“Lámpara es a mis pies Tu palabra, y lumbrera a mi camino” (Salmo 119:105)
Nadie disfruta de momentos oscuros, momentos cuando la luz que guía tu vida, que da dirección a tus pasos, se ha opacado o ido. Nadie quiere aprender en el dolor, todos quisiéramos saber las respuestas a todos nuestros interrogantes, poder solucionar todos nuestros problemas, tener un manual que nos indicara “que hacer en caso de” para todo, pero es imposible. La vida es impredecible, la vida es todo lo que sucede cuando hemos planeado otras cosas. Nadie es inmune al dolor ni a los momentos oscuros cuando tenemos que confiar en YHVH o morir. Pero las lecciones aprendidas en la oscuridad son las que verdaderamente nos enseñan a confiar, son las que tenemos que tomar y poner en práctica queramos o no y aunque no sean agradables, una vez pasada la oscuridad, la luz brilla con mayor intensidad, la apreciamos más y vemos no solo lo que nos llevó a ese momento, sino que aprendemos a caminar en la oscuridad pero tomados de la mano de la luz.
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