“Cuando salgas a la Guerra contra tus enemigos, si vieres caballos y carros, y un pueblo más grande que tú, no tengas temor de ellos, porque YHVH tu Elohim está contigo, el cual te sacó de tierra de Egipto” (Deuteronomio 20:1)
YHVH tuvo a Israel por cerca de un año acampando al pie del Monte Sinaí, donde lo preparó para su destino. Allí les dio la Torah, les dio estructura, jerarquía, los organizó no solo para acampar alrededor de Su gloria, sino para marchar en el momento que fuera necesario cambiar de escenario. No dejo cabo suelto, nada quedo a decisión del hombre. A partir del Sinaí, todo sería manejado por YHVH e Israel caminaría por el desierto como el pueblo de YHVH llevado de Su mano. Para que exista una nación, debe haber: una tierra, un pueblo y una constitución. Desde el llamamiento de Abraham, YHVH estaba preparando al pueblo. La tierra ya existía y ahora necesitaba quien la habitara en Su nombre. En el Monte les da la constitución y ahora Israel debía llegar a la tierra y pelear por ella. YHVH se las da como promesa e Israel debía tomar posesión de ella. YHVH advierte al pueblo de que habría guerras, que encontrarían enemigos, pero que en esos momentos recordarán que YHVH estaba con ellos. Hemos aprendido que el viaje de Israel por el desierto es el modelo de nuestro peregrinaje por el mundo, camino a Canaan. Encontramos enemigos, peleamos batallas, aprendemos lecciones en cada parada, y sabemos que YHVH está a nuestro lado llevándonos de Su mano. YHVH nos pide al igual que lo hizo con Israel, no hacer concesiones ni mezclarnos con el enemigo (sistema). Mantenernos separados para El, mantener nuestra identidad como pueblo de YHVH obedeciendo Su Torah y cumpliendo con nuestro llamamiento de mostrarle al mundo Su gloria y llevar a muchos a Su conocimiento.
“Y yo también te digo, que tú eres Pedro, y sobre esta roca edificare mi iglesia; y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella” (Mateo 16:18)
Esta es una escritura bastante mal interpretada, especialmente por la iglesia católica para sostener la doctrina no Bíblica de los papas como sucesores de Pedro. Pero también algunas iglesias protestantes la usan para apoyar la doctrina de que la iglesia es una entidad nueva, separada de Israel y que empezó en Pentecostés. Mateo 16:13-20 narra un dialogo que sostuvo Yahushua con sus discípulos acerca de que decía la gente quien era El y que creían ellos, y Pedro inspirado por el Ruaj HaKoddesh (Espíritu Santo) declara: “Tú eres el Mesías, el Hijo del Elohim viviente”. Yahshua confirma la confesión de Pedro y dice “sobre esta roca edificare mi iglesia”. Los expositores protestantes están de acuerdo en que la “roca” es Yahushua, pero no están muy seguros sobre lo que quiere decir “edificar”. El verbo griego “oikodomeo, traducido como “construir/edificar” en Mateo 16:18, también significa: volver a construir – restaurar – renovar un edificio que esta decaído o destruido. Con estas definiciones en mente, es más fácil responder a la pregunta de si la iglesia es una entidad nueva. ¿Empezó Yahushua algo nuevo o restauró / fortaleció algo que ya existía? Y si ya existía ¿qué era? Isaías 49:5-6 “Ahora pues, dice YHWH, el que me formó desde el vientre para ser su siervo, para hacer volver a él a Jacob y para congregarle a Israel… dice: Poco es para mí que tú seas mi siervo para levantar las tribus de Jacob, y para que restaures el remanente de Israel; también te di por luz de las naciones, para que seas mi salvación (Yahushua) hasta lo postrero de la tierra”. La profecía habla de Yahushua restaurando a Israel y como parte directa de esa restauración, la salvación de Elohim irá a todas las naciones. No hay ninguna profecía explicita en el Tanaj concerniente al Mesías empezando una entidad nueva. Ahora, el cristianismo evangélico enseña que la “iglesia” nació en Pentecostés. “Así que, los que recibieron su palabra fueron bautizados; y se añadieron aquel día como tres mil personas” – Hechos 2:41. No se añade nada a algo que se está empezando, se añade a algo que ya existe, además, Pedro no predicó diciendo: “estamos empezando la iglesia” sino “este Yahushua a quien vosotros crucificasteis, Elohim le ha hecho Adonai y Mesías” y explicó que lo que estaba pasando ese día, había sido profetizado por Joel y los llama a arrepentirse y a aceptar al Mesías. ¡Shabbat Shalom!
“De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el Reino de Elohim… ¿Cómo puede hacerse esto?... ¿Eres tu maestro de Israel y no sabes esto? (Juan 3:5, 9-10)
Esta conversación fue entre Yahushua y Nicodemo – “Había un hombre de los fariseos que se llamaba Nicodemo, un principal entre los judíos” – Juan 3:1. Nicodemo no era un hombre común y corriente. Ser fariseo significaba que a la edad de 20 años sabía la Torah de memoria, además era un principal entre los judíos. Los fariseos en la época de Yahushua habían usurpado la “silla de Moisés”, es decir: el derecho que tenía el sacerdote de ensañar la Torah, y habían añadido cientos de “halaka”, leyes rabínicas y tradición oral a las que daban más importancia que a la Torah. Yahushua le contesta a Nicodemo citándole un principio rabínico que dice que; “un prosélito es como un niño recién nacido”. Por eso cuando Nicodemo le pregunta ¿cómo puede ser eso? La respuesta de Yahushua es clara -- ¿Eres maestro de Israel y no lo sabes? Como maestro de Israel, debía conocer el principio. Luego Yahushua prosigue diciéndole que debe nacer de agua y del Espíritu, haciendo referencia al pasaje de Ezequiel 36:24-26 – “Y yo os tomaré de las naciones, y os recogeré de todas las tierras, y os traeré a vuestro país. Esparciré sobre vosotros agua limpia, y seréis limpiados de todas vuestras inmundicias; y de todos vuestros ídolos os limpiaré. Os daré un corazón nuevo, y pondré espíritu nuevo dentro de vosotros; y quitaré de vuestra carne el corazón de piedra, y os daré un corazón de carne. Y pondré dentro de vosotros mi Espíritu, y haré que andéis en mis estatutos, y guardéis mis preceptos, y los pongáis por obra”. Como maestro de Israel, Nicodemo también debía conocer esta Escritura. Para entrar al Reino hay que estar limpio del sistema y sus ídolos, y hay que vivir la renovación del corazón donde la Torah de Elohim es escrita en nuestro corazón para mostrarnos el camino. “He aquí que vienen días, dice Elohim, en los cuales haré nuevo pacto con la casa de Israel y la casa de Judá… Pero este es el pacto que haré con la casa de Israel después de aquellos días, dice Elohim: Daré mi Torah en su mente, y la escribirá en su corazón, y yo seré a ellos por Elohim, y ellos me serán por pueblo” – Jeremías 31:31 y 33. Este es el nuevo nacimiento, este es el nuevo pacto. La Torah es la misma, lo que cambia es el corazón del hombre.
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