“Y YHVH iba delante de ellos de día en una columna de nube para guiarlos por el camino, y de noche en una columna de fuego para alumbrarles” (Éxodo 13:21)
El versículo siguiente dice que nunca se apartó de delante del pueblo la columna de nube ni la columna de fuego. Jamás Elohim abandonó a Su pueblo. Aún en medio de todas sus rebeldías, les castigo, les mostró las consecuencias de su desobediencia y de su obstinado y rebelde corazón, pero el ángel de YHVH nunca los abandonó. Recordemos que el pueblo venía de pasar cuatrocientos treinta años de vivir bajo la influencia de una sociedad politeísta. Aunque vivían separados en Goshen, tenían algún contacto con ellos, veían la prosperidad de Egipto y fueron tentados a dorar sus dioses también. Pero en cada etapa del camino por el desierto, Elohim les mostró una y otra vez que su presencia estaba en medio de ellos, que no caminaban solos, que los llevaría a la tierra prometida y los establecería allí como Su pueblo, a la vista de todas las naciones. Salir de Egipto fue para Israel un asunto de vida o muerte, como lo es para nosotros hoy. Dejar el sistema es la única forma de ser verdaderamente libres. Debemos separarnos para Él y caminar sin temor por el desierto seguros de que Su ángel estará con nosotros a lo largo de todo el camino. “Porque no abandonará YHVH a su pueblo, ni desamparará su heredad” – Salmo 94:14.
“Muéstrame, oh YHVH, tus caminos; enséñame tus sendas. Encamíname en tu verdad, y enséñame, porque Tu eres el Elohim de mi salvación” (Salmo 25:4-5)
Un padre le pide a su hijo llevar una carta al pueblo y le señala un camino por el cual el joven nunca ha ido. Está bien padre, pero no veo como ese camino me lleve al pueblo, dijo el joven. Te explicaré hijo, dijo el padre – ¿ves ese árbol? Si padre lo veo. Bueno, cuando llegues allá, vas a ver el camino, más adelante verás otro árbol y luego otro y así hasta que llegues al pueblo. De la misma manera, nuestro Padre Celestial quiere mostrarnos el Camino (Torah), un árbol a la vez – “mandamiento tras mandamiento, mandato sobre mandato, renglón tras renglón, línea sobre línea, un poquito allí, otro poquito allá...” – Isaías 28:10. Todos queremos conocer el final del camino, es difícil moverse en la oscuridad, cuando no sabemos que hay al tomar una curva en el camino, o hacia donde nos lleva. Seguir un árbol a la vez demanda confianza en quien nos está guiando. Hoy es Shabbat, una señal, un árbol en el camino, no temamos, regocijémonos y demos gracias al Padre por cada uno de esos árboles (señales) que pone en nuestro camino hacia nuestro destino final. ¡Shabbat Shalom!
“Pues si vivimos, para el Señor vivimos; y si morimos, para el Señor morimos. Así pues, sea que vivamos, o que muramos, del Señor somos” (Romanos 14:8)
La pertenencia, es decir a quien le pertenecemos, es un tema que poco reflexionamos en el día a día, pensamos que tenemos libertad para hacer lo que queramos siempre y cuando estas acciones se mantengan en el marco de nuestros derechos y deberes. Pero en realidad la palabra nos habla que somos esclavos, ya sea de las tinieblas y el pecado para perdición o de YHWH para vida eterna. Ciertamente nuestros objetivos en la vida son muy distintos si entendemos a quien le pertenecemos, si comprendemos que no somos de nosotros mismos, así la forma en que vemos nuestro entorno cambia completamente. Por ejemplo, el código de conducta que rige nuestra vida no lo establece ni el entorno, ni nosotros mismos, sino YHWH, la decisión de partir a su presencia o no, tampoco nos corresponde a nosotros, por lo tanto, mientras estemos aquí, vivamos para YHWH sabiendo que el todo del hombre es temer a su creador y guarda sus mandamientos.
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