“La justicia engrandece a la nación; mas el pecado es afrenta de las naciones” (Proverbios 14:24)
Muchos tienen la tendencia a categorizar el pecado y el rango va desde los más pequeños o veniales hasta los más grandes y dañinos llamados por muchos mortales. Pero en realidad, nadie peca aislado ni las consecuencias son individuales. Toda desobediencia a YHVH afecta no solo al trasgresor sino a muchos otros en el presente y futuro. Si fuéramos a separar el pecado de Adán y Eva de su contexto, muy pocos los culparían de una gran trasgresión, la mayoría pensarían que lo que hicieron no fue tan grave, simplemente comieron una fruta de un árbol con el aviso de “no comer”, sin embargo, ese tan insignificante detalle, ha afectado la humanidad desde entonces. Hoy en día la gente piensa que ignorar unos cuantos mandamientos, aun siendo bíblicos no es mayor cosa. Pero YHVH ve nuestros pecados desde otra perspectiva. Cada uno es seguido de consecuencias negativas, por ejemplo: en el caso de Adán y Eva y de cualquier creyente hoy en día, lo primero que afecta es nuestra relación con YHVH. Después todo a nuestro alrededor cambia, pues ya no solo tenemos que lidiar con la vida sin dirección divina, sino con todos aquellos afectados por nuestra acción. Piense ¿cuántas personas afecta un padre adultero, un empleado deshonesto, un político corrupto? Recordemos, nuestras acciones determinan lo que somos.
“Este es ni nombre para siempre; con él se me recordará por todos los siglos” (Éxodo 3:15)
El nombre de nuestro amado Creador ha sido removido de las iglesias por medio de la tradición. El hombre ha decidido que él sabe mejor lo que es bueno para él y para todos a su alrededor, solo hablamos lo que no ofenda, lo que suene aceptable, al fin y al cabo, ¿qué es un nombre? Y Dios conoce nuestro corazón. El enemigo lleva siglos trabajando en la mente del hombre, desviándolo de su Creador y llevándolo sutilmente a la auto adoración en diferentes formas muy difíciles de descubrir. El enemigo se ha infiltrado en las iglesias, los hogares, los matrimonios, las escuelas, los gobiernos y para rematar, se ha infiltrado en las Escrituras haciéndole creer a los líderes que su propia interpretación es la correcta, es su revelación ignorando que ninguna Escritura es de interpretación privada. “¿Hará acaso el hombre dioses para sí?” (Jeremías 16:20). El enemigo está en los seminarios, en la literatura, en nuestros pensamientos. La batalla por la mente continúa a lo largo de la vida del hombre y apela a la debilidad de la carne que siempre busca la comodidad y no quiere salirse de la zona de confort en cuanto a la fe. La mayoría de los llamados creyentes hoy en día, pertenecen al “club bendíceme”. Solo hay una manera de terminar este drama y solo hay un lugar a donde ir. A YHVH, el Eterno Elohim y su verdad.
“Yo se los pensamientos que tengo acerca de vosotros dice YHVH, pensamientos de paz, y no de mal, para daros el fin que esperáis” (Jeremías 29:11)
Nuestro Padre Celestial solo tiene un propósito para nosotros: llevarnos a Él, a través de Su Torah, sin acortar el camino que debemos caminar en justicia y rectitud, siguiendo su guía que nos llevará a ser lo que Él quiere que seamos. Nosotros debemos seguirlo, adorarlo como nuestro Creador, Rey, Señor, Salvador, nuestro único Elohim, seguros de que, si seguimos Su camino, Su voluntad, nada podrá separarnos de Él ni de Su glorioso propósito para nuestras vidas. Como sus hijos, solo podemos considerar que lo que Él tenga para nosotros, así no lo veamos, así el futuro se vea incierto, y la vida más adelante se vuelve difícil y aparentemente intolerable; es lo mejor para nosotros. Cuando lleguemos al final de camino descubriremos que no caminamos solos, que Él estuvo a nuestro lado cada minuto y lo primero que hallaremos será a nuestro Mesías allí, esperándonos para mostrarnos que nos llevó a Su maravillosa Luz paso a paso y que valió la pena.
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