Aquí podemos ver como los ladrillos de Egipto continuaban pintando el cuadro de mezclar los caminos de Elohim con los caminos del hombre. Los ladrillos hechos por el hombre y formados mezclando barro con paja y agua, se deterioran y colapsan con el tiempo. Cuando empiezan a deteriorarse, los albañiles o constructores usan los métodos más modernos para ponerle parches y remendarlos. Una construcción de piedra sin embargo, permanece firme con el tiempo, y mientras la construcción de ladrillo se derrumba, la de roca sigue en pie. Porque, “si fueren destruidos los fundamentos, ¿qué ha de hacer el justo? – Salmo 11:3. El Padre Eterno, ha mantenido Su fundamento (Torah) hasta hoy, nada de lo que salió de Su boca para Su pueblo ha cambiado, el hombre podrá seguir poniéndole parches a su doctrina hasta que un día toda esa estructura colapse y solo permanezca lo que ha sido construido sobre la Roca desde el principio. Para el hombre siempre ha sido de suma importancia el tener un nombre, algo que lo identifique como él quiere, como lo obtenga, carece de importancia, solo quiere el nombre. “Nosotras comeremos nuestro pan, y nos vestiremos de nuestra propia ropas; solamente permítenos llevar tu nombre, quita nuestro oprobio” – Isaías 4:1. Igual que antes, el hombre sigue comiendo su propia doctrina, vistiéndose se su propia justicia, pero quiere llevar el nombre del Mesías. Elohim tuvo que destruir la torre de Babel, y vendrá de nuevo y destruirá toda la infraestructura religiosa que el hombre ha creado y limpiará Su nombre.
Esta es la verdadera libertad, la libertad que solo se encuentra caminando en el Espíritu, en la Torah, haciendo las cosas que le agradan a Elohim, obedeciendo sus instrucciones, mandamientos y preceptos (Torah). Yahushua es nuestro ejemplo. El caminó en total obediencia y sujeción al Padre y por eso Elohim le dio el poder de hacer libre a todo aquel que llegue a Él. El es esa verdad que nos hace libres, El es la imagen del Elohim invisible que a través de Su Espíritu viene a morar en nosotros y a enseñarnos a caminar paso a paso en Sus caminos. Así como Yahushua cuando vivió en este mundo, nosotros como participantes de Su naturaleza, Su vida, y teniendo el Ruaj morando en nosotros, estamos llamados a caminar paso a paso en total obediencia al Padre. Cuando Israel acampaba en el desierto, tenía que mirar constantemente a la nube o a la columna de fuego para moverse. Ellos no hacían planes acerca de mañana o el próximo año, ellos solo esperaban dirección de lo alto para actuar. Usted dirá que eso no es libertad, pero esa es la verdadera libertad, la libertad de vivir bajo la nube y la columna de fuego, guiándonos a nuestro verdadero destino. Nadie sabe que le depara el futuro, que será el mañana, solo Elohim, quien nos creo para su gloria y alabanza conoce hasta el último detalle de nuestra existencia. Conocer la verdad es conocer al Mesías y obedecer la Torah.
El hombre va hasta el fin del mundo, buscando conocer la verdad, para encontrar la razón de ser, para entender el por qué nació, por qué está aquí. Busca en cientos de dioses diferentes, comida para su alma, luz para su espíritu, investiga, experimenta, y por lo regular vuelve a quedar tan hambriento y sediento como cuando empezó y en los momentos duros de su vida, no tiene a quien ir. Yahushua dijo: “venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar” (Mateo 11:28). Cuando pasamos por situaciones difíciles, enfermedades, tragedias, pérdidas insoportables que nos rompen el corazón y donde ni siquiera aquellos más cercanos pueden ayudarnos a soportar el dolor, conocer a Yahushua y su gran amor, saber que El nos sostiene, nos da descanso y calma nuestro dolor por medio del Ruaj (Espíritu Santo), es la esperanza más bella de todo creyente. Por lo regular son esos momentos, esas espinas en el corazón, las que dan paso a los momentos más bellos en comunión con nuestro Padre Celestial, son los que maduran nuestro carácter y dulcifican nuestro espíritu, son los que nos permiten ver la gloria de Elohim en todo su esplendor, restaurándonos y poniéndonos en pie de nuevo. ¿A quién iremos? ¿A dónde se va cuando ya no hay a donde ir? A Yahushua, el conoce tu dolor y sólo el, sabe como sanarlo.
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