“Bienaventurado aquel siervo al cual, cuando su señor venga, le halle haciendo así” (Lucas 12:43)
Fuimos llamados a ser siervos, ¿verdad? Y ¿qué hace el siervo? El siervo cumple la voluntad de su amo. El siervo no le dice al amo que hacer – él hace lo que su amo le pide hacer. El siervo no escoge el día o el tiempo que cree más conveniente para servir a su amo – el simplemente sigue las instrucciones de su amo, sin importar el día ni la hora. El siervo no desarrolla un plan o visión para el amo, el amo es quien tiene la visión y quiere que el siervo esté disponible para llevarla a cabo y dar fruto. Pero, no podemos ser ese siervo sino le permitimos a nuestro Amo transformarnos, es necesario que todo aquello que estorbe nuestro servicio sea removido. Necesitamos ser humildes, mansos, dóciles en Sus manos; necesitamos olvidarnos de nuestras propias agendas, y desear solo cumplir la Suya. Necesitamos hacer a un lado nuestros planes y proyectos de vida, y dejar que sea El que guíe nuestro caminar y nos lleve al destino final. No es fácil, pero tampoco imposible. No olvidemos que: “El que comenzó en nosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día del Mesías Yahushua” – Filipenses 1:6.
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