“Yo habitaré en tu tabernáculo para siempre; estaré bajo la cubierta de tus alas” (Salmo 61:4)
Entre las muchas cosas que el pueblo de Israel debe recordar al celebrar la Fiesta de los Tabernáculos, es su dependencia de Elohim en el desierto y ahora si verdaderamente queremos seguir Su Camino. En el desierto no había ni una sola huella, ni una señal que ellos pudieran seguir, solo un inmenso y terrible desierto. Así que, era inútil buscar una guía o señal dejada por aquellos que lo habían transitado antes. Estaban a merced de Elohim en cada paso que daban, dependían totalmente de Su guía, estaban constantemente a la espera de Su dirección ya fuera para marchar o parar. Para una mente rebelde con una voluntad inquebrantable, el solo hecho de depender es intolerable, pero para el alma que conoce, depende, confía y se deleita en Elohim, nada podría ser más maravilloso. Habitar en Su tabernáculo es depender totalmente de Él, esa es la esencia de todo. ¿Amas, confías y te deleitas en Elohim? Si la respuesta es sí, tu corazón se deleitará en cada paso de tu vida. Si la repuesta en no, vas a sufrir a lo largo de todo el camino, porque es imposible caminar con El sin depender.
“Otra vez Yahushua les habló diciendo: Yo soy la Luz del mundo; el que me sigue, no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida” (Juan 8:12)
En los tiempos de Yahushua, durante la Fiesta de los Tabernáculos, los sacerdotes ponían cuatro enormes candelabros en el atrio del Templo, los cuales encendían con la ayuda de escaleras por las que subían los niños levitas a encenderlos. Con el encendido de estas enormes lámparas, se iniciaba la celebración del “Gran Hosana”. La celebración duraba hasta las altas horas de la madrugada, con música, danza y regocijo, mientras las hermosas luces iluminaban toda la ciudad de Jerusalén. Dicen que las luces de la ciudad de veían desde todo el mediterráneo. A la mañana siguiente, el pueblo recitaba la oración de los 8 días de la fiesta – “Alabado seas Elohim, Rey del Universo, que hiciste la luz y la oscuridad, que nos das Shalom y que creaste todo, gracias te damos por la luz de la vida”. Fue en este contexto que Yahushua exclamó “Yo soy la Luz del mundo”. Nuestro Redentor, Yahushua, es la Luz del mundo. Quienes lo seguimos andamos en Su luz y debemos separarnos y ser esa “ciudad asentada sobre un monte que no se puede esconder”
“Para que sepan vuestros descendientes que en tabernáculos hico yo habitar a los hijos de Israel cuando los saqué de la tierra de Egipto. Yo YHVH vuestro Elohim” (Levítico 23:43)
Aunque habitaron en tabernáculos (Sukkot) por cuarenta años, Elohim siempre estuvo con ellos. Les dio señales constantes de Su presencia en medio de ellos. Una columna de nube durante el día y una columna de fuego en la noche eran las señales que les recordaban la presencia de Elohim en medio del pueblo. Además, Elohim se hizo de una Suka para El mismo, proveyó un lugar a donde ellos podían venir a reconciliarse con El. Si, deambularon por cuarenta años, pero no lo hicieron solos. YHVH instituyó la Fiesta de Sukkot como un recordatorio de su provisión y protección. Pero Sukkot no solo mira al pasado, también nos da una vislumbre del futuro, cuando la promesa de Elohim a Abraham será cumplida, cuando todas las naciones de la tierra serán benditas a través de Su pueblo. Según las Escrituras, el gozo que experimentamos en Sukkot, es solo una pruebita del gran gozo que está reservado para nuestro futuro. En realidad, toda la sombra de la Fiesta, comenzando desde la cosecha hasta el Último Gran Día, nos muestra el tiempo final y el gozo del Reino Milenial del Mesías. Asegúrate, que tus hijos, nietos y toda generación sepan de Sukkot y nunca olviden la protección de Elohim para Su pueblo.
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