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Gota de Amor - Mayo 6/2011






“Al mandato de YHVH los hijos de Israel partían, y al mandato de YHVH acampaban; todos los días que la nube estaba sobre el Tabernáculo, permanecían acampados” (Números 9:18)


Según los sabios hebreos, hay dos éxodos: 1. El éxodo del exilio de Egipto y 2. El éxodo final de las naciones. El primer éxodo tuvo 42 paradas que tienen mucho significado para el pueblo judío. Es la salida de Egipto a la tierra prometida, la salida a la libertad después de una esclavitud de cuatrocientos treinta años. Esclavitud física y espiritual porque el éxodo también significa el nuevo nacimiento pasando por el desierto de la vida hasta la tierra prometida o encuentro final con el Creador. Ellos analizan la vida basados en estos 42 pasos. “Estas son las jornadas de los hijos de Israel” – según ellos, esto se refiere a los cuatro exilios que el pueblo ha vivido – Grecia, Babilonia, Persia y Roma que es el exilio actual. Dicen que en el tiempo final cuando las tribus sean reunidas, estas 42 paradas se llevarán a cabo de nuevo. Cada jornada o parada del éxodo es una oportunidad de reparar o hacer un ajuste espiritual en la vida. Así como la salida de Egipto fue un asunto de vida o muerte, cada jornada es un asunto de crecer y seguir el camino, o rechazar la enseñanza y morir en el desierto. Toda aquella generación que salió de Egipto y rechazo la mano de YHVH en su vida, rebelándose contra YHVH constantemente, no llego, todos ellos murieron en el desierto. Las 42 paradas, no solo fueron paradas físicas, sino paradas espirituales donde tenemos la oportunidad de crecer.

Gota de Amor - Mayo 5/2011






“Y estando juntos, le mando que no se fueran de Jerusalén, sino que esperasen la promesa del Padre, la cual, les dijo, oíste de mi” (Hechos 1:4)


Cuarenta días había pasado Yeshua con sus discípulos después de su resurrección. Fueron cuarenta días en los cuales confirmo la Torah en ellos, les recordó sus enseñanzas sobre el Reino y por supuesto le encomendó lo que el mundo cristiano llama “la gran comisión” de ir y predicar las buenas noticias de salvación, no sin antes pedirles que no se movieran de Jerusalén hasta que fueran equipados con el Ruaj HaKoddesh, para la labor asignada. Les pidió que esperasen la “promesa del Padre”. ¿Cuál era la promesa del Padre? “Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre del Mesías Yeshua para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Ruaj HaKoddesh. Porque para vosotros es la promesa, y para vuestros hijos, y para todos los que están lejos; para cuantos el Adonai nuestro Elohim llamare” – Hechos 2:38-39. El Ruaj HaKoddesh es la promesa del Padre. El prometió no abandonarnos ni desampararnos, El prometió que su presencia estaría siempre en medio nuestro, así como la columna de nube y la columna de fuego acompañaron a Israel durante su viaje por el desierto. Hebreos 11:27 dice que: “por la fe (Moisés) dejó a Egipto, no temiendo la ira del rey; porque se sostuvo como viendo al Invisible”. Por la fe nosotros esperamos el regreso de nuestro amado Mesías, sostenidos por el Ruaj, en medio de un mundo en caos.

Gota de Amor - Mayo 4/2011






“Entonces vino Amalec y peleó contra Israel en Refidim” (Éxodo 17:8)


Israel encuentra su primer enemigo en el desierto, tan pronto bebe del agua de la Roca. Pero, no era un enemigo desconocido. Amalec era hijo de Elifaz y nieto de Esaú, hermano de Jacob (Israel), quien cientos de años atrás había hecho una promesa – “Y aborreció Esaú a Jacob por la bendición con que su padre le había bendecido, y dijo en su corazón: Llegarán los días del luto de mi padre, y yo mataré a mi hermano Jacob” – Génesis 27:41. Esaú es Edom, padre de los Edomitas – Génesis 36:43. En otras palabras, Israel se encuentra con su viejo enemigo, su propio hermano, su propia carne. Pelear con un enemigo conocido, sabiendo que YHVH está de nuestra parte, es una victoria segura. Ese día Israel venció a Amalec y YHVH prometió: “di a Josué que raeré del todo la memoria de Amalec de debajo del cielo” – Éxodo 17:14. Todos tenemos nuestro Amalec, todos tenemos nuestras luchas y de todas ellas nos librará YHVH si nuestra confianza está en El y no en nuestras propias fuerzas. Israel venció no con sus fuerzas, no porque fueran expertos guerreros, sino porque la presencia de YHVH estaba en medio de ellos. Israel acababa de beber del agua de la Roca, estaban fortalecidos y podían enfrentar a su enemigo. Donde sea que YHVH nos lleve, como nos lleve y cuando nos lleve, debemos estar seguros que Su poder nos sostiene, Su sabiduría nos guía, Su amor nos guarda.

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