“Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabra de vida eterna. Y nosotros hemos creído y conocemos que tú eres el Mesías, el Hijo del Elohim viviente” (Juan 6:68-69)
El hombre va hasta el fin del mundo, buscando conocer la verdad, para encontrar la razón de ser, para entender el por qué nació, por qué está aquí. Busca en cientos de dioses diferentes, comida para su alma, luz para su espíritu, investiga, experimenta, y por lo regular vuelve a quedar tan hambriento y sediento como cuando empezó y en los momentos duros de su vida, no tiene a quien ir. Yahushua dijo: “venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar” (Mateo 11:28). Cuando pasamos por situaciones difíciles, enfermedades, tragedias, pérdidas insoportables que nos rompen el corazón y donde ni siquiera aquellos más cercanos pueden ayudarnos a soportar el dolor, conocer a Yahushua y su gran amor, saber que Él nos sostiene, nos da descanso y calma nuestro dolor por medio del Ruaj (Espíritu Santo), es la esperanza más bella de todo creyente. Por lo regular son esas espinas en el corazón, las que dan paso a los momentos más bellos en comunión con nuestro Padre Celestial, son las que maduran nuestro carácter y dulcifican nuestro espíritu, son las que nos permiten ver la gloria de Elohim en todo su esplendor, restaurándonos y poniéndonos en pie de nuevo. ¿A quién iremos? ¿A dónde se va cuando ya no hay a dónde ir? A Yahushua, el conoce tu dolor y sólo el, sabe cómo sanarlo.
“Yo me acosté y dormí, y desperté, porque YHVH me sustentaba” (Salmo 3:5)
¡Qué le desvela? ¿Su familia, empleo, salud, hijos…? Todos hemos experimentado noches de insomnio sin poder evitar esos pensamientos de preocupación. David no escribió este salmo en su cama en el palacio, lo escribió cuando huía de su hijo Absalón quien había organizado una rebelión contra su padre para derrocarlo del trono. Pero ¿qué hizo David? Fue a YHVH. David nos recuerda en este salmo, que, aunque todo vaya mal y parezca no haber esperanza, YHVH sigue ahí. El clamó a aquel quien era su Escudo alrededor de él y quien levantaba su cabeza — salmo 3:3. David podía dormir tranquilo en medio de la crisis porque sabía que YHVH había escuchado su oración — “Con mi voz clamé a YHVH, y él me respondió desde su monte santo” — Salmo 3:4. Cuando el insomnio nos ataque con preocupaciones, recordemos que YHVH es Escudo a nuestro alrededor y podemos dormir confiados.
“Yo me alegre con los que me decían: a la casa de YHVH iremos” (Salmo 122:1)
Para los hebreos, la vida en el cielo se percibe como un eterno Shabbat, un lugar donde la belleza y tranquilidad del Shabbat es experimentada constantemente. Así, que, guardar el Shabbat nos permite saborear un poco el mundo venidero, nos da una vislumbre de la paz que vivieron Adán y Eva en el paraíso. Durante toda la semana, todo apunta al Shabbat, esa expectativa que vivimos toda la semana en espera de este anhelado reposo donde nuestro espíritu se rejuvenece, nos llenamos de fuerza y nos revitalizamos para poder enfrentar una nueva semana. Pero el Shabbat tiene un significado más profundo como el epítome de una vida separada, donde el resto de la semana es el prólogo para la llegada del Shabbat. Vivimos cada día en preparación para el Shabbat. Debemos vivir toda la semana anhelando esa cita con nuestro Padre, preparándonos para ella, así que seamos sabios, prudentes, cuidadosos de cómo nos preparamos para el Shabbat, y que el Shabbat no se convierta en un paño de lágrimas donde pasamos el día pidiendo perdón por todos los errores de la semana, sino en la culminación de esa semana llena de luchas y victorias ganadas en El. ¡Shabbat Shalom!
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