“Yo se los pensamientos que tengo acerca de vosotros, dice YHVH, pensamientos de paz, y no de mal, para daros el fin que esperáis” (Jeremías 29:11)
Nuestro Padre Celestial solo tiene un propósito para nosotros: llevarnos a Él, a través de Su Torah, sin acortar el camino que debemos caminar en justicia y rectitud, siguiendo su guía que nos llevará a ser lo que Él quiere que seamos. Nosotros debemos seguirlo, adorarlo como nuestro Creador, Rey, Señor, Salvador, nuestro único Elohim, seguros de que, si seguimos Su camino, Su voluntad, nada podrá separarnos de Él ni de Su glorioso propósito para nuestras vidas. Como sus hijos, solo podemos considerar que lo que Él tenga para nosotros, así no lo veamos, así el futuro se vea incierto, y la vida más adelante se vuelve difícil y aparentemente intolerable; es lo mejor para nosotros. Cuando lleguemos al final de camino descubriremos que no caminamos solos, que Él estuvo a nuestro lado cada minuto y lo primero que hallaremos será a nuestro Mesías allí, esperándonos para mostrarnos que nos llevó a Su maravillosa Luz paso a paso y que valió la pena.
“De manera que la ley a la verdad es santa, y el mandamiento santo, justo y bueno” (Romanos 7:12)
La palabra “ley” usada en los Escritos Apostólicos (NT) es equivalente a la palabra “ley” en hebreo la cual es “Torah” – H8451 – y que significa: enseñanza / instrucciones / preceptos. La palabra griega para “ley” es “Nomos”, y es la palabra usada como la palabra hebrea “Torah” en la septuagésima (traducción griega del Tanaj (AT) del siglo tercero). Por consiguiente, los eruditos judíos quienes tradujeron el Tanaj (AT) al idioma griego, consideraron las palabras Nomos y Torah equivalentes. En el Nuevo Testamento, cuando aparece la palabra nomos, no se refiere a la ley Romana, Griega o Babilónica, sino a la palabra hebrea, “Torah” o – Ley de Moisés”. La Biblia fue escrita en hebreo o arameo, por hebreos que hablaban hebreo, que vivían bajo la cultura y religión hebrea y que adoraban y servían a YHVH el Elohim de los hebreos. Para los israelitas del tiempo de Yahushua, incluyendo los apóstoles, la Torah de Elohim, dada a Moisés, forma la enseñanza central que regula y gobierna todo aspecto de la vida, cultura, familia, matrimonio, sociedad, relación con las demás naciones y religión del pueblo de Elohim. Por consiguiente, “ley” para ellos, era “Torah” y no tiene la connotación que el término ley tiene para la mentalidad cristiana occidental, que tiende a ver la palabra “ley” de los Escritos Apostólicos (NT), con predisposición legalista. Pero si queremos conocer el corazón del Padre y Creador del Universo, que debe ser la pasión de todo creyente, debemos buscarlo en la Torah, la cual es la clave para tener una correcta, profunda y eterna relación con nuestro Creador.
“Yo soy la luz del mundo; el que me sigue, no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida” (Juan 8:12)
La vida, obra y carácter de Yahushua claramente muestra la verdadera luz de lo que Él fue y sigue siendo para toda la humanidad hoy. Él es el Siervo – Shamash – la luz que nos permite brillar en un mundo de oscuridad. El mismo nos ordenó: “Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras, y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos” – Mateo 5:16. Estamos llamados a ser Su templo, y en este fin de año cuando el mundo se llena de luz adorando un dios pagano, debemos limpiarnos de todo lo que nos comprometa, y trate de asimilarnos con el sistema. Es Su luz la que nos permite obtener la victoria sobre el poder de la oscuridad. Cuando andamos en la luz, tenemos comunión con Él y con nuestros hermanos, y las puertas del infierno no prevalecen contra nosotros. Que el Elohim de Israel, el Padre de nuestro amado Yahushua, nos ayude y nos dé el coraje de decir NO a todo lo que trate de separarnos del Camino y nos llene de Su luz para que nuestro templo permanezca brillando con Su presencia. “Vosotros sois la luz del mundo; una ciudad asentada sobre un monte no se puede esconder” – Mateo 5:14.
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