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Gota de Amor - Abril 16/2015

“En aquel día, dice YHVH de los ejércitos, yo quebraré su yugo de tu cuello, y romperé tus coyundas, y extranjeros no lo volverán más a poner en servidumbre” (Jeremías 30:8)

 

No es fácil vencer dificultades. A través de los cuarenta años que Israel pasó en el desierto, tuvo que enfrentar muchos problemas y la mayoría de las veces, quiso resolverlos regresando a su lugar de esclavitud. A veces nos preguntamos, ¿cómo un pueblo libre quiso tantas veces volver a ser esclavo? No es nada diferente a nosotros hoy. A veces la lucha por seguir adelante, parece más difícil que el regresar al área no deseada. Esa es la codependencia, muchos permanecen en relaciones incomodas e indeseadas, porque son dependientes de la persona que les maltrata y deshonra. El miedo al futuro, les hace permanecer ahí. Cuando no se desarrolla una fe genuina, basada en la Torah y en la obra redentora del Mesías, el temor es el sentimiento que maneja la vida. Existe codependencia entre esposos, entre empleador y empleado y lo peor, existe codependencia entre líderes espirituales manipuladores y la gente en su congregación. El miedo a ver más allá de las supuestas iluminadas enseñanzas del líder, hace del pueblo de Elohim, un pueblo esclavo. Creen ser libres, pero tienen un yugo denominacional pegado a su cuello. “Por tanto, así ha dicho YHVH Elohim de Israel a los pastores que apacientan mi pueblo: vosotros dispersasteis mis ovejas, y las espantasteis, y no las habéis cuidado. He aquí que yo castigo la maldad de vuestras obras, dice YHVH” – Jeremías 23:2. Pero YHVH ha prometido romper su yugo de tu cuello, busca la verdad, busca la Torah, busca las raíces hebreas de tu fe, busca a Yahushua como el rabino judío que murió y abrió el camino al Padre por ti. No es el mismo que las religiones te presentan vestido de túnica greco-romana. José no pudo ser conocido por sus hermanos cuando llegaron a Egipto, porque estaba vestido de egipcio, no debe extrañarnos porque el pueblo judío hoy en día no acepta al Mesías que le presenta el cristianismo, vestido como occidental hasta con nombre cambiado. Quienes aceptamos al Mesías como nuestro salvador, somos el pueblo de Elohim, somos Israel, judíos y gentiles injertados, pero todos siguiendo un mismo Salvador, Yahushua el Mesías y un mismo Padre, YHVH de los ejército.

 

Gota de Amor - Abril 15/2015

“YHVH peleará por vosotros, y vosotros estaréis tranquilos” “Tu pleito yo lo defenderé, y yo salvaré a tus hijos” (Éxodo 14:14 e Isaías 49:25)

 

Desde el comienzo en el libro de Génesis, vemos la guerra como un patrón humano que continua a lo largo hasta el libro de Apocalipsis donde la batalla final entre el bien y el mal, está profetizada. Israel aprendió lecciones fuertes en las guerras. Vio que cuando salía a la guerra guiado por Elohim, tenían la victoria segura, mas cuando salían a pelear en sus propias fuerzas eran derrotados. Las guerras peleadas bajo la guía de YHVH, eran guerras santas cuyo único propósito eran de establecer a Israel en la Tierra Prometida, protegerlos contra las invasiones extranjeras y promover la justicia y rectitud. Uno de los requisitos, era que el pueblo debía purificarse – “Cuando salieres a campaña contra tus enemigos, te guardarás de toda cosa mala… Porque YHVH tu Elohim anda en medio de tu campamento, para librarte y para entregar a tus enemigos delante de ti… “ – Deuteronomio 23:9-14). Tanto el pueblo como su causa, debía ser santa. Elohim solo pelearía en una batalla santa y justa. Los parámetros de YHVH no han cambiado. En los últimos tiempos, peleará de nuevo por su pueblo y el propósito será el mismo: establecerlo en la Tierra prometida, defenderlo de invasión extranjera y establecer un reino de rectitud y justicia. Pero mientras está guerra final llega, tenemos batallas que pelear y si queremos que Elohim pelee por nosotros, debemos separarnos, ser kaddosh para Él, y que tanto nuestra vida como la causa sea santa.

 

Gota de Amor - Abril 14/2015

“Al mandato de YHVH los hijos de Israel partían, y al mandato de YHVH acampaban; todos los días que la nube estaba sobre el Tabernáculo, permanecían acampados” (Números 9:18)

 

Según los sabios hebreos, hay dos éxodos: 1. El éxodo del exilio de Egipto y 2. El éxodo final de las naciones.  El primer éxodo tuvo 42 paradas que tienen mucho significado para el pueblo judío.  Es la salida de Egipto a la tierra prometida, la salida a la libertad después de una esclavitud de cuatrocientos treinta años.  Esclavitud física y espiritual porque el éxodo también significa el nuevo nacimiento pasando por el desierto de la vida hasta la tierra prometida o encuentro final con el Creador.  Ellos analizan la vida basados en estos 42 pasos.  “Estas son las jornadas de los hijos de Israel” – según ellos, esto se refiere a los cuatro exilios que el pueblo ha vivido – Grecia, Babilonia, Persia y Roma que es el exilio actual.  Dicen que en el tiempo final cuando las tribus sean reunidas, estas 42 paradas se llevarán a cabo de nuevo.  Cada jornada o parada del éxodo es una oportunidad de reparar o hacer un ajuste espiritual en la vida. Así como la salida de Egipto fue un asunto de vida o muerte, cada jornada es un asunto de crecer y seguir el camino, o rechazar la enseñanza y morir en el desierto.  Toda aquella generación que salió de Egipto y rechazo la mano de YHVH en su vida, rebelándose contra YHVH constantemente, no llego, todos ellos murieron en el desierto. Las 42 paradas, no solo fueron paradas físicas, sino paradas espirituales donde tenemos la oportunidad de crecer.

 

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