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Gota de Amor - Mayo 7/2016

“Y te acordarás de todo el camino por donde te ha traído YHVH tu Elohim estos cuarenta años en el desierto”  (Deuteronomio 8:2)

 

La Escritura continua: “… para afligirte, para probarte, para saber lo que había en tu corazón, si habías de guardar o no sus mandamientos”.  Elohim le recuerda constantemente a los Israelitas, su viaje por el desierto, de cómo dependían totalmente de Él, no quiere que lo olviden, quiere que mantengan sus ojos puestos en él.  En el desierto es donde nos damos cuanta verdaderamente de que estamos hechos, todo lo que somos sale a la luz.  Es allí donde sabemos si de verdad nuestro corazón le pertenece a YHVH o no, si lo obedeceremos a pesar de las circunstancias, de la aridez, de la sequía, de la aparente desolación, es allí donde tomamos las decisiones más importantes de nuestra vida, es allí donde decidimos confiar en YHVH o seguir nuestro propio camino.  Elohim le prometió al pueblo ciertas cosas si ellos obedecían sus mandamientos.  Por cuarenta años: su vestido no se envejeció, ni sus pies se hincharon.  Les prometió una tierra de arroyos, de fuentes de manantiales; tierra de trigo y cebada, de vides, higueras y granados; tierra de olivos, de aceite y de miel.  Tierra en la cual no comerían el pan con escasez, ni les faltaría nada en ella.  Pero también les recordó que: “no solo de pan vivirá el hombre, mas de todo lo que sale de la boca de YHVH vivirá el hombre”.   La tierra produce y todos, justo e injustos comemos de ella, pero solo aquellos que comen del pan verdadero, de la palabra, Torah de YHVH tiene la verdadera vida.  

 

 

Gota de Amor - Mayo 6/2016

“Entonces vino Amalec y peleó contra Israel en Refidim” (Éxodo 17:8)

 

Israel encuentra su primer enemigo en el desierto, tan pronto bebe del agua de la Roca.  Pero, no era un enemigo desconocido.  Amalec era hijo de Elifaz y nieto de Esaú, hermano de Jacob (Israel), quien cientos de años atrás había hecho una promesa – “Y aborreció Esaú a Jacob por la bendición con que su padre le había bendecido, y dijo en su corazón: Llegarán los días del luto de mi padre, y yo mataré a mi hermano Jacob” – Génesis 27:41.  Esaú es Edom, padre de los Edomitas – Génesis 36:43.  En otras palabras, Israel se encuentra con su viejo enemigo, su propio hermano, su propia carne.  Pelear con un enemigo conocido, sabiendo que YHVH está de nuestra parte, es una victoria segura.  Ese día Israel venció a Amalec y YHVH prometió: “di a Josué que raeré del todo la memoria de Amalec de debajo del cielo” – Éxodo 17:14.  Todos tenemos nuestro Amalec, todos tenemos nuestras luchas y de todas ellas nos librará YHVH si nuestra confianza está en El y no en nuestras propias fuerzas.  Israel venció no con sus fuerzas, no porque fueran expertos guerreros, sino porque la presencia de YHVH estaba en medio de ellos.  Israel acababa de beber del agua de la Roca, estaban fortalecidos y podían enfrentar a su enemigo.  Donde sea que YHVH nos lleve, como nos lleve y cuando nos lleve, debemos estar seguros que Su poder nos sostiene, Su sabiduría nos guía, Su amor nos guarda.  

 

Gota de Amor - Mayo 5/2016

“He aquí que yo estaré delante de ti allí sobre la peña de Horeb; y golpearás la peña, y saldrá de ella aguas, y beberá el pueblo” (Éxodo 17:6)

 

Ahora el pueblo se queda sin agua y ¿qué hace? Lo que sabe hacer muy bien – quejarse.  Moisés les hace dos preguntas: ¿Por qué altercáis conmigo? ¿Por qué tentáis a YHVH?  En otras palabras, el pueblo culpaba a Moisés y a YHVH de todo lo malo. ¿Le suena esto familiar?  Por supuesto, hoy en día YHVH es culpable de las inundaciones, terremotos, calentamiento global, de todos los desastres.  Desde la creación el hombre siempre ha buscado un chivo expiatoria a quién culpar de todo. ¿Qué le dijo Adán a Elohim en el huerto? “La mujer que me diste por compañera, me dio del árbol, y yo comí” – Génesis 3:12.  Es decir: si no me hubieras dado una compañera, no había tenido problema, fue tu culpa.  Igualmente el pueblo – “¿Por qué nos hiciste subir de Egipto para matarnos de sed?  Moisés pudo haberles dicho: ustedes clamaron a YHVH y El ha respondido – “El clamor, pues de los hijos de Israel ha vendido delante de mí” – Éxodo 3:9.  ¿Queremos que YHVH intervenga en nuestra vida?  Pues debemos aceptar que lo haga a Su manera, no a la nuestra.  YHVH sabía lo que el pueblo necesitaba, como sabe lo que necesitamos cada uno de nosotros en este momento. El pueblo necesitaba agua de la Roca.  “Todos bebieron la misma bebida espiritual; porque todos bebían de la Roca espiritual que los seguía, y la roca era el Mesías” – 1Corintios 10:4

 

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