Según los sabios hebreos, hay dos éxodos: 1. El éxodo del exilio de Egipto y 2. El éxodo final de las naciones. El primer éxodo tuvo 42 paradas que tienen mucho significado para el pueblo judío. Es la salida de Egipto a la tierra prometida, la salida a la libertad después de una esclavitud de cuatrocientos treinta años. Esclavitud física y espiritual porque el éxodo también significa el nuevo nacimiento pasando por el desierto de la vida hasta la tierra prometida o encuentro final con el Creador. Ellos analizan la vida basados en estos 42 pasos. “Estas son las jornadas de los hijos de Israel” – según ellos, esto se refiere a los cuatro exilios que el pueblo ha vivido – Grecia, Babilonia, Persia y Roma que es el exilio actual. Dicen que en el tiempo final cuando las tribus sean reunidas, estas 42 paradas se llevarán a cabo de nuevo. Cada jornada o parada del éxodo es una oportunidad de reparar o hacer un ajuste espiritual en la vida. Así como la salida de Egipto fue un asunto de vida o muerte, cada jornada es un asunto de crecer y seguir el camino, o rechazar la enseñanza y morir en el desierto. Toda aquella generación que salió de Egipto y rechazo la mano de YHVH en su vida, rebelándose contra YHVH constantemente, no llego, todos ellos murieron en el desierto. Las 42 paradas, no solo fueron paradas físicas, sino paradas espirituales donde tenemos la oportunidad de crecer.
Cuando la tradición usurpa la Escritura, ¿quién tiene la última palabra en tu corazón? Es una pregunta vital que todos debemos responder, porque ella revela donde está nuestra lealtad. ¿Nos mantenemos fieles a la verdad, así se levante el infierno, o modificamos nuestra fe para acomodarla a la mente y pensamiento secular occidental? ¿Viviremos de TODA palabra que salga de la boca de YHVH sin importar el costo, o nos uniremos a la multitud que sigue un líder que adapta la Escritura para que encaje en la tradición y pensamiento religioso moderno? ¿Nos mantenemos fieles a la Torah, o edificamos nuestra fe en arena filosófica o aún opinión teológica? ¿Aceptamos la revelación de Ruaj Hakoddesh o aceptamos las interpretaciones de hombres falibles como Orígenes, Platón o Clemente considerados padres de la iglesia por el cristianismo? Cuando se hacen leyes que demandan obediencia a un poder religioso que hace que la obediencia a YHVH y Su Torah, sea vista como rebelión, ¿permitiremos que el temor a ser malinterpretados, o llevados a juicio o castigados, nuble nuestra razón? Muchos no tendrán que enfrentar dicha presión porque han sometido su destino al liderazgo de la iglesia, antes que se presente la prueba. Cuando se levante la guerra y mi fe en Yahushua y en la Torah sea motivo de persecución, recordemos que: “El perfecto amor echa fuera el temor”. Nuestra fe no es negociable. Muchos profesan conocer a Elohim, pero con los hechos lo niegan.
La fiesta de los Primeros Frutos o Primicias se celebra para agradecer a Elohim por Su bondad al proveernos de alimento y por las primeras cosechas del año. También es el día en que se empieza la cuenta del Omer que nos llevará a la Fiesta de Shavuot – Pentecostés – al final de los cincuenta días. Como todas las demás fiestas, la Fiesta de la Primicias juega un papel importante en el plan de redención que YHVH diseño para Su pueblo. Nosotros como creyentes en el Mesías celebramos la Fiesta, conmemorando su cumplimiento profético en la Resurrección de nuestro Adonai – “Mas ahora el Mesías ha resucitado de los muertos; primicias de los que durmieron es hecho” – 1 Corintios 15:20. Yahushua resucito y fue primicia para Elohim y abrió el camino para nuestra resurrección – “Pero cada uno en su debido orden: El Mesías, las primicias; luego los que son del Mesías, en su venida” “Porque por cuanto la muerte entró por un hombre, también por un hombre la resurrección de los muertos. Porque así como en Adán todos mueren, también en el Mesías todos serán vivificados” – 1 Corintios 15:21-23. La ofrenda que Yahushua le hizo a Elohim fue los primeros frutos de la cosecha – Mateo 27:52-53, pero solo fueron los primeros, la cosecha continua. Tú y yo somos cosecha para YHVH.
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