“He aquí que yo estaré delante de ti allí sobre la peña de Horeb; y golpearás la peña, y saldrán de ella aguas, y beberá el pueblo” (Éxodo 17:6)
Ahora el pueblo se queda sin agua y ¿qué hace? Lo que sabe hacer muy bien – quejarse. Moisés les hace dos preguntas: ¿Por qué altercáis conmigo? ¿Por qué tentáis a YHVH? En otras palabras, el pueblo culpaba a Moisés y a YHVH de todo lo malo. ¿Le suena esto familiar? Por supuesto, hoy en día YHVH es culpable de las inundaciones, terremotos, calentamiento global, de todos los desastres. Desde la creación el hombre siempre ha buscado un chivo expiatoria a quién culpar de todo. ¿Qué le dijo Adán a Elohim en el huerto? “La mujer que me diste por compañera me dio del árbol, y yo comí” – Génesis 3:12. Es decir: si no me hubieras dado una compañera, no había tenido problema, fue tu culpa. Igualmente el pueblo – “¿Por qué nos hiciste subir de Egipto para matarnos de sed? Moisés pudo haberles dicho: ustedes clamaron a YHVH y El ha respondido – “El clamor, pues de los hijos de Israel ha vendido delante de mí” – Éxodo 3:9. ¿Queremos que YHVH intervenga en nuestra vida? Pues debemos aceptar que lo haga a Su manera, no a la nuestra. YHVH sabía lo que el pueblo necesitaba, como sabe lo que necesitamos cada uno de nosotros en este momento. El pueblo necesitaba agua de la Roca. “Todos bebieron la misma bebida espiritual; porque todos bebían de la Roca espiritual que los seguía, y la roca era el Mesías” – 1Corintios 10:4
“Y YHVH dijo a Moisés: He aquí yo os haré llover pan del cielo” “Porque el pan de Elohim es aquel que descendió del cielo y da vida al mundo” (Éxodo 16:4 – Juan 6:33)
El pueblo no tenía que comer y de nuevo murmuró. Es bien peculiar la actitud del ser humano ante la escasez o la calamidad, la tendencia es de murmurar en vez de buscar a Elohim y confiar. Todos los víveres que el pueblo había sacado de Egipto se habían acabado y la pregunta ahora era: ¿cómo iban a sobrevivir? Todo el viaje por el desierto estuvo lleno de pruebas y milagros. Elohim estaba a punto de efectuar otro, de dar otra sombra, de mostrar otra señal, de darles otra pista sobre su glorioso futuro. Pero el pueblo ante la necesidad física no percibió la magnitud del mensaje que YHVH quiso darle al pueblo a través del maná. Un día, el verdadero Maná descendería del cielo y les daría el verdadero alimento que sustenta la vida. Yeshua trató de explicarlo de nuevo – “yo soy el pan de vida. Vuestros padres comieron el maná en el desierto y murieron. Este es el pan que desciende del cielo, para que el que de él come, no muera” – Juan 6:48-50. ¿Estamos nosotros comiendo del verdadero maná? ¿Nos estamos alimentando del pan del cielo? O ¿seguimos comiendo la basura que el sistema religioso ha estado dando al pueblo por siglos? Yeshua es el verdadero pan, Yeshua es el verbo hecho carne, Yeshua es la Torah de YHVH. Ese es el verdadero Maná del que debemos comer.
“Y YHVH iba delante de ellos de día en una columna de nube para guiarlos por el camino, y de noche en una columna de fuego para alumbrarles” (Éxodo 13:21)
El versículo siguiente dice que nunca se apartó de delante del pueblo la columna de nube ni la columna de fuego. Jamás Elohim abandonó a Su pueblo. Aún en medio de todas sus rebeldías, les castigo, les mostro las consecuencias de su desobediencia y de su obstinado y rebelde corazón, pero el ángel de YHVH nunca los abandonó. Recordemos que el pueblo venía de pasar cuatrocientos treinta años de vivir bajo la influencia de una sociedad politeísta. Aunque vivían separados en Goshen, tenían algún contacto con ellos, veían la prosperidad de Egipto y fueron tentados a dorar sus dioses también. Pero en cada etapa del camino por el desierto, Elohim les mostro una y otra vez que su presencia estaba en medio de ellos, que no caminaban solos, que los llevaría a la tierra prometida y los establecería allí como Su pueblo, a la vista de todas las naciones. Salir de Egipto fue para Israel un asunto de vida o muerte, como lo es para nosotros hoy. Dejar el sistema es la única forma de ser verdaderamente libres. Debemos separarnos para El y caminar sin temor por el desierto seguros de que Su ángel estará con nosotros a lo largo de todo el camino. “Porque no abandonará YHVH a su pueblo, ni desamparará su heredad” – Salmo 94:14.