Vale la pena repetirlo: nuestro destino eterno es una elección que YHVH ha dejado a nuestra discreción – a cada uno individualmente. Pero, nuestro papel o función dentro de la familia de la fe, una vez que hemos entrado en los vínculos del Pacto con YHVH, y hemos sido injertados y hechos parte del pueblo de YHVH, sigue siendo una prerrogativa divina. Todos recibimos talentos – habilidades que debemos desarrollar para la gloria de Elohim y para el crecimiento del cuerpo del Mesías, que somos todos nosotros. Ahora, no todos recibimos los mismos talentos, unos reciben diez, otros cinco, etc., y no es una vergüenza el ser menos talentoso, sino el no estar dispuesto a usar el talento recibido. La construcción del Tabernáculo, nos provee una clara demostración de este principio. Se necesitó de una gran variedad de expertos para hacer todo el trabajo del Tabernáculo, sus utensilios, las vestiduras de los sacerdotes, etc., y todos trabajaron en armonía por un objetivo común, según el Plan Maestro del Creador. Pablo usa una metáfora diferente – el cuerpo del Mesías – para mostrarnos lo mismo. Pero, aunque estamos unidos en propósito y destino, somos bien diferentes en cuanto a la función o habilidad. YHVH le ha asignado a cada uno de Sus hijos una labor. En la obra del Tabernáculo, unos cortaban madera, otros con esa madera, fabricaban los muebles para el Tabernáculo, otros los cubrían con oro. Nadie lo hacía todo, ni siquiera los expertos, nadie trabajaba para sí. Esto nos enseña que en el Reino de Elohim no hay “llaneros solitarios” y que todo lo que hacemos afecta la vida de otros y la obra que se está haciendo, por consiguiente debemos recordar que el amor exige que hagamos lo mejor para la gloria de Elohim. Hacer las cosas bien paga, siempre vamos a ser útiles. Pero si paramos de aprender, corremos el riesgo de volvernos obsoletos en la obra. El orgullo no tiene lugar en nuestra vida, todos cometemos errores y debemos aprender de ellos, nadie vive en el eterno éxito, es la forma como manejamos las crisis que definen nuestro carácter. YHVH quiere piezas valiosas, pulidas en las tormentas para Su Templo.
Confesar que se cree en Yahushua simplemente, no es suficiente para testificar si el espíritu es de Elohim o no. Mateo 7:21-23 – “No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos. Muchos me dirán en aquel día: Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros? Y entonces les declarare: Nunca os conocí; apartaos de mí, hacedores de maldad”. La palabra maldad o iniquidad es la palabra griega # 458 = anomia = violar la Torah/Pacto, por consiguiente hacer maldad, es violar la Torah o el Pacto. 1 Juan 3:4 – “Todo aquel que comete pecado, infringe también la Torah; pues el pecado es infracción de la Torah”. Entonces, ¿cómo puede una persona que viola la Torah ser un profeta o maestro de Elohim? ¿Se revela Elohim a tal persona, o escucha su oración? Proverbios 28:9 – “El que aparta su oído para no oír la Torah, su oración también es abominable”. La mayoría de la gente tiene bien definido lo que considera maldad y pecado, y violar la Torah no creo que esté en su lista, primero porque están convencidos que fue abolida, entonces, ¿cómo pueden violar algo que no existe?, y segundo, porque muchos no la conocen y si la conocen no le dan importancia, ya que todo lo que está escrito en el Tanaj (Antiguo Testamento) no aplica para los que están bajo la gracia. Éxodo 20:1-17 enuncia los 10 mandamientos ¿cree que fueron abolidos? Ellos son Torah de Elohim y uno de ellos es: “Acuérdate del día de reposo para santificarlo. Seis días trabajaras, y harás toda tu obra; mas el séptimo día es reposo para YHVH tu Elohim…”. Si contamos siete, empezando con el primer día que es domingo, indudablemente llegamos al sábado. ¿Cree que no santificar el séptimo día es violar la Torah? Es uno de los 10 Mandamientos. Ahora si usted cree que la Torah fue abolida (en ella están los 10 Mandamientos), entonces matar, adulterar, robar, fornicar, tener ídolos, etc. no es pecado. “Procura con diligencia presentarte a Elohim aprobado, como obrero que no tiene de qué avergonzarse, que usa bien la palabra de verdad (Torah)” – 2 Timoteo 2:15.
Hay dos tipos de ceguera. La ceguera física y la espiritual. Se dice que el ciego físico, desarrolla sus otros sentidos de forma extraordinaria y aprende a ver palpando, oliendo, sintiendo. Son sensibles, ven mas allá de lo que ve una persona con vista normal. Pero el ciego espiritual por alguna razón desconocida en vez de desarrollar su sensibilidad, se embrutecen y su ceguera se vuelve cada vez mas tenebrosa, e irracional. Yahushua dijo: “el que me sigue no andará en tinieblas” – Juan 8:12. El problema es como hacer que el ciego espiritual busque la luz, cuando la misma Escritura dice: “los hombres amaron más las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas” – Juan 3:19. Solo el Ruaj (Espíritu) puede redargüir al hombre y llevarlo a la Luz (Yahushua), nuestra labor es orar para que todos aquellos que amamos y están en tinieblas lleguen a la luz. Desafortunadamente aparte de los tropiezos normales del sistema, la religión muchas veces en vez de sacar al hombre de las tinieblas, pone tropiezos y lo encierra más y más en la oscuridad y desconocimiento de la verdad. El humanismo en el que muchas denominaciones están cayendo, es un tropiezo peligrosísimo, doctrinas de prosperidad y falsas expectativas que llevan a la gente a buscar a Elohim por bienestar material y físico, no para ser libres de la ceguera espiritual. Cuando Yahushua vino al mundo, encontró que el pueblo era llevado como ovejas al matadero por líderes que solo sabían poner tropiezo y cargas pesadas sobre el pueblo y los denuncia duramente: “Guías ciego… recorréis mar y tierra para hacer un prosélito, y una vez hecho, le hacéis dos veces más hijo del infierno que vosotros” – Mateo 23:24 y 15. Busquemos la luz, no pongamos tropiezo ni permitamos que lo pongan en nosotros, Yahushua es la luz y en El no hay tropiezo. “Yo, la luz, he venido al mundo, para que todo aquel que cree en mí, no permanezca en tinieblas” – Juan 12:46. La atadura que una enseñanza errónea fuera de la Torah, desarrolla en el hombre es tan fuerte, que se dice que es más fácil llevar a un ateo al conocimiento de la verdad, que sacar a un religioso de la atadura a la cual ha sido esclavizado. “El entendimiento de ellos se embotó; porque hasta el día de hoy, cuando leen el Tanaj, les queda el mismo velo no descubierto, el cual por el Mesías es quitado” – 2 Corintios 3:14.
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