“Pero acerca del amor fraternal no tenéis necesidad de que os escriba, porque vosotros mismos habéis aprendido de YHVH que os améis unos a otros” (1 Tesalonicenses 4:9)
Nuestra cultura pone a las personas exitosas en pedestales. Ya sean atletas, artistas, políticos etc., Si analizamos la vida de estos personajes, su éxito incorpora elementos como determinación, tenacidad, fuerza de voluntad, y/o azar. Pero así no es como YHVH ve el éxito. El éxito para nosotros proviene de una actitud que difiere de los demás, especialmente cuando se trata del trato a los más débiles. Estamos llamados a ser como nuestro Maestro -Yahushua. A manifestar el amor, la compasión y la misericordia los unos hacia los otros sin importar el estatus, posición económica, educación o éxito. Nadie es más exitoso que otro en el Reino de YHVH, nadie es exitoso espiritual y a nadie debemos poner en pedestales. YHVH nos ha dado a todos la libertad para explorar las profundidades de Su amor y buscar Su plan para nuestras vidas. Necesitamos desafiar constantemente nuestras propias presunciones de espiritualidad, y permitir que YHVH transforme nuestros corazones con Su amor.
“Y te acordaras de todo el camino por donde te ha traído YHVH tu Elohim estos 40 años en el desierto, para hacerte humilde, para probarte, para saber lo que había en tu corazón, si habías de guardar o no sus mandamientos” (Deuteronomio 8:2)
El desierto que cruzo Israel era totalmente lo opuesto a la tierra que YHVH les había prometido. Les había prometido una tierra que fluía leche y miel, pero en el desierto no tenían ni agua. Sin embargo, fue en este viaje, a través de una tierra contraria a las promesas, donde aprendieron a confiar en la provisión divina, a conocer la justicia de Sus caminos, donde recibieron instrucciones que les restauraría su identidad como pueblo de YHVH, y donde construyeron una morada para que el Elohim del Universo morara en medio de ellos. El desierto es duro, pero para nosotros es esencial y puede ser el lugar más glorioso de comunión, donde podemos conocer el corazón del Padre que es nuestra verdadera herencia. Por lo tanto, nuestro objetivo principal siempre deber ser mayor que simplemente poseer las promesas: debe ser conocer a YHVH, adorarlo y servirle en todo y con todo nuestro ser.
“Y estas cosas les acontecieron como ejemplo, y están escritas para amonestarnos a nosotros, a quienes han alcanzado los fines de los siglos” (1 Corintios 10:11)
Cuando naces no es el cumplimiento de tu vida, sino el comienzo. Del mismo modo cuando entras en una relación de pacto con YHVH, no es el cumplimiento de tu llamado, sino el comienzo de un glorioso viaje. No hay vida más emocionante, más satisfactoria, más maravillosa, que la vida en la Torah. YHVH no llamo a Israel solo para sacarlos de Egipto, sino para guiarlos a su herencia. Israel tenía una tierra prometida muy específica, y nosotros también. La experiencia de Israel es un mapa profético, un modelo, tanto de nuestro viaje como de nuestra herencia. Del mismo modo, YHVH no solo nos salvó para llevarnos al cielo, sino para que podamos ser una nación santa en medio de un mundo en caos, un pueblo que testifique de Su gloria y poder, que le muestre al mundo el mejor camino, el camino de YHVH. Estamos llamados a ser testigos del poder y la gloria del Reino de YHVH viviendo en él, hoy y ahora.
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