“Regocijaos en el Señor siempre. Otra vez digo: ¡REGOCIJAOS!” (Filipenses 4:4)
Elohim nos ordena regocijarnos en El. Debemos celebrar. La gente celebra por todo lo que los hace felices. Nosotros celebramos el gozo de YHVH – “porque el gozo de YHVH es nuestra fuerza” – Nehemías 8:10. Celebramos el regreso de nuestro Redentor y Rey Yahushua. La Fiesta de Sukkot nos manda a ofrecer holocausto, en ofrenda encendida, es decir: adorar con pasión, con todo el corazón, ser una ofrenda de olor grato para YHVH. En Sukkot ensayamos la Gran Fiesta de Bodas, nosotros como Su novia nos preparamos para ese grandioso día. Hoy en día, la gente hace ensayos para las bodas, ensayan la boda. Hacen una cena de ensayo en el lugar donde va a ser la recepción con algunos invitados. Nosotros todos los años para Sukkot, ensayamos nuestra boda con Yahushua, hacemos Fiesta con YHVH, pasamos tiempo en Su presencia, le pedimos revelación sobre ese maravilloso día. Ensayamos año tras año y a medida que pasa el tiempo y vemos profecías ser cumplidas ante nuestros ojos, nos gozamos porque sabemos que el día de nuestra redención está cerca. Las bodas se acercan y debemos ser kaddosh – separados – cada día.
“Otra vez Yahushua les habló diciendo: Yo soy la Luz del mundo; el que me sigue, no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida” (Juan 8:12)
En los tiempos de Yahushua, durante la Fiesta de los Tabernáculos, los sacerdotes ponían cuatro enormes candelabros en el atrio del Templo, los cuales encendían con la ayuda de escaleras por las que subían los niños levitas a encenderlos. Con el encendido de estas enormes lámparas, se iniciaba la celebración del “Gran Hosana”. La celebración duraba hasta las altas horas de la madrugada, con música, danza y regocijo, mientras las hermosas luces iluminaban toda la ciudad de Jerusalén. Dicen que las luces de la ciudad de veían desde todo el mediterráneo. A la mañana siguiente, el pueblo recitaba la oración de los 8 días de la fiesta – “Alabado seas Elohim, Rey del Universo, que hiciste la luz y la oscuridad, que nos das Shalom y que creaste todo, gracias te damos por la luz de la vida”. Fue en este contexto que Yahushua exclamó “Yo soy la Luz del mundo”. Nuestro Redentor, Yahushua, es la Luz del mundo. Quienes lo seguimos andamos en Su luz y debemos separarnos y ser esa “ciudad asentada sobre un monte que no se puede esconder”.
“Porque El me esconderá en Su tabernáculo en el día del mal; me ocultará en lo reservado de Su morada, sobre una Roca me pondrá en alto” (Salmo 27:5)
En el Tanaj (Antiguo Testamento), el tabernáculo fue construido como el lugar de encuentro entre Elohim y el hombre. Era la Sukkah o habitación de Elohim. Él ha prometido mantenernos seguros en Su Sukkah. Es el lugar más seguro del universo para estar. Él ha decidido construir Su Sukkah en nuestro corazón y venir a habitar en él – “El que me ama, mi palabra guardará; y mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos morada con él” (Juan 14:23). Es maravilloso saber que podemos enfrentar cualquier dificultad seguros porque estamos en El, en Su tabernáculo. Tenemos todos los recursos del universo para hacerle frente a todos los problemas que se nos presenten. Ahora, no solo ha prometido escondernos en Su tabernáculo, sino también ponernos sobre la Roca (Mesías), en alto para que nada ni nadie nos dañe. Estamos escondidos por Elohim mismo, podemos lidiar con cualquier dificultad con El, Su guía, Su protección, es una promesa y El cumple todas sus promesas.
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