“Con amargura de alma oro a YHVH, y lloro abundantemente… si te dignares mirar a la aflicción de tu sierva… y no te olvidares de tu sierva, sino que le dieres a tu sierva un hijo… yo lo dedicare a YHVH todos los días de su vida” (1 Samuel 1:10-11)
Si algo podemos aprender de este pasaje, es que la oración funciona. No fue una oración rutinaria – gracias por lo que me das o necesito esto y aquello, amen – Ana estaba desesperada por ver a YHVH obrar en su vida. Sabia que YHVH era justo y que era su única esperanza. Ana vivía en una época en la que Israel prácticamente había abandonado el Tabernáculo y tenían a YHVH como la solución del momento. Pero Ana se levanto y busco al Único que podía darle el anhelo de su corazón. Y no paro ahí, Ana no solo clamo por su bendición, sino que se comprometió a devolverle esa bendición al Señor. Durante estos días de oración contando nuestro camino hacia Shavuot, propongamos buscar a YHVH como Ana, con todo nuestro corazón, intensamente, seguros de que YHVH escuchara y actuara.
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