“Bienaventurado aquel siervo al cual, cuando su Señor venga, le halle haciendo así” (Mateo 24:46)
Estamos llamados a ser siervos, ¿verdad? Pues bien, y ¿qué hace un siervo? Un siervo lleva a cabo la voluntad de su amo. No le dice al amo que hacer, todo lo contrario, cumple a cabalidad las ordenes de su amo. Un siervo no escoge el día y la hora más conveniente para hacer lo que su amo le ha ordenado, simplemente obedece. Hacer la voluntad de nuestro Adonai, servirle con todo nuestro corazón, es la manera para hallarle sentido a la vida. El sistema promueve la búsqueda de logros, poder, posesiones, pero mientras más tiene el hombre, más quiere, nunca está totalmente satisfecho, siempre hay algo más. Eso solo prueba que el hombre nunca se sentirá pleno con las cosas materiales, siempre habrá un vació que solo YHVH puede llenar. Necesitamos ser siervos si queremos sentirnos plenos. Siervos sin agenda, solo con el deseo de hacer Su voluntad; ser humildes, mansos dispuestos a caminar la milla extra si es necesario. Pongamos nuestro corazón en modalidad de siervos y deleitémonos viendo a nuestro amado Adonai en Acción — “Deléitate en el Señor y El te concederá las peticiones de tu corazón” — Salmo 37:4.
“No se dirá más tu nombre Jacob, sino Israel; porque has luchado con Elohim y con los hombres y has vencido” (Génesis 32:28)
Jacob fue implacable durante esta lucha y su perseverancia le cambió profundamente para siempre, de muchas formas. Fue herido y caminó cojo el resto de su vida, como una señal de la debilidad humana y su dependencia de YHVH. Se le dio un nuevo nombre, y con él, su identidad como príncipe de Elohim. ¿Cuántas veces las crisis y dificultades son usadas por YHVH para acercarnos a Él? La transformación interior que puede llevarse a cabo cuando pasamos por estas batallas y dejamos a YHVH obrar en nuestra vida es tan grandiosa, y solo Él sabe que esa es la única manera de llevarnos al punto donde Él puede moldearnos. El fruto y la bendición que puede resultar de esa lucha es maravillosa. Y el poder estar tan cerca de YHVH así sea a través del dolor, con seguridad nos cambiara para siempre. Así, que si estás en medio de la lucha, no la dejes pasar hasta que recibas la bendición, el cambio y la victoria.
“He aquí te he purificado, y no como a plata; te he escogido en horno de aflicción” (Isaías 48:10)
Charles Spurgeon escribió acerca de las tribulaciones que el pueblo de YHVH tenía que soportar, y dijo: “La elección de YHVH hace hombres escogidos, pero no en palacios sino en el horno. En el horno la belleza se arruina, la moda se destruye, la fortaleza se derrite, la gloria se consume; sin embargo, ahí Su eterno amor revela Sus secretos y declara Su elección”. En medio de la tribulación siempre aparece la pregunta: ¿Por qué la gente justa sufre? Unos contestan teológicamente, otros religiosamente, otros dan respuestas culpando a YHVH. C.S. Lewis nos da un retórico: ¿Por qué no? ¡Ellos son los únicos que pueden soportarlo! Siempre he dicho que las tribulaciones son regalos de YHVH mal envueltos, carrozas portadoras de bendiciones. Es en medio de la tribulación, donde no nos queda a donde ir, que buscamos Su mirada y nos rendimos indefensos, y es ahí cuando lo conocemos más íntimamente, donde podemos tocar Su gloria, y decir como Job — “Yo sé que mi Redentor vive, y al fin se levantará sobre el polvo; y después de deshecha esta mi piel, en mi carne he de ver a YHVH” — “He aquí, aunque él me matare, en él esperaré” — Job 19:25-26 y 13:15. Y cuando pase la tormenta, tal vez salgamos heridos, enyesados, con vendas, pero mucho más cerca de nuestro Amado Padre.
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