“De tus mandamientos he adquirido inteligencia; por tanto, he aborrecido todo camino de mentira” (Salmo 119:104)
¿Cuántas veces hemos escogido un camino para luego arrepentirnos grandemente? Muchas veces, pues en la vida, diariamente nos enfrentamos con la toma de decisiones, algunas pequeñas, como: que comer, a donde ir, etc., pero otras de impacto eterno. A veces, tomar decisiones es agobiante, y en esos momentos es cuando más apreciamos un buen consejo, una palabra de aliento, algo que nos ayude y nos guíe. YHVH ha prometido hacerlo: “Te haré entender y te enseñaré el camino en que debes andar” (Salmo 32:8). Pero ¿cómo nos guía Dios? “Lámpara es a mis pies tu Palabra, y lumbrera a mi camino” (Salmo 119:105). “Tu luz y tu verdad estas me guiarán” (Salmo 43:3). Tenemos un manual de instrucciones maravilloso, la Torah; en ella encontramos la guía para nuestra vida y sus intrincados momentos. No es un libro de: “que hacer en caso de”, sino el libro con las instrucciones de YHVH para, como vivir rectamente delante de YHVH y de los hombres. Es la Palabra de YHVH, Su voluntad, es la Constitución del Reino de YHVH.
“Juntándolo todo el hijo menor, se fue lejos a una provincia apartada; y allí desperdicio sus bienes viviendo perdidamente” (Lucas 15:13)
El viaje lejos de Dios empieza con un simple deseo. Tal vez de vivir como cualquier otro ciudadano del sistema que no observa los parámetros de YHVH, tal vez la ambición por cosas materiales y la forma de obtenerlas, o una relación fuera de la voluntad de YHVH, etc., hay miles de caminos, pero cualquiera que tomes, te llevará a comer con los cerdos. Satanás no pierde el tiempo y cuando uno de los hijos de YHVH, decide retar los parámetros del Padre, él lo lleva a extremos y allí entonces, notará la diferencia entre vivir en el redil o en una porqueriza. En la tradición rabínica hay cientos de historias, y una de ellas con relación a Salomón y sus muchas mujeres es que, en su sabiduría, Salomón había entendido que podía tener muchas esposas siempre y cuando estas no lo apartaran de Elohim. Tal vez fue muy sabio, pero espiritualmente no entendió que no se puede vivir en un basurero sin ensuciarse, y por supuesto, la mugre en el que vivió terminó apartándolo de YHVH. No pienses que puedes irte lejos de YHVH y no sufrir las consecuencias. La paz interior será lo primero que pierdas.
“No os conforméis a este siglo (sistema), sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Elohim, agradable y perfecta” (Romanos 12:2)
Para que se lleve a cabo esta renovación necesitamos recuperar la unidad de alma y mente que Adán tenía y que perdió al desobedecer a Elohim. Necesitamos la mente del Mesías para poder conocer con certeza todo lo que es nocivo para nuestra alma. Mucha gente aún sigue sufriendo por emociones moribundas, que no terminan de desaparecer por la falta de autoestima y de paz interior. Continúan viviendo exiliados de ellos mismos, sin poder disfrutar de la verdadera libertad espiritual que se obtiene cuando el Ruaj Hakoddesh transforma nuestro ser e implanta la Torah en nuestros corazones. Lo triste es que muchos ni siquiera se dan cuenta que algo anda mal en su interior, aun no disfrutan de la vida abundante que el Mesías Yahushua prometió a sus discípulos; vida abundante que se obtiene obedeciendo la Torah y haciendo de ella el código de conducta que guía nuestra vida diaria. Pablo nos exhorta a no conformarnos, es decir no acostumbrarnos a este sistema del mundo. El pueblo de Israel sufrió y sigue sufriendo porque siempre ha querido ser como las demás naciones. Cuando nuestros corazones ya no anhelen los caminos de los gentiles (mundo), seremos inmunes a su influencia. Si el mundo aún apela a tus sentidos, debes empezar a entrenar tu corazón en la construcción de carácter, respeto, honor, disciplina y responsabilidad que son la base de la Torah. ¡Shabbat Shalom!
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