Cuando hubieron orado, el lugar en que estaban congregados tembló, y todos fueron llenos de Ruaj Hakodesh, y hablaban con denuedo la palabra de YHVH (Hechos 4:31)
Celebramos Shavuot hace unos pocos días y seguimos mirando hacia la promesa dada hace más de 2.000 años, que gente normal llevaría vidas extraordinarias, que los discípulos que estaban aterrados la noche en que Yeshua murió, fueron transformados en hombres llenos del poder de YHVH, y que unos pescadores, recolectores de impuestos, gente normal fueron llenos de poder y voltearon el Imperio Romano patas arriba. En Hechos 2 leemos sobre el inicio del derramamiento del Ruaj Hakodesh durante Shavuot. Dos capítulos más adelante vemos a los mismos hombres que habían sido llenos del Ruaj, ser llenos de nuevo. No era una experiencia única, sino una llenura del Ruaj constante, lo que necesitaban para cambiar el mundo. Buscaban ser llenos de poder constantemente para cumplir la tarea que YHVH les había asignado. Ellos simplemente volvían a la fuente que nunca se seca para ser llenados una y otra vez. Que nunca nos sintamos espiritualmente satisfechos, busquemos ser llenados una y otra vez para vivir un constante avivamiento, siempre buscando más y más de Él y así poder hacer su voluntad en todo y cumplir con la misión para la cual fuimos creados y llamados.
Y tomando los cinco panes y los dos pescados, levanto los ojos al cielo, los bendijo, y los partió, y dio a sus discípulos para que los pusiesen delante de la gente (Lucas 9:16)
Los discípulos estaban preocupados, no tenemos más que cinco panes y dos pescados, ¿Qué podemos hacer con eso? Eso no puede alimentar una multitud en el plano natural. Pero tenemos un Elohim que está en el negocio de la multiplicación, El trabaja en una ecuación matemática totalmente diferente a la nuestra. Él toma lo poco que podemos ofrecer y lo transforma en más de lo que nos podemos imaginar. A veces creemos que tenemos muy poco para dar, pero YHVH está interesado en todo lo que tengamos para dar así parezca minúsculo a nuestros ojos. No temamos en ofrecer nuestros dones, talentos, habilidades, logros y cosas materiales que creamos insignificantes. No lo son. Cuando rendimos aun la más pequeña de las cosas al Señor, Él lo transforma en abundancia.
“Si me amáis, guardad mis mandamientos” (Juan 14:15)
Lo contrario sería – “si no guardas mis mandamientos, no me amas” – Nuestra lucha por obedecer, es simplemente la lucha de nuestro corazón por amar. En otras palabras, a medida que nuestro amor por el Padre y por Yahushua crece en nuestro corazón, cumplimos la Torah, ya que el amor a YHVH es la puerta a toda obediencia. YHVH conoce los secretos de nuestro corazón, sabe de nuestra disposición para hacer Su voluntad, y de nuestra rebeldía. Entiende nuestros miedos y se goza cuando persive nuestra confianza en El. Es allí, en lo profundo del corazón donde se escucha el llamado y donde lo aceptamos o rechazamos. Oro para que YHVH nos de la voluntad para hacer Su Voluntad, el corage para creer en Su Amor, que nos libre de toda duda y de todo temor. Que fortalezca nuestra confianza en El para proseguir hacía la meta, que no nos concentremos en las promesas, sino en darle gloria a El por el milagro de nuestra vida y por darnos a Yahushua.
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