debía aprender todo sobre el maestro. Como interpretaba la Torah, la forma como emitía juicios y conceptos, como vestía, que comía, como se relacionaba con los demás, por eso Pablo se atrevió a decir: — “Sed imitadores de mí, así como yo del Mesías”. Shalom
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