Para una mente occidental, moldeada por el pensamiento greco-romano, estás palabras pueden sonar ofensivas. Desafortunadamente, estamos tan impregnados de la filosofía griega, que nuestra vida, pensamiento y aún manera de entender a Elohim, está determinado por la forma como el sistema que gobierna el mundo occidental ha moldeado al pueblo. En cuanto a la salvación, la diferencia entre el punto de vista de un griego y el de un hebreo es bien significativa. En vez de esperar ser transportado a un lugar celestial por toda la eternidad, el hebreo espera volver a vivir en el “Jardín de Edén”. Con este pensamiento en mente, la verdadera visión de la eternidad, no está fundamentada en escapar de esta vida, sino en vivir para santificar y glorificar el nombre de YHVH, en esta existencia terrenal, obedeciéndole diariamente. La mentalidad griega – mentalidad de catedral, espera escapar de este mundo e ir a un lugar celestial por la eternidad. Profesa que el Reino de Elohim, existe en el cielo, no en la tierra. Esperan al Mesías para que los arrebate de este mundo. Es decir: consiga el tiquete ahora, o pierde el tren. La mentalidad hebrea – mentalidad de tabernáculo, creen que la salvación está en vivir en un lugar donde Elohim reina entre Su pueblo. El Reino de Elohim está aquí en la tierra donde YHVH reinará. Esperan al Mesías para que reine sobre ellos. Es decir: el Reino de los Cielos está a la puerta, preparémonos para recibir al REY.
Desde que Israel entró y tomó posesión parcial de la Tierra Prometida, ha buscado la paz con sus vecinos, mas no la paz ordenada por YHVH, sino la paz comprometiendo su fe y obediencia a Elohim. La paz que el hombre construye no es la paz que YHVH instruye. Para el hombre, la paz es invariablemente el resultado de dos cosas: guerra o tratado. En la guerra al menos sabemos que uno gana y el otro pierde. Pero ahora, más que nunca, el hombre busca la paz comprometiendo sus valores, cediendo sus derechos, desobedeciendo a Elohim. Esa no es la paz de la que YHVH habla en Su Torah. Su paz es absoluta, no involucra concesiones ni transige, Su paz proviene de la elección libre del hombre de elegir servir a Elohim como Él lo exige, y nada más. Israel no vio nada malo en acercarse y mezclarse con los pueblos que habitaban Canaán. No vio nada malo en buscar la paz con sus vecinos a su manera, participando de sus festivales y costumbres, dando respeto a sus creencias y falsos dioses y como resultado, disfrutar de una aparente paz, que tarde o temprano terminaría en guerra, ya que era una paz creada por el hombre y no reflejaba para nada la paz y prosperidad que Elohim tenía para Su pueblo. Los matrimonios entre hebreos y cananeos se convirtieron en pan de cada día, con poca resistencia, creyendo que era algo bueno. Israel estaba ciego y no aceptaba que estaba quebrantando la Torah de YHVH. Se sentían bien con su habilidad para lidiar con sus vecinos basados en su propia moral sin la dirección de Elohim. Pero el problema de Israel no terminó ahí, ha continuado y está rampante en el pueblo de Elohim hoy tanto como entonces. Su pueblo sigue transigiendo con el sistema, participando de sus festividades y costumbres, viendo sus dioses como algo normal y tolerable de lo que no tienen que separarse. El movimiento de la Interfe está de moda y hay que seguirlo. El dicho es: “Todos los caminos van a Roma”, seguro que sí, pero “no todos los caminos van a Jerusalén”.
Cuando hablamos del Pacto entre Elohim y su pueblo, no hablamos de un acuerdo formal, legal, sino de un Pacto basado en el amor. El pacto entre YHVH y Su pueblo es considerado como un matrimonio con votos y promesas, basado en el amor y compromiso mutuo. Esta relación de pacto, se renueva diariamente observando la Torah, obedeciendo los mandamientos y nutriéndose a través de la comunión entre las partes. YHVH y su pueblo deben pasar tiempo el uno con el otro diariamente como cualquier matrimonio, donde la comunión diaria fortalece la relación. Lo hacemos a través de la alabanza, adoración, oración, estudio de la Torah y tiempo de intimidad con nuestro Amado. “Como el gozo del esposo con la esposa, así se gozará contigo el Elohim tuyo” – Isaías 62:5. Estamos llamados a ser una esposa fiel, a guardar lo votos y a separarnos para nuestro esposo. El nos ha dado todas las instrucciones (Torah) necesarias para vivir una vida agradable delante de El, y para que nos preparemos para Su regreso. “El Ruaj y la esposa dicen ven” – Apocalipsis 22:17.
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